Alberto Barrantes C.. 21 agosto
Universidades gradúan docentes con currículos obsoletos, que llevan hasta un década sin actualizar. CC. Kyle Thompson
Universidades gradúan docentes con currículos obsoletos, que llevan hasta un década sin actualizar. CC. Kyle Thompson

La mitad de docentes que tienen a cargo la responsabilidad de enseñar a leer y escribir a niñas y niños carecen de conocimientos y prácticas adecuadas para la enseñanza del proceso de lectoescritura, previsto para primero, segundo y tercer grado. Así lo revela el último informe del Estado de la Educación (2019), que publicó este miércoles el Programa del Estado de la Nación.

Las lecciones son aburridas, obedecen en su mayoría a la exposición magistral de contenidos, con métodos anticuados, no adecuados a las necesidades de este siglo. Las clases de lectoescritura no motivan a pensar, a cuestionar ni a generar nuevos contenidos y el 74% de docentes “ven la lectura como una práctica obligatoria, poco relacionada con el gusto y el placer”.

Estos docentes responsables de educar en lectura y escritura llegan a las aulas con bajos conocimientos del programa de estudios de Español, con serias debilidades pedagógicas y con una motivación escasa para innovar, según el contexto educativo en el que se desempeñan.

Si quienes tienen la responsabilidad de fomentar el gusto por la lectura y de abrir esa puerta a la imaginación y la creatividad desde la infancia duermen en la inercia de un sistema educativo que tampoco les exige, ¿cómo esperar mejores resultados?

En palabras de Isabel Román, coordinadora del programa del Estado de la Educación, “en Primaria tenemos bases muy endebles que se arrastran hacia los niveles posteriores (…) Hay que dar un golpe de timón desde el proceso de selección de docentes y, una vez contratados, deben tener acompañamiento, evaluación y formación profesional”, manifestó Román en la presentación del informe, esta mañana.

¿Quién forma a estos profesionales? Urge que se diseñen los mecanismos necesarios para fiscalizar mejor a aquellas universidades que gradúan a profesionales de educación y que tienen en su haber currículos desactualizados.

El informe señala que el 83% de los 1.543 programas académicos vigentes en Costa Rica tiene más de cinco años sin actualizarse y el 60% no ha gestionado cambios en más de una década. “En esta situación se encuentra el 71% de las carreras del área de educación, pese a las reformas curriculares que hay en preescolar, primaria y secundaria, introducidas por el Ministerio de Educación.

“Esto, revela que los vínculos entre el MEP y las universidades que gradúan más maestros son débiles o inexistentes”, anota el informe.

Cuando el mismo sistema educativo, dormido en la inercia y en su complicidad burocrática pone frente al salón de clase a quien solo tiene un título universitario sin la vocación de educar, se corre el riesgo de la desmotivación por aprender, de perpetuar errores, de aumentar la brecha social y de que los malos profesionales sigan sintiéndose orgullos de su mediocridad.

Desde los primeros años de la escuela, niños y niñas necesitan líderes en las aulas que estimulen su proceso de aprendizaje, que los reten a través de lectura y de preguntas a la construcción de comunidades más solidarias, más dispuestas al cambio y a la competitividad.

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