Por: Alberto Gatgens.   4 septiembre

El café chorreado es nostalgia, calidez, recuerdos, añoranza de un pasado que siempre se recuerda mejor al lado del fogón, con los abuelos, en el campo. En un día de lluvia el aroma del café se cruza las rendijas del alma para que inhalemos hondo y capturemos, en un suspiro, el tiempo y la memoria. Y eso que no es el mejor método para hacer café.

Hay mejores técnicas de extraer los aceites que terminarán por definir los sabores y el cuerpo del café, como la prensa francesa o la vandola, que es un invento costarricense. ¿Cómo se llega a esta conclusión? Haciendo una prueba, una cata: con el mismo café se prueban los diferentes métodos y la diferencia es evidente: la vandola o la prensa francesa, para citar dos casos concretos, dan una taza más compleja, con más matices y cuerpos más densos.

A muchos costarricenses les gusta el café chorreado y por eso les presento este video, para extraerle lo mejor al chorreador. La temperatura del agua es uno de los más importantes cuidados que debemos tener, además de un buen juego de muñeca y, en especial, una pequeña dosis de paciencia. En las próximas semanas les entregaré más videos con otras técnicas de preparación.

La barista e instructora de Coopedota, Melina Fallas, nos explica las técnicas para sacarle el máximo partido al filtro de tela (la bolsa de chorrear) y al chorreador. Entre las instrucciones de Melina hay un elemento fundamental para hacer un buen café –chorreado o con máquina de espresso, da igual–: un café de buena calidad.

También le adelanto mis conclusiones de mi percepción de este café chorreado: fue una taza agradable, de cuerpo muy líquido, con una leve acidez, plano y sin sobresaltos. Es una taza que tomaría para el trámite, que cumple, pero que no enamora, a pesar de que se trata de un café de Dota, de muy buena calidad. Las pruebas de sabor, que en las próximas semanas se las compartiré aquí, no dejan lugar a dudas: lo mejor está por venir.

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