Alberto Barrantes C.. 27 mayo
El fin máximo de enseñar a leer y escribir debe ser formar individuos críticos, pensantes, capaces de cuestionar la realidad y proponer soluciones al entorno en que habitan.
El fin máximo de enseñar a leer y escribir debe ser formar individuos críticos, pensantes, capaces de cuestionar la realidad y proponer soluciones al entorno en que habitan.

Los indicadores sobre lectura y comprensión lectora en escolares costarricenses no son nada alentadores: más de la mitad cruzan de las aulas de Primaria a Secundaria sin comprender lo que leen y con un nivel muy pobre para argumentar. Así lo señala el último informe del Estado de la Educación (2019) y a este indicador, hay que sumarle que según el último informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, a los 15 años, solo el 1% de los jóvenes logra diferenciar entre un hecho y una opinión.

Para evitar que estos indicadores empeoren, es fundamental priorizar la lectura y la comprensión de los textos como contenidos básicos durante este período de educación en casa. Quien no comprende lo que lee tiene más probabilidades de sufrir la exclusión del sistema educativo y tendrá menos oportunidades durante este siglo XXI. La lectura es una herramienta para la libertad, que nos enfrenta a múltiples realidades y cuántos más lecturas tengamos a mano, mejor: así habrá más puntos de comparación, dudas, ideas, contradicciones, retos y preguntas.

El profesor David Dickinson, de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, afirma que “la lectura se puede enseñar mediante el juego, sin que esto implique solo entretenimiento. La lectura debe ir acompañada de preguntas y sonidos que envuelvan al niño en una experiencia de aprendizaje retadora, de la cual se sienta parte y donde se tome en cuenta su opinión. El peor error es que el niño se aburra, porque así no se aprende. No se puede enseñar desde la perspectiva del adulto”, afirma el profesor Dickinson.

Más allá de enseñar a descifrar y a repetir los sonidos de los párrafos, enseñar a leer implica un ejercicio de comprensión, en el que es necesario dudar sobre que se lee, para evitar caer en las trampas de aquellos que prefieren la ignorancia para sembrar divisiones, odios, guerras y desesperanza y que suelen proyectar en sus opiniones el miedo y la frustración que habita en ellos.

Las redes sociales son vitrinas de frecuentes noticias falsas, abundancia en errores de ortografía y falsos líderes que dicen todo y nada en unos cuantos caracteres. La vacuna contra esta enfermedad está en los libros y en hacer de la lectura un ejercicio consciente que despierte el interés por pensar, cuestionar y replantear el entorno en que vivimos.

¿A partir de qué edad? Exponerse al mundo de las letras es un ejercicio que debería empezar desde la primera infancia: El juego de las letras y las sílabas no enferma a nadie; por el contrario, facilita el proceso de alfabetización y cuando la lectura se comenta desde la niñez, se favorece el espíritu crítico, la imaginación y la creatividad. El fin máximo de enseñar a leer y escribir debe ser formar individuos críticos, pensantes, capaces de cuestionar la realidad que les rodea y deseosos de mejorarla.

Más allá de debatir sobre si leer en digital o en impreso, la prioridad debe estar en que se lea y se pregunte por el significado que construye el niño a partir de su recorrido por los párrafos. Sin entrar en detalles sobre el tipo de libros para la niñez, el foco debe estar puesto en el tiempo que se dedica en familia a compartir una lectura (puede ser un libro, un periódico, una revista, algún artículo que se leyó desde el celular, una imagen en un libro ilustrado) para así abrir puerta a las preguntas, a rearmar nuevos significados, y navegar por la imaginación y la creatividad, desde la niñez

El sistema educativo falla en este último propósito y los resultados en los próximos años podrían ser peores si no se aprovecha este tiempo, para educarse desde el hogar, mediante ejercicios de lectura comentada desde la niñez.

Las fallas en lectura y escritura se arrastran durante todo el sistema educativo porque no hay interés en aprender ni cuestionar, sino solo en aprobar cursos, aunque sea con la nota mínima. Por eso, no es sorpresa que cualquiera comparta en redes sociales la noticia falsa que lee y que, a su vez le importe poco escribir con mala ortografía y lanzar ofensas por doquier, amparado en el nombre de la libre expresión.

El camino por recorrer es largo; para aprovechar el tiempo podemos empezar desde la casa.

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