Alberto Barrantes C..   6 noviembre
“No más machitos”: Educar a partir del ejemplo, desde la casa y en la escuela, es un primer paso para combatir la violencia.

Desde la niñez, estamos expuestos a que “hay juegos para niñas y juegos para niños”, que el rosado es para mujeres y el celeste para hombres, que los varones no tienen por qué llorar en público y que se espera que ellas tengan “comportamiento de señoritas”, entre otras tantas frases, roles y conductas cargadas de estereotipos que terminan por fomentar la división y con ello, la violencia machista.

En los comentarios de las noticias sobre cualquier feminicidio, se siguen leyendo groserías cargadas de ignorancia: “Se lo buscó. No tenía por qué vestirse así. Lo provocó. Murió por imprudente. ¿Por qué no denunció antes? ”. Sigue la víctima cargando con las culpas de una sociedad, que desde niña, la obliga a soportar y callar el injusto peso del patriarcado y el silencio cómplice de muchos.

Para combatir ese machismo y la violencia que este acarrea, la respuesta es más educación. Que la indignación nos conduzca al cambio y nos motive a exigir una educación que desde la infancia, en la casa y en la escuela, nos enseñe a desaprender todos esos mitos, roles y frases cargadas de estereotipos y conductas violentas, que hemos escuchado desde la niñez. Solo así habrá verdaderos cambios sociales. La violencia no se resuelve con más violencia, sino a través del diálogo, la reflexión y el trabajo conjunto que nos mueva a tomar acciones, más allá de las redes sociales.

Empezar con el ejemplo

En la casa y en la escuela, no hay que reírle la gracia al niño cuando empuja a su compañera de clase “porque es la que la gusta” ni enseñarle a la niña que “ella es la débil, frágil y obediente”. En palabras de la activista Gloria Steinem, “el gran problema de todos, hombres y mujeres, no es aprender sino desaprender” y la educación tiene grandes retos por hacernos desaprender por igual el sexismo y el machismo del que estamos plagados.

Iria Marañón, autora de Educar en feminismo, sugiere en su libro algunas acciones que desde el hogar y en la escuela, se pueden poner en práctica para educar en justicia, libertad e igualdad:

  • Enseñar a partir del ejemplo. Niñas y niños deben aprender que la violencia no se puede usar para solucionar nada y que tienen que recurrir a la negociación para resolver sus conflictos de forma pacífica. 
  • Romper los estereotipos con los juegos y juguetes y evitar decir expresiones que les limiten desarrollarse plenamente. Los únicos criterios que deberíamos tener en cuenta a la hora de elegir un juguete son la edad, las destrezas o capacidades que desarrollan y los gusto.
  • Conversar más sobre el contenido audiovisual al que están expuestos los niños. De poco sirve si en casa hay relaciones igualitarias y no violentas pero la música que escuchan niñas y niños hace apología de la violencia y el abuso sexual, si sus películas les transmiten roles de género donde las mujeres son sumisas y están siempre a la espera del príncipe azul. 
  • Utilizar datos, frases y ejemplos que les permita tener una mirada crítica que les haga saber que vivimos en una sociedad patriarcal que favorece a la parte masculina, tienen que saber qué es un estereotipo y cómo romperlo. “Hace 150 años parecía utópico que las mujeres pudieran votar, algo que hoy damos por sentado; el cambio es posible mediante la coeducación”, afirma la autora.
  • Desestructurar el mito del amor romántico: no hay amor si hay sufrimiento, si hay celos y control como muestras de amor.
  • Finalmente, empoderar a niñas y niños para que  desde la niñez y la adolescencia, sean capaces de diseñar acciones que corrijan la desigualdad, a través de los canales correctos: más cuotas de participación, licencias maternales y paternales iguales e intransferibles, perspectiva de género en los currículos educativos, asignaturas que eduquen sobre relaciones afectivo–sexuales y acciones comunitarias que condenen el sexismo o el machismo en medios de comunicación y publicidad.

En las mismas escuelas, el personal docente y administrativo también debe dejar de ser agente reproductor de los “micromachismos”, exigiendo comportamientos según el género y justificando conductas a partir del mismo. Por ejemplo, basta ya de obligar a los hombres a correr detrás de una bola, mientras las mujeres se dedican a jugar casita.

Ni las cadenas de mensajes en Facebook con fotografías que revictimizan a la mujer, ni responder con más odio, resolverán el problema de los feminicidios. Es en la educación que, de forma colectiva, debe hallarse la respuesta para luchar contra el machismo, desde la prevención, desde el hogar y desde la escuela, desaprendiendo, reflexionando y actuando.

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