Ismael Cala. 25 mayo

El optimismo es una actitud de vida que se entrena diariamente. Las emociones, independiente de su naturaleza deben experimentarse pero también dejarse ir.

Muchas personas piensan que ser positivo es vivir en un estado perenne de alienación con respecto a la realidad, cuando es todo lo contrario: es entender que no somos nuestras circunstancias y que todo tarde o temprano se acaba.

Nuestro cerebro está programado para ver el peligro, y ante una situación de incertidumbre global, ser optimista es cuestión de aferrarse a pequeños hábitos que nos ayudarán a mejorar nuestro estado anímico.

1. ¡Baile!

Uno de los trucos que suelo aplicar cuando me siento apagado es buscar música alegre, que me haga querer moverme de mi asiento y olvidarme por unos minutos al día, de mis problemas. Una dosis de baile, de la música que le provoque, equivale a ejercitarse ya que hace que su cerebro libere dopamina.

Es lo maravilloso de tener nuestra propia farmacia interior.

2. Active sus sentidos con mindfulness

Otro truco maravilloso para mejorar nuestro estado de ánimo es enfocarse en nuestros cinco sentidos. Comienza uno por uno: primero, inicie con su vista, mire todo lo que le rodea, llénese de los colores. Encienda las luces si es necesario.

Ponga música agradable y encienda alguna vela aromática o utilice algún aceite de fragancia ambiental. Deje que su olfato, sus oídos y su tacto redescubran todo lo que le rodea.

Este es un ejercicio muy sencillo y que no le tomará más de 10 minutos. Permite que su cuerpo y cerebro se vuelvan a conectar en uno solo.

3. Haga donaciones o trabajo social

Otra manera de mejorar nuestro estado de ánimo es sintiéndonos útiles con los demás. Donar dinero, objetos en buen estado que ya no usemos o hacer trabajo social en nuestras comunidades nos llena de gratitud por poder ayudar a alguien que verdaderamente lo necesite. En muchos casos se dará cuenta que esta en una situación más favorable que otros, cuando hace apoyo social o un servicio.

4. Camine entre la naturaleza

Respirar aire fresco y utilizar esos minutos en soledad, lejos de nuestro espacio de trabajo o la casa, puede ser un gran aliciente en momentos donde la tristeza o la ira nos invaden.

Conectar con la naturaleza y poner nuestra mente en contemplación total con lo que el verdor que nos rodea, brinda calma y nos ayuda a pensar las cosas desde una perspectiva diferente.

Mi invitación es a aferrarse a esos pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia y ayudarnos a mejorar nuestro día. A veces una actividad simple que disfrutemos, nos puede ayudar a ver el vaso medio lleno.