Alberto Barrantes. 8 mayo
foto: Dibujos, fotos, materiales de audio y vídeos son herramientas en las que se puede apoyar el docente para explicar la educación financiera desde la niñez. Alberto Barrantes
foto: Dibujos, fotos, materiales de audio y vídeos son herramientas en las que se puede apoyar el docente para explicar la educación financiera desde la niñez. Alberto Barrantes

Ostentar un nivel de vida más allá del que se puede, sin hábitos de ahorro y con la idea de que la tarjeta de crédito lo resuelve todo son prácticas que se traducen en los 1,2 billones de colones en deudas de los costarricenses. La cifra aumentó 101% en los últimos cinco años y retrata la necesidad de más y mejores estrategias de educación financiera en la población, desde la infancia.

El documento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Improving Financial Literacy, sostiene que la falta de educación financiera hace a los individuos y a sus familias más proclives al endeudamiento y la quiebra. De ahí la necesidad de que los hábitos financieros se conversen desde la infancia, mediante el juego y la conversación en las aulas.

No se trata de agobiar al niño con conceptos ni lecciones aburridas sobre finanzas, sino de adoptar estrategias que, desde la primaria, fomenten hábitos de ahorro, de consumo responsable, donde se enseñe el valor del dinero y la importancia de trazar metas y de comprender que siempre hay un proceso de por medio para la obtención de resultados. En ese sentido, la educación financiera para la niñez se puede abordar desde los siguientes tres pilares:

--La virtud de la espera: El niño no puede pretender que lo que pide se le entregue de inmediato. Debe saber desde temprana edad que para comprar algo, su deseo no se satisface de manera inmediata y que el ahorro es un buen punto de partida para llegar a su meta (por más barato o insignificante que ésta sea para el adulto)

--Dotar de herramientas: No solo basta con decirle al niño que hay que ahorrar, sino hay que darle las herramientas para hacerlo, explicarle cómo se hace y que sea capaz de inferir los beneficios que obtiene al hacerlo. Una alcancía es un buen primer paso y luego, una cuenta de ahorros en el banco.

--El valor de la responsabilidad: Enseñar que el dinero no es infinito ni crece en los árboles. Que sean conscientes de lo que implica el valor del dinero, administrarlo y conseguir resultados en un mediano o largo plazo, con tolerancia a la frustración y amparados a buenos hábitos de educación financiera.

Cuando los hábitos financieros llegan a las aulas en forma de juego y hay una discusión colectiva sobre estos tema, se crea el entorno propicio para reconocer los problemas y la motivación necesaria para diseñar soluciones conjuntas.

Dibujos, fotos, materiales de audio y vídeos son herramientas en las que se puede apoyar el docente para explicar de forma más sencilla la correcta las funciones de un presupuesto, las tarjetas de crédito, un préstamo o los intereses.

La organización MelJol, en la India, creó un sistema de ahorro para niños de zonas rurales. Estableció un sistema de libros contables básicos para los niños en las clases y creó grupos de trabajo entre los estudiantes para gestionar un sistema de ahorro en una escuela. El simple hecho de involucrar a los niños en la toma de decisiones provocó una reacción positiva: el 78% de los niños de escuela optó por el hábito del ahorro y un 65% afirmó que usó el dinero ahorrado para la compra de útiles escolares o para pagar gastos en su educación secundaria.

La educación tiene la responsabilidad desde edades tempranas de formar individuos críticos, libres, responsables de su entorno y conscientes sobre la toma de decisiones. La forma de evitar que la cifra de las deudas crezca y siga ahogando a tantas familias es educar cuanto antes sobre hábitos financieros. Para mañana es tarde.

Cuénteme su opinión sobre el tema abajo en los comentarios, o bien, a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com, o en mi cuenta en Twitter (@albertobace).