Cambio educativo

¿Cómo evaluar en las aulas virtuales sin frustrarse en el intento?

En un año en el que todos los estudiantes aprobarán, conviene hacer un alto y repensar por qué y para qué se evalúa y cómo hacerlo de forma efectiva en entornos virtuales, sin que implique regalar calificaciones y premiar el mínimo esfuerzo de quienes aprenden.

“Los alumnos solo se toman en serio aquello que se califica… si no hay nota, hacen los trabajos a medias”. La frase pertenece a una maestra argentina y tiene mucho sentido en un sistema educativo que ha naturalizado, desde la revolución industrial, la calificación como una herramienta de control hacia los estudiantes. El profesor tiene que asignar una nota y el estudiante cumple con su deber, sin necesariamente aprender, con el objetivo de que le sea asignado un número para aprobar el ciclo lectivo.

Bajo ese modelo la diversidad no existe, se estandariza la educación y se espera que todo el grupo aprenda lo mismo, a un mismo ritmo. Quienes saquen las mejores notas son los sobresalientes y conforme el puntaje sea menor el estudiante llevará consigo la etiqueta de mediocre, hasta ser expulsado del sistema educativo en el peor de los casos.

En un año en el que la pandemia reconfiguró nuestros hábitos, también conviene hacer una pausa y repensar por qué evaluamos, para qué se hace y cómo se hace para que no sea una práctica frustrante ni para el maestro ni para el estudiante. “La calificación se vuelve un reconocimiento simbólico para el estudiante en función de su esfuerzo, pero parte de la base de un supuesto de homogeneidad de los estudiantes: todo el grupo aprende igual y a un mismo ritmo y se suprime la diversidad”, afirma el profesor argentino Pedro Ravela.

Lo cierto es que hoy la diversidad es la norma y la educación  debería tomar en cuenta el contexto cultural, las capacidades y las herramientas de las que disponen los estudiantes. “Desde una mirada inclusiva, se debe mantener la exigencia por un lado, pero mantener la adaptación de la evaluación según el contexto de cada estudiante y sus posibilidades”, agrega el profesor Ravela.

Para tener una mejor conciencia en la evaluación, el docente Ravela habla de un enfoque de evaluación formativa, orientada a ayudar al estudiante a mejorar.  Es decir, “una comparación del desempeño actual con el previo, ¿quién progreso y quién no? ¿En qué medida el estudiante llega a los logros deseados y en qué medida está progresando en función de sus posibilidades y recursos”, dice Ravela. En otras palabras, una calificación que, sin perder rigurosidad, evite ser el foco de desmotivación para el estudiante.

La motivación es la clave

Philippe Meirieu enfatiza en la necesidad de la importancia de construir un nuevo modelo educativo basado en la motivación. El problema no está en el estudiante que fácilmente se adaptada a la naturalizada calificación, sino en aquellos a quienes el número termina por desmotivarlos y excluirlos del sistema. “No nos podemos contentar con dar de beber a quienes ya tienen sed, también hay que dar sed a quienes no quieren beber”, dice Meirieu.

Como lo he dicho en otras entradas de este blog, la pandemia  es una oportunidad para diseñar una nueva escuela de manera colectiva, en la que es vital priorizar contenidos y poner el foco sobre habilidades básicas para el siglo XXI, tales como la compresión lectora, escritura, razonamiento matemático, trabajo en equipo y resolución de problemas: tareas descuidadas por el sistema educativo durante las últimas décadas y que bien enfocadas podrían despertar talentos y motivaciones nuevas entre quienes enseñan y aprenden.

Un reciente informe de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) titulado “Efectos de la crisis del coronavirus en la educación” afirma que “menos es más: si se sabe priorizar contenidos, la reducción del ciclo educativo podría tener un impacto más suave”. Los docentes tendrán  no necesariamente que apegarse a lo que dicen los currículos educativos, sino a hacer que sus estudiantes dominen habilidades básicas para la vida, que encuentren la motivación en las aulas y que hallen los vínculos pese a la distancia.

En los entornos virtuales, debe haber propuestas que motiven a los estudiantes, que les rete a construir nuevos significados, saberes colectivos, más preguntas que respuestas y donde el ejercicio académico no se reduzca a la banalidad de repetir o memorizar lo que otros han dicho sin mayor esfuerzo, sin el mínimo ejercicio crítico. Que los estudiantes tengan más espacios para elaborar, para elegir y crear nuevos contenidos que midan sus habilidades y destrezas. “Productos que tengan sentido más allá de la escuela”, dice el profesor Ravela.

Ejercicios como la evaluación cruzada entre pares y la autoevaluación aportan la posibilidad de recibir realimentación sobre los errores y corregirlos. “Se ha naturalizado mucho que en la evaluación no hay vuelta atrás; pero en realidad los productos deberían tener la capacidad de rehacerse y mejorar los resultados”, propone Ravela.

Todas esas prácticas son una buena base para repensar la forma en que evaluamos. Seguir por la misma ruta de la evaluación selectiva o estandarizada es un error con consecuencias graves, tomando en cuenta el rezago educativo que dejará esta pandemia. Optar por la calificación que divide entre peores y mejores es perpetuar la exclusión en una sociedad que ya es sumamente desigual. La educación existe para sembrar esperanza, no para fomentar miedos ni frustraciones.

La educación del siglo XXI debe procurar la formación de personas seguras, dispuestas a mejorar el entorno en que habitan. Sembrar miedo a partir de una calificación es perpetuar los daños de una sociedad ya amargada y con individuos obsesionados con el cien para sentirse útiles y valorados. Estoy convencido de que el propósito de la educación es otro, pero hay que imaginarlo y ponerlo en práctica, tomando como elemento base la motivación.

Cuénteme su opinión sobre este tema a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com

Alberto Barrantes C.

Alberto Barrantes C.

Periodista costarricense y máster en Administración Pública con énfasis en Diplomacia de la Universidad de Costa Rica. Es autor de libros infantiles y articula estrategias educativas en favor de la niñez y el fomento de la lectura en escuelas urbanas y rurales. Director de la organización educativa Carretica Cuentera.