Alberto Barrantes C.. 20 febrero
74% de docentes “ve la lectura como una práctica obligatoria, poco relacionada con el gusto y el placer”, según Estado de la Educación (2019).
74% de docentes “ve la lectura como una práctica obligatoria, poco relacionada con el gusto y el placer”, según Estado de la Educación (2019).

Quienes tienen la noble tarea de educar a niños y a jóvenes en las aulas sortean en cada curso lectivo amenazas, recados y burlas por parte de familias, que durante el año, definen al docente como el culpable de cualquier mal resultado académico de sus hijos.

Es una relación tóxica, donde la maestra es villana, la familia es quien acusa y el estudiante siempre es víctima. La ruptura de ese puente hogar y escuela es uno de los factores que juega en contra de la carrera docente y le resta respeto.

El padre de familia que pretende que todo lo solucione la escuela desvirtúa el proceso educativo, tanto como aquellos que se sienten ofendidos cuando la maestra corrige a su hijo en el aula.

Casa y escuela deben de trabajar de la mano. Según el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) los estudiantes cuyos padres leen a menudo libros con ellos y les acompañan durante su primer año de Educación Primaria tienen puntuaciones significativamente más elevadas en las pruebas PISA que los estudiantes con padres ausentes.

La comunicación entre hogar, escuela y el estudiante es fundamental para acabar con esa dualidad de víctimas y villanos que es común trazar durante el curso lectivo y que termina por menoscabar la labor del docente y su autoridad en el aula.

Apoyar el proceso educativo de los hijos, no es pedirles que hagan un reporte policial diario en casa contra la maestra, sino comprender el entorno educativo en que están inmersos, conversar más en el hogar, practicar más lectura juntos y desarrollar la capacidad de argumentar.

Es desde la niñez, y en un trabajo conjunto entre hogar y escuela donde se forjan individuos independientes, capaces de tomar decisiones y de mejorar el desarrollo económico, social y cultural del país.

Mal preparados

Otro factor que juega en contra de la carrera docente es la mala formación de educadores en las universidades.

Hay quienes asumen con ligereza la noble tarea de educar y no les importa llegar a las aulas con serias deficiencias. Son profesionales titulados en Educación, pero que en sus carencias retratan su falta de vocación: una lástima para el gremio y una gran pérdida de tiempo y recursos para el sistema educativo.

Muestra de ello que el último informe del Estado de la Educación (2019) señala que la mitad de docentes que tienen a cargo la responsabilidad de enseñar a leer y escribir a niñas y niños carecen de conocimientos y prácticas adecuadas para la enseñanza del proceso de lectoescritura, previsto para primero, segundo y tercer grado.

El informe anota que las lecciones son aburridas, obedecen en su mayoría a la exposición magistral de contenidos, con métodos anticuados, no adecuados a las necesidades de este siglo.

Las clases de lectoescritura no motivan a pensar, a cuestionar ni a generar nuevos contenidos y el 74% de docentes “ven la lectura como una práctica obligatoria, poco relacionada con el gusto y el placer”.

¿Qué clase de respeto y autoridad puede exigir un profesional en Educación, cuando él mismo perdió el gusto por aprender?

La fiscalía del Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica (Colypro) coincide en que para dignificar la carrera docente es preciso revisar y corregir los errores de la mala formación inicial desde las universidades e insistir en la colegiatura docente, ya que hay quienes pretenden ir a las aulas a enseñar y presentan ante el Colypro títulos falsos.

“Entre los incumplimientos que se han encontrado están el hallazgo de títulos falsos de secundaria y el incumplimiento en los procesos de convalidación de materias (…). Es importante insistir en la colegiatura porque implica un proceso previo en donde se ha demostrado la veracidad de sus títulos y además se ha realizado un análisis curricular integral, desde el bachillerato de colegio, hasta los títulos universitarios obtenidos ”, precisó Andrea Peraza, Fiscala de Colypro.

La Unidad fiscalizadora del Colypro detecta que hay alrededor de 10.000 profesionales en Educación no colegiados. Para evitar esto, el Colypro plantea que debe mejorarse el proceso de selección de candidatos a docentes.

“El sistema educativo debe atraer a los mejores candidatos a docentes, para lo cual debe trabajar en hacer más atractiva la profesión, mejorando la formación inicial de los educadores, desarrollando mecanismos para elegir a los mejores y dando acompañamiento y apoyo a quienes inician su labor”, agregó la fiscala Peraza.

Niños y jóvenes necesitan líderes en las aulas que estimulen su proceso de aprendizaje; no padres de familia que entorpezcan la labor del docente, ni educadores mal formados que apaguen la ilusión de sus estudiantes por aprender.

Cuénteme su opinión sobre el tema abajo en los comentarios, o bien, a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com, o en mis cuentas en Instagram (@albertobarrantes), en Twitter (@albertobace)