Fanny Tayver Marín.   20 abril
¿Se equivocó Jonathan McDonald al decir la verdad? Fotografía: Rafael Murillo

Las verdades a medias también llegan al fútbol, porque la sinceridad de Jonathan McDonald le jugó en contra.

Todo queda a la interpretación, porque la peculiar situación ocurrida el domingo pasado en el Estadio Nacional no figura en ninguna parte del Reglamento Disciplinario aplicable al fútbol costarricense.

Quien le sopló a Jafet Soto que al admitir que él se buscó la quinta amarilla adrede como parte de la planificación del trabajo de un equipo para la cuadrangular quedaba expuesto a una suspensión de al menos tres partidos omitió algo básico: leerse el reglamento.

Si lo hubiese hecho, esa persona ni siquiera le habría dicho al timonel florense, porque su propósito no era que le dictaran simplemente una multa de ¢100.000 al melenudo atacante.

Tampoco era lo que quería McDonald.

Para él ya era suficiente castigo perderse ese partido del miércoles pasado contra Carmelita, porque es demasiado fiebre y porque según sus estadísticas, por lo general anota más de un gol en la fecha 22.

En sus adentros él estaba dispuesto a jugársela, intentando que pasaran los juegos y que esa quinta amarilla nunca llegara.

Era una posibilidad, pero Nicolás dos Santos no quería correr el riesgo.

La historia viene desde hace varias fechas.

Esa sanción que debe purgarse cada vez que se suman cinco amarillas era algo que Mac tenía que haber saldado contra Cartaginés, para que no fuera a Liberia y que empezara "limpio" de tarjetas a partir del clásico del 25 de marzo.

La amarilla no llegó ante los brumosos y Jonathan viajó con la Liga a territorio pampero, pero a sabiendas de que lo usarían solo en caso de emergencia, previo al duelo con Saprissa.

En el Edgardo Baltodano le dieron la orden de que no saliera a calentar, porque no iba a jugar y cuando terminó el partido, ahí empezó su tarea: un trabajo físico fuerte, dándole vueltas a la cancha.

Llegó el pulso entre Alajuelense y la S, en el que jugó media hora con la cara fracturada y pese a que estaba mareado, cobró un penal en el último minuto que se convirtió en el 3-3 definitivo.

Vino la cirugía en el pómulo y la recuperación que fue en tiempo récord.

No jugó contra Guadalupe y Santos, volvió enmascarado como un superhéroe, pero sabía que le tocaba perderse otro partido, para deshacerse de una vez por todas de esa amenaza latente de tener cuatro amarillas y estar al filo de la navaja.

Él no quería sacarse esa tarjeta, porque su deseo era jugar.

Pero las órdenes también hay que cumplirlas y de ahí la famosa frase que pronunció tras poner una asistencia y marcar dos goles en media hora: "donde manda capitán, no manda marinero".

El propio Dos Santos comentó que como McDonald y Róger Rojas estaban con cuatro amarillas, se inclinó por Mac para que tuviera un poco más de margen en el tiempo de recuperación, mientras que el catracho también admitió que ese era el plan.

A estas alturas del partido, 'McMan' ya está listo para volver justo cuando empezará la cuadrangular y ante un rival al que le tiene la medida puesta, mientras que Rojas acumula cuatro amarillas y está expuesto a perderse algún partido de esta instancia por eso.

La gran duda que al menos me queda a mí es quién debería pagar esa multa.

Lo más habitual en los camerinos es que cada futbolista saque el dinero de su bolsillo para cancelar las infracciones a título personal.

Pero esta perfectamente pasa por un caso especial y puede ser una excepción a la regla.

A uno nadie se lo tiene que decir para percatarse de que a McDonald lo mandaron a sacarse la quinta amarilla, que a la postre se convertiría en la tarjeta más revolucionaria del torneo.

Entonces, si lo obligaron a algo, ¿por qué debería pagar esos ¢100.000 adicionales de plata de él?

Porque esa suspensión de una fecha ya venía acompañada de ¢75.000 de multa, cifra a la que se le añaden los otros ¢100.000, por decir la verdad, de una situación a la que no solo él se refirió.

Y que es algo que todos los equipos hacen de forma solapada.

Sin saber de dónde saldrá el dinero, la caja chica podría ser una buena opción.

Como dice una frase de Pablo Escobar: "En un mundo lleno de hipócritas, los sinceros somos los malos".