Alberto Barrantes C.. 9 julio
Atender el desafío de acceso a buena conectividad y recursos en los hogares costarricenses tiene que ser prioridad si se quiere transitar hacia un modelo educativo híbrido efectivo.
Atender el desafío de acceso a buena conectividad y recursos en los hogares costarricenses tiene que ser prioridad si se quiere transitar hacia un modelo educativo híbrido efectivo.

La pandemia aceleró la ruta hacia un modelo educativo que combina la educación presencial con la virtual: el blended learning (b-learning) o aprendizaje combinado. Para que esa mezcla sea efectiva, demanda planificar más, generar interacción en los contenidos, producir material de calidad para la niñez, favorecer el trabajo colaborativo, más formación docente, y por supuesto, acceso y conectividad. 

Es insuficiente con tener un celular en casa: una buena conexión a Internet es requisito imprescindible para enganchar a los niños, niñas y jóvenes a los aprendizajes y para que el contenido resulte estimulante. De lo contrario, hay un despropósito en este modelo y la brecha seguirá creciendo entre los que tienen  los recursos en casa y aquellos que no. En Costa Rica, el 50% de los estudiantes (más de 500,000 niñas, niños y jóvenes)  reciben las lecciones virtuales con suma dificultad debido a la falta de acceso a buena señal de Internet o a equipo tecnológico en sus hogares.

En palabras de la profesora argentina Lourdes Morán, el b-learning es “un desafío y una oportunidad, en el tanto se configura como  alternativa posible para una formación que trasciende los espacios del aula y se traslada a  todas las esferas de la vida: una nueva forma de enseñar y de aprender, donde el alumno se le motiva para ser responsable de su propio aprendizaje”.

Juego y contenidos de calidad. Esto último podría sonar todo un reto de ser aplicado en  estudiantes que cursan los primeros años de Primaria. Sin embargo, la clave para hacerlo efectivo desde Primaria podría estar en generar contenidos de calidad, recurrir a la gamificación (el juego como técnica de aprendizaje), que les motiven a los más pequeños a estar conectados, a resolver, a desarrollar un sentido de pertenencia con el mundo virtual y a combinar los aprendizajes obtenidos en la esfera digital con la experiencia “cara a cara”, en las aulas.  

Mediante contenido atractivo, planificado e interactivo se despierta motivación y se generan estrategias que invitan a niñas y niños a participar, a cocrear, con la guía de un docente-tutor que está en el aula para reconocer los diferentes ritmos de aprendizaje y que adecúa sus lecciones en función a los datos que le arroja la tecnología. Prueba de ello, una investigación del Tecnológico de Monterrey que obtuvo resultados positivos a partir de la implementación del b-learning en educación primaria para desarrollar la habilidad lectora.

El b-learning es hipermedial: mezcla textos, videos, audios, mapas y otras herramientas, pero no para que los estudiantes los reciban de forma pasiva. Necesariamente tiene que haber capacidad de interacción con los usuarios. El aprendizaje en entornos virtuales no se reduce a encender una cámara y en recrear una lección presencial, repitiendo contenidos a través de una presentación Power Point.

El b-learning es una combinación entre sincronía y asincronía, es un andamiaje personalizado y colectivo, en el que el trabajo en equipo es clave como herramienta básica para el siglo XXI. Es un modelo que requiere de planificación, en donde no hay fórmulas mágicas para su éxito, sino que debe de adaptarse a cada contexto, garantizando acceso a los recursos y calidad en los contenidos. Para ello, hay un largo camino por recorrer en  formación docente y alfabetización digital que debe empezar por las universidades. 

Los casos de éxito de quienes han sabido planificar el aprendizaje combinado están documentados. Un ejemplo, la red de escuelas estadounidenses High Tech High, de San Diego, que ofrece un modelo que  adapta los aprendizajes a sus estudiantes, que ofrece oportunidades a niños que nacieron en familias pobres, y que incorpora buenas técnicas de narración de historias (storytelling) en los contenidos que ofrece en sus entornos virtuales y presenciales. Su resultado: estudiantes motivados, cuyo rendimiento académico supera a la media de centros educativos del estado de California, con un 98% de acceso a universidades y mejores oportunidades para su población educativa. 

La educación que receta contenidos a todos por igual está obsoleta. Es un modelo no adecuado a las necesidades del siglo XXI. El b-learning, por el contrario, es un sistema de aprendizaje que se adapta al alumno y a su contexto, que es más activo, flexible y eficiente, que toma en cuenta la diversidad para crear más oportunidades. De su planificación, calidad de contenidos y acceso dependerá su éxito. 

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