Alberto Barrantes C..   1 julio
Los educadores consultados consideran que no existen espacios colegiados de discusión para promover y planificar el uso de tecnología para la mejorar los aprendizajes en las universidades.

Un docente mal preparado y que no recibe formación después de graduarse es incapaz de ser efectivo. Más allá de que no enseñe, el problema es la desmotivación que impregna en sus estudiantes ante la incapacidad para ofrecer materiales interactivos y metodologías que capten el interés de su clase.

Un estudio regional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Tecnológico de Monterrey revela que tres de cada cuatro docentes universitarios no se sienten preparados para incorporarse y ser efectivos en los entornos virtuales. La mayoría aduce falta de formación y falta de acceso a recursos tecnológicos en sus hogares para hacer efectivas las lecciones.

El resultado: universitarios que solo se conectan a videollamadas para completar cursos y avanzar en sus carreras, sin necesariamente completar habilidades básicas para llegar al mercado laboral, sin que el aprendizaje sea efectivo ni el entorno sea el adecuado:en otras palabras, un engaño sobre lo que significa aprender y una deficiencia importante sobre la calidad de profesionales que gradúan.

En la educación superior, la pandemia ha afectado a más de 26 millones de estudiantes y 1.4 millones de docentes que pasaron un ambiente de enseñanza remota para continuar con los procesos educativos.

En el informe “E-learning en la educación de América Latina”, preparado por la OCDE y publicado en el año 2015, ya se señalaba que “la educación superior en América Latina presenta una baja calidad y pobre en comparación con el parámetro internacional (...) Solo el 16% de las universidades de la región ya tenían un modelo hibrido (virtual-presencial) y hay una brecha importante entre lo que gradúan las universidades y las demandas del sector productivo”, señala el informe.

No es opcional. Con la pandemia, el aprendizaje en línea ya no es una opción. El camino es un modelo de educación híbrida que integre aula virtuales con presencialidad. Sin embargo, para que esto no sea un engaño a la formación de los futuros profesionales, será necesaria más formación del personal docente de las universidades e innovación. “Es necesario graduar profesionales con habilidades para el emprendimiento y la innovación, con la finalidad de estimular el autoempleo de calidad y no solo formar asalariados”, afirma el último informe del Estado de la Educación (2019).

La educación superior no puede conformarse solo con plataformas virtuales para subir ensayos y realizar foros con comentarios vacíos. Ese tipo de ejercicios se alejan del sentido de interacción que demanda el e-learning y de la necesidad de estimular cooperación para la resolución de problemas en el entorno universitario.

Para los docentes de educación superior consultados en el estudio regional del BID (Costa Rica, Ecuador, México, Argentina, Chile, Perú y Colombia) la falta de capacitación efectiva y el acceso a Internet se perciben como los principales retos para la incorporación de tecnologías digitales en las universidades y la mitad de ellos considera que otro de los problemas es que no existen espacios de discusión para promover y planificar el uso de tecnología para la mejorar los aprendizajes.

Entre los hallazgos del estudio, el 25% considera que su institución no tiene una visión de cómo utilizar las tecnologías digitales para mejorar la enseñanza y el aprendizaje.

Tal y como señala el último informe del Estado de la Educación (2019) “la innovación es clave para ampliar las oportunidades de los jóvenes y enfrentar con éxito los desafíos de la cuarta revolución industrial”. Mantener el statu quo de una educación superior que ofrece pobres lecciones virtuales a sus estudiantes es un engaño social, cuyo precio lo pagamos entre todos, mientras se imprimen títulos universitarios a profesionales que contarán con escasas o nulas oportunidades en el mercado laboral.

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