5 agosto, 2010

En un artículo reciente de esta página, comparé la función que cumplían ciertos niños y jóvenes –conocidos como whipping boys– en la vida palaciega anglosajona de los siglos XV a XVIII, con la de algunas figuras gubernamentales actuales que satisfacen necesidades de “negación creíble” de sus superiores. En ambos casos, se trata de eventuales chivos expiatorios, cabezas de turco o víctimas propiciatorias: los primeros recibían castigos como aleccionamiento para los príncipes que acompañaban; y los segundos absorben la responsabilidad por acatar órdenes recibidas de modo explícito o implícito (“Herencia de los whipping boys”, 10/ 7/ 10).

Respecto a “negación creíble”, aclaré que el fenómeno ni es irrazonable ni es repudiable siempre; plantea ventajas y desventajas. Dicho en otras palabras: tiene un uso, en el sentido de aplicación legítima, necesaria o positiva; pero también puede ser abusiva, que significa ilegítima y peligrosa. Ahora, en este artículo, voy a ofrecer dos ejemplos específicos, con la intención de que autoridades y funcionarios públicos de todo rango examinen sus propias experiencias –así como sus acciones posibles—sobre la materia; también los ciudadanos en general debemos formar conciencia del fenómeno y valorarlo políticamente.

El primer caso es tomado del gobierno de don Óscar Arias; y se refiere al acontecimiento en que participaron jerarcas del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Casa Presidencial y el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah). El segundo es el reciente conato de aumento de salarios de legisladores; e intervinieron la Presidencia de la República y la fracción parlamentaria del Partido Liberación Nacional (PLN).

Marco conceptual y conjeturas. Me limitaré a ofrecer un marco conceptual y esbozar una conjetura al respecto. No me atrevo a plantear soluciones definidas o específicas, porque los casos fueron sumamente confusos y, dentro de la misma lógica del fenómeno de “negación creíble”, los participantes se encargaron de confundirlos todavía más. Veamos:

• La “negación creíble” implica tres actores sociales: un motivador primario, que es, a la vez, el principal beneficiario; un transmisor, que es el director del proceso; y un ejecutor, que también es el eventual chivo expiatorio, víctima propiciatoria o cabeza de turco. Dichos actores pueden ser tres personas diferentes; pero igualmente podrían ser dos personas que cumplen tres funciones diferentes.

En el caso del BCIE: el motivador pudo ser el Presidente de la República o el Ministro de la Presidencia; el transmisor pudo ser el Ministro de la Presidencia; y el ejecutor pudo ser el Ministro de Vivienda y Asentamientos Humanos. Pero también pudieron intervenir otros personajes y funcionarios, complementando esos actores centrales. Los periodistas denunciaron el fenómeno; y a la Contraloría General de la República le corresponde dilucidar la maraña. Pero creo que esto no se logrará.

En el caso del salario de los diputados: la motivación pudo venir de la Presidenta de la República o el Ministro de la Presidencia; el transmisor pudo ser el Ministro de la Presidencia; y la jefa de fracción del PLN pudo realizar la ejecución. Nuevamente, los periodistas informaron sobre el asunto; y la clarificación podría ser hecha desde la Casa Presidencial. Pero sospecho, igual antes, que no ocurrirá.

¡Así es el fenómeno de “negación creíble”! Cierto que Costa Rica está en pañales; es decir, la fase benévola de tales políticas y métodos, pero estemos atentos adónde podríamos llegar siguiendo malos ejemplos de otras culturas en la materia. Para antecedentes y un resumen de alcance mundial, véase “Plausible Deniability”, en Wikipedia (Internet). También hay escritos detallados sobre extremos espeluznantes, como la colección intitulada Death Squads in Global Perspective: Murder with Deniability, editada por Bruce Campbell y Arthur Brenner.