Alberto Barrantes C.. 22 mayo
El trabajo coordinado entre casa y escuela disminuye el ausentismo e influye de forma positiva en el rendimiento académico de los niños.
El trabajo coordinado entre casa y escuela disminuye el ausentismo e influye de forma positiva en el rendimiento académico de los niños.

La escuela debe dejar de ser vista como un depósito de niños, en el que se dejan en la puerta del aula y luego solo importa su reporte de calificaciones o el porqué de una boleta por mala conducta. Cuando las familias se involucran y conversan sobre lo que ocurre en la escuela se incide en la motivación y el rendimiento de los estudiantes.

El docente no puede hacer la tarea solo: necesita la reconstrucción de ese puente entre hogar y aula, para entender mejor el contexto de cada niño y para frenar que una situación específica sea causa de exclusión del sistema educativo. Según el informe A new wave of evidence, cuando los padres de familia “hablan de la escuela con sus hijos, esperan que su rendimiento escolar sea bueno y se aseguran de que las actividades que realizan fuera de la escuela son constructivas, sus hijos rinden más en el centro educativo”.

Es un asunto de interés y no de sobreprotección: El niño debe sentir que tiene un apoyo o que hay seguimiento sobre su rol en la escuela. El mensaje es claro: “le importo a alguien y por lo tanto, me esfuerzo por hacerlo bien”; cuando ocurre lo contrario, ¿qué motivación tiene el niño para conseguir un buen resultado?

El sistema educativo responde a un conjunto de actores que deben trabajar de forma coordinada, con el propósito de conseguir mejores resultados. Cuando escuela y familia trabajan mano a mano, hay mayores probabilidades de que el ausentismo sea menor, de que a los niños les guste más estudiar y de que sea mejor el rendimiento académico. Sin que se confunda ese apoyo con una protección excesiva hacia el menor de edad, en la que papá o mamá resuelven todo por el niño y quieren decirle a la maestra cómo debe actuar.

La reconstrucción del puente debe hacerse en dos vías: por un lado, la familia debe mostrar más interés en acercarse a la escuela a aportar y aprender; y por el otro, los docentes deben estar más dispuestos a romper las barreras de las cuatro paredes del salón de clases y mejorar la comunicación con los hogares. Como señala el escritor y profesor británico Ken Robinson “nada sustituye a un buen profesor titulado y entregado a su trabajo, pero si los padres u otros miembros de la comunidad pueden complementar lo que la escuela ofrece, todo el mundo sale ganando”.

Algunas de las estrategias que recomienda Robinson en su libro Escuelas Creativas son:

  • Ir a donde están los padres: utilizar las redes sociales para mantenerlos informados y favorecer la interacción, sin que el grupo de WhatsApp se convierta en el espacio para abordar  problemas personales y para evitar acudir al aula.
  • Poner a las familias en movimiento y crear asociaciones:  utilizar diversas herramientas, como organizar un club de lectura para padres o crear trabajos de curso que incluyan entrevistas a las familias, para conocer mejor el entorno que rodea al centro educativo.
  • Reuniones de padres y profesores coordinadas por los alumnos: permitir que estos dirijan estos encuentros presentando una muestra de su trabajo que ponga de manifiesto sus cualidades, dificultades y objetivos.
  • Acoger a todo el mundo: ser conscientes de que hay familias de la comunidad que, ya sea por su nivel educativo o socioeconómico,pueden sentir una barrera natural en acercarse a la escuela.

El divorcio entre lo que sucede en el aula y en la casa, solo busca culpables a cada error del proceso de aprendizaje. Reconstruir el puente entre el hogar y la escuela implica hacer a un lado las vanidades y egos de ambas instituciones, para procurar un mejor ambiente educativo para niños y jóvenes, que les motive, que los invite a ser mejores ciudadanos, críticos de su entorno y capaces de idear soluciones colectivas para la construcción de comunidades más solidarias.

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