Cambio educativo

¿Por qué es urgente regresar a las aulas?

El Programa Estado de la Educación estima que cada tres meses sin clases presenciales representan un año de atraso en los aprendizajes de niños, niñas y jóvenes. El tiempo perdido fuera de las aulas tendrá consecuencias sociales devastadoras para el país. Urge regresar a clases.

Las aulas cerradas no solo representan un atraso en los procesos de aprendizaje sino que arrastran efectos emocionales para niños, niños y jóvenes. Archivo/Albert Marín

La brecha social entre quienes pagan por educación y los que no se sigue ensanchando. Cada trimestre fuera de las aulas representa un atraso de un año en el proceso de aprendizaje de niños, niñas y jóvenes, según afirma el Programa Estado de la Educación. Volver a las aulas en julio próximo, con los protocolos sanitarios debidos, es más que necesario.

Con el cierre de escuelas y colegios las familias más pobres son las más afectadas: en el hogar, no siempre se dispone de los recursos económicos, emocionales y cognitivos para atender a sus hijos e hijas. Están desconectados de todo proceso de aprendizaje y eso representa un enorme peligro para el bienestar de las personas menores de edad y para el desarrollo económico, social y cultural del país.

La tramitomanía para conectar a Internet a miles de niños sigue estancada en  los escritorios y parece cuento de nunca acabar y de muy mal gusto, tomando en cuenta que Costa Rica tiene un Fondo Nacional de Telecomunicaciones desde 2010.

‘Pobreza de aprendizajes’. Un reciente informe del Banco Mundial señala que el indicador de estudiantes en “pobreza de aprendizajes” aumentará; es decir, que más niñas y niños a sus 10 años serán incapaces de leer y comprender un texto sencillo: esto, en el largo plazo, se traduce en mayor desigualdad, pobreza, falta de capital humano y menos acceso a oportunidades para las poblaciones más vulnerables.

El mismo reporte señala que en América Latina y el Caribe, solo el 30 % de niños de bajo estatus socioeconómico tienen acceso a una computadora en su hogar, comparado con el 95% de los niños de familias con alto estatus socioeconómico. Inclusive, para un artículo de baja tecnología, como un escritorio en casa, la brecha en el acceso es amplia: 50% contra 91%. Todo esto significa que cuando se reanude la escolarización, los niños desfavorecidos se encontrarán aún más atrás de sus pares.

A las pérdidas en los dominios cognitivos (alfabetización, aritmética y razonamiento) hay que sumar los daños por la afectación en la salud mental de los menores y la vulnerabilidad por violencia intrafamiliar a la que están expuestos los menores de edad en sus hogares, en tiempos donde la norma de quedarse en casa no implica comodidad para todos.

El informe del Banco Mundial enfatiza que la educación en primera infancia y los primeros años de Primaria (0-8 años) son de los grupos etarios más afectados. “Como la mayoría de los hogares y los sistemas educativos darán prioridad a la continuidad del aprendizaje para los niños mayores mientras las escuelas están cerradas, la educación en primaria infancia puede disminuir su calidad. Además, en edades de 0 a 8 años, los niños son menos capaces de aprovechar de forma independiente los programas y herramientas del aprendizaje a distancia”, señala el Banco Mundial.

La edad de transición a Primaria y los primeros tres grados de escuela son fundamentales en el proceso de alfabetización. Si fracasan para adquirir las habilidades básicas en los primeros grados, es probable que les sea mucho más difícil aprender más tarde. A esto, hay que agregar que el estrés que viven niñas y niños en sus hogares podría también generar problemas de aprendizaje, debido a que la generación de hormonas generadas por el estrés pueden interrumpir el desarrollo temprano del cerebro y causar efectos a largo plazo en el aprendizaje, comportamiento y la salud mental.

A enero del 2020, entre un 10% y 20% de los niños y adolescentes de todo el mundo sufrían de trastornos mentales. El cierre de escuelas, el miedo a enfermarse por Covid-19, y las perturbaciones sociales y económicas que acompañan la pandemia aumentará el estrés dentro de la familia y provocarán más ansiedad y depresión, entre los niños y los jóvenes.

La responsabilidad de cuidarse contra la Covid-19 debe ser colectiva, entre centros educativos y los hogares: si el niño, niña o joven está enfermo o hay síntomas de enfermedad en casa no lo envíe a las aulas. Es preciso contribuir entre todos y todas un regreso seguro a las aulas que permita que los aprendizajes continúen.

El trabajo a distancia no es una solución efectiva para todos. La brecha social se ensancha y el tiempo perdido pasará una alta factura para el país entero. No estamos en condiciones para que la pobreza de los aprendizajes sea más alta. El costo de esta factura se paga en términos de oportunidades.

Volver a las aulas es imperativo: los aprendizajes deben continuar.

Alberto Barrantes C.

Alberto Barrantes C.

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