Alberto Barrantes C.. 17 julio
El presupuesto para el curso lectivo 2019 es de ¢2,6 billones y el sistema educativo sigue arrastrando errores, en el que los más afectados son los estudiantes. Daria Nepriakhina.
El presupuesto para el curso lectivo 2019 es de ¢2,6 billones y el sistema educativo sigue arrastrando errores, en el que los más afectados son los estudiantes. Daria Nepriakhina.

Si en Costa Rica se invierten billones de colones en educación, hay que exigir resultados y evitar que la incontinencia verbal –tan presente en nuestras redes sociales y calles– termine por formar a una generación dominada por la torpeza, donde solo se habla sin escuchar, sin cuestionar, sin comprender lo que se lee y sin argumentar; donde las noticias falsas son tomadas como ciertas y son la razón suficiente para salir a manifestarse a las calles y exigir “cabezas”.

Según datos del Ministerio de Educación Pública el presupuesto para el curso lectivo 2019 es de ¢2,6 billones y el sistema educativo sigue arrastrando sus yerros, sin que haya quien se manifieste contra la mala ortografía, contra los malos resultados en comprensión de lectura, contra la deficiente capacidad de articular ideas y de resolver problemas matemáticos, contra la brecha social que se genera entre quienes tienen la oportunidad de asistir regularmente a la escuela y aquellos que descansan en casa, de manera “intermitente”, porque sus maestros abandonaron las aulas. Nadie levanta pancartas contra el docente mediocre o contra el acosador que reposan confiados en un sistema diseñado para que sea muy difícil sacarlos del salón de clase.

La incontinencia verbal es riesgosa en la medida que nos roba tiempo, muchas veces se alimenta de la ignorancia y suele invisibilizar temas urgentes sobre la calidad de educación que reciben niñas, niños y jóvenes.

La incontinencia verbal en redes sociales y en las calles, nos hace preocuparnos más por los “likes” que por los argumentos y es materia prima para distorsionar la realidad, para confundir y para hacernos repetir posiciones a favor y en contra sobre baños y drones.

Si realmente preocupa la calidad de la educación de Costa Rica y los resultados que se generan a partir de la inversión que hace el país, el diálogo y la acción oportuna han de ser las únicas herramientas posibles para generar alianzas entre aulas, hogares, el sector público y el privado.

Ante la incontinencia verbal que experimentamos diariamente en el entorno, se necesitan más discusiones y acciones sobre temas urgentes de lo que ocurre en las aulas; me atrevo a citar algunos:

  • El estado de ánimo de quienes educan y de los estudiantes, debido que la salud mental es crucial para definir el éxito o fracaso en los procesos de aprendizaje en las aulas. Enseñar sin alegría es una pérdida de tiempo; pero el desánimo no solo es culpa del docente. El sistema educativo tiene que actuar como tal para poder sacar la tarea adelante. 
  • La brecha entre el tipo de educación y las condiciones de infraestructura que reciben los estudiantes del valle Central y los que habitan en territorios indígenas, en las zonas costeras y minorías, que se traducen en falta de oportunidades, desigualdad y exclusión.
  • La necesidad de más y mejores estrategias de lectoescritura para evitar que la mitad de los estudiantes en Costa Rica (según  sigan aprobando primaria sin comprender lo que leen, con serios errores de ortografía y una pobre producción textual, que sigue su curso por secundaria y continúa así hasta la educación superior. 
  • Que las metodologías de enseñanza se ajusten a las demandas de este siglo, sin que predominen las actividades centradas en el docente o la técnica industrial de acomodar a toda una clase en filas. Nadie aprende observando la nuca del compañero. 
  • El desarrollo de habilidades como la colaboración, comunicación, conciencia social y cultural, liderazgo, educación financiera y un nuevo componente: el desarrollo de un coeficiente de inteligencia digital que revierta el mito de que en Internet no hay responsabilidad sobre lo que se dice y se hace. Educar con empatía y el uso de tecnologías con sentido, ya que los nuevos dispositivos no son un fin en sí mismo, sino herramientas para el aprendizaje. 
  • La labor del director en el centro educativo. El último Informe del Estado de la Educación anota que menos del 50% de los docentes manifiesta estar conforme con el trabajo que hace quien dirige su institución.
  • La falta de espacios para estimular la creatividad, las destrezas lingüísticas y el desarrollo de habilidades blandas en niñas, niños y jóvenes.  En Costa Rica, el 40% de escuelas no ofrece educación musical en su currículo y el 70% no ofrece las Artes Plásticas, según el último informe del Estado de la Educación.
  • El aumento en la cobertura de educación preescolar. 
  • El diseño de nuevas estrategias para fomentar una relación sólida entre familia y centro educativo, ya que provoca resultados positivos en los estudiantes: implica incidir en su motivación y su rendimiento, sin importar el nivel socioeconómico. 
  • La evaluación de la calidad de la educación superior: el 64% de ‘U’ privadas omite evaluar calidad de su oferta educativa. Ofrecer carreras universitarias sin someter a revisión los planes de estudio es un riesgo para los estudiantes y para el mercado laboral que recibe oferentes sin las habilidades básicas necesarias.

El verbo aprender es el resultado de hacer y de pensar sobre eso que se hace. Observemos a la escuela no como un objeto inerte al que asisten alumnos y profesores, sino como un ente dinámico, del cual todos formamos parte y somos capaces de incidir en su transformación.

Evitemos que la riesgosa incontinencia verbal termine por paralizarnos, en medio de la palabrería, los “likes” y el desinterés.

Cuénteme su opinión sobre el tema abajo en los comentarios, o bien, a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com, o en mi cuenta en Twitter (@albertobace).