Alberto Barrantes. 29 enero

Si un estudiante deja de ir a clases, seguro que al día siguiente no amanecerá con fiebre ni dolores que hagan que su familia corra al hospital y tema por su vida. Pero la falta de educación es un mal que carcome de manera progresiva y como el tiempo siempre es escaso, su diagnóstico llega tarde como para encontrarle cura.

Es en la educación, que muchas familias costarricenses han encontrado una mejor calidad de vida, a partir de la inversión que han hecho en sus hijos. Es en las aulas donde se construye esperanza, se fabrican sueños y donde un buen docente es capaz de ser fuente de inspiración para el progreso de niñas, niños y jóvenes. Es desde los pupitres, donde se forjan individuos independientes, capaces de tomar decisiones y de mejorar el desarrollo económico, social y cultural del país.

La educación de calidad es un vehículo de progreso y la falta de ella, es atar de manos al individuo para lanzarlo al precipicio de la ignorancia, en un mundo que compite y donde quienes no tienen las herramientas para sobrevivir en él, sufren la inclemencias de la pobreza extrema o se ven tentandos a caer en las garras del crimen organizado que les ofrece dinero fácil, a cambio de dos finales para su historia: cárcel o muerte.

El rezago educativo y la escasez echan raíces con más fuerza en áreas rurales y costeras, donde las condiciones de los hogares son más desfavorables y la exclusión golpea más a los jóvenes. Ejemplo de ello, la región Grande Térraba de Costa Rica, que según el último informe del Estado de Educación, tiene un porcentje de exclusión del 15%: el triple de lo que reporta San José. La salida de las aulas de esos jóvenes se traduce en desigualdad social y condiciones desfavorables para las familias de cantones como Buenos Aires y Osa.

De entrada a clases, el gran reto para educadores y familias será mantener despierto el interés de niños y jóvenes, pese al rezago con el que muchos llegarán a las aulas, después de meses de no recibir su derecho a la educación. Solo la permanencia en las aulas les garantizará el acceso a cuestionarse su realidad inmediata y a transformar esas preguntas en mejores oportunidades de vida.

Los números, palabras, ecuaciones, gestos, ideas y reflexiones que circulan por las aulas marcan claras diferencias entre quienes están dentro ellas y quines no. En palabras del filósofo Fernando Savater la educación es vital porque “quizás su sentido profundo sea crear ciudadanos y no siervos”. Una persona que estudia tiene ventajas competitivas sobre quienes están excluidos.

La educación es asunto de vida o muerte para un individuo y para un país, por cuatro dimensiones:

  • Económica: Porque una población instruida resulta determinante en la prosperidad de un país. Tomando en cuenta que, hoy, la economía de servicios le gana el pulso a la de manufactura, es vital formar en las aulas para la innovación, la iniciativa empresarial y las competencias que exige este siglo.  
  • Cultural: Porque permite comprender y valorar lo propio y respetar el resto de manifestaciones culturales, haciendo a un lado la discriminación y el odio, que circula por nuestros barrios. 
  • Social: Porque el fin máximo de una buena educación ha de ser la de convertir ciudadanos activos, capaces de tomar decisiones, empáticos y compasivos. 
  • Personal: Porque es en las aulas en donde el individuo se relaciona con su mundo interior, se cuestiona y es capaz de discutir esos razonamientos con el mundo que le rodea. 

Entonces, generemos más acciones que motiven el acceso y la permenencia en las aulas y a una formación de calidad, para que cada vez, sean menos quienes se atrevan a tomar el micrófono abierto de este siglo, para restarle méritos a la educación, a cambio de salvar sus privilegios.

¿Qué impacto ha provocado la educación en su familia? ¿Qué nuevas ideas se pueden llevar a las aulas para mejorar la calidad de educación que tenemos? Cuénteme sus respuestas abajo en los comentarios, o bien, en mis cuentas en Instagram (@albertobarrantes), en Twitter (@albertobace) o al correo barrantes.ceciliano@gmail.com