Michelle Soto. 23 septiembre, 2012
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Scott Pankratz no hablaba ni una palabra de español y aún así decidió ser voluntario en el Parque Nacional Santa Rosa. Allí, asegura, una tortuga le cambió la vida.

Desde eso, ya pasaron 16 años. “¿A cuántos de ustedes les ocurrió lo mismo?”, interrogó a la audiencia que ayer en la mañana se reunió en el anfiteatro del INBioparque.

Allí, perdida entre los asientos, Raquel Quesada se sintió interpelada. “A mí también me cambió la vida una tortuga”, confesó y agregó: “Es increíble verla desovar. Muchas veces uno no hace mucho por el planeta, y este granito que se aporta hace que se sienta bonito”.

Ella fue una de los 330 colegiales que expusieron sus proyectos en la feria Biociencia 2012. Esta es una iniciativa de la organización Ecology Project International (EPI) para concluir el proceso educativo que, por seis meses, combinó contenidos de ciencias con esfuerzos para la conservación.

“Todo empieza con la visita a una reserva donde ellos hacen voluntariado y desarrollan un curriculum académico de 30 horas donde ven, en la práctica, temas del programa de ciencias de noveno, décimo y undécimo años. Después plantean un proyecto que les permite vivir el proceso científico, y sus resultados son los que exponen en esta feria”, explicó Miguel Fuentes, director de EPI en Costa Rica.

¿Es como una feria científica? “Es superdiferente tener que hacer un trabajo solamente por presentarlo, que vivir esta experiencia, en la que uno aprende y puede compartir con otros”, comentó Daniela Bravo, estudiante del Colegio Monterrey, tras exponer las conclusiones del estudio que la llevó a ver cómo la luz de la Luna influía en el desove de la tortuga baula.

Cerca de ella, otros muchachos hablaban sobre si la profundidad del nido afectaría la cantidad de huevos que deposita un quelonio en la playa, o de si la deforestación daña la productividad de las abejas mieleras. Su audiencia compartía edad con los expositores.

“El planeta necesita de otro tipo de ciudadanos. Esperamos que estos jóvenes asuman un rol activo en la conservación, que va desde no botar basura a los ríos hasta generar un impacto en sus comunidades”, comentó Pankratz.

La actividad contó con el respaldo del Ministerio de Educación Pública (MEP), el Ministerio de Ciencia y Tecnología (Micit) y el Ministerio de Ambiente (Minaet). El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la empresa Intel y el Banco Popular se sumaron como patrocinadores.

“Ayer me puse a hacer cálculos. En 20 años, en una noche cualquiera, llegarán cuatro tortugas a desovar. Esas fueron tortugas que cuidamos y, para mí, eso valió la pena”, dijo Alexánder Sáenz, profesor del Colegio María Auxiliadora.