28 noviembre, 2010
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Cuando los ciclistas que pintaba el artista brasileño Iberê Camargo salían a pasear, se encontraban “con desiertos y horizontes que se desvanecían entre las brumas de la incertidumbre”, según comentaba el mismo pintor. Esto generaba un juego hermoso de realidad y espejismo que se confundían, al igual que la vida de las personas.

Después de dejar a su padre pictórico en 1994 –cuando él murió–, esos personajes continuaron viajando en bicicleta y pasaron a formar parte de la colección de más de siete mil obras que alberga la Fundación Iberê Camargo.

Dicha institución cultural se ubica en Porto Alegre (Brasil) y fue creada en 1995 por la viuda de Camargo, Maria Coussirat Camargo. Porto Alegre es la capital del estado de Rio Grande do Sul y el centro económico y político más importante del sur del Brasil.

Esa zona resulta un sector estratégico para el Mercosur debido a su cercanía a Montevideo, Buenos Aires y Rosario.

Dentro de los ejemplos de arquitectura contemporánea, Porto Alegre cuenta con algunas obras destacadas, como el mercado diseñado por el innovador arquitecto uruguayo Eladio Diste. Aún así, ningún edificio erguido en Porto Alegre ha tenido tanta repercusión internacional como la nueva sede de la Fundación Iberê Camargo.

Esa obra arquitectónica se encuentra frente al río Guaíba, sobre la avenida Padre Cacique y fue diseñada por el reconocido arquitecto portugués Álvaro Siza. Él ideó el proyecto entre el 2000 y el 2001, después, entre el 2003 y el 2008, se lo erigió. Ahora es la primera obra de Siza en Iberoamérica.

La calidad rigurosa de la propuesta arquitectónica genera un marcado interés internacional. El mismo Álvaro Siza afirmó que “un museo puede revelar una ciudad al mundo”.

De ese modo, “Porto Alegre se muestra al mundo e inicia una nueva fase para la cultura local”, agregó Underléa Bruscato, doctora en arquitectura.

Trazo maestro. La fundación diseñada por Siza es un riguroso, perspicaz y atemporal manifiesto de arquitectura. La obra responde de modo atento al contexto y la historia, innova en la propuesta tectónica y celebra el espacio y la luz con una sobresaliente composición.

La obra ocupa 1.300 metros cuadrados y consiste básicamente en dos cuerpos arquitectónicos. Uno es un edificio horizontal, donde se alberga el estacionamiento, un auditorio, oficinas y la cafetería.

El otro volumen contiene el principal espacio, que incluye el umbral de acceso (definido por las rampas que se manifiestan en fachadas), la boletería, el atrio de cuatro alturas y tres pisos con tres salas cada uno, organizadas en forma de L dando al atrio y con las circulaciones verticales en los extremos.

El terreno del edificio corresponde a una cantera abandonada que la ciudad entregó a la fundación. El arquitecto planteó una rigurosa adaptación al terreno, donde la obra “se construyó contra el vacío de la cantera, pero cuidando de no aumentar el corte en el cerro”, según describió el arquitecto brasileño Fernando Rihl.

En cuanto al contexto histórico, el diseño trae a colación obras brasileñas de gran factura, como el SESC Fábrica de Pompeia (São Paulo, 1977-1986), de la destacada arquitecta Lina Bo Bardi.

Esa obra magistral conecta los dos cuerpos arquitectónicos de la composición (un edificio horizontal y una torre) por medio de una serie de puentes de forma disímil.

En el plano internacional, esta obra de Siza desarrolla la circulación en rampas planteadas por el arquitecto Frank Lloyd Wright en el Museo Guggenheim de Nueva York en 1959. Asimismo, el diseño del portugués retoma el exquisito espacio central de la composición de Wright, logrando un atrio lleno de luz de cuatro alturas que ilumina de manera intencionada el espacio interno de la fundación.

El ambiente. El cuidado del ambiente fue uno de los desafíos que anfrontó Siza. Él decidió preservar la naturaleza que rodea el edificio gracias a innovadores sistemas estructurales.

Las masas compactas de hormigón recuerdan la tradición paulista, otorgan gran calidad de acabado –muy resistente al clima de la zona– y confieren un fácil manteni-miento. Esta innovación tectónica se debe a la selección de un concreto blanco empleado en sus cerramientos, material que fue elaborado con aditivos de la zona y construido in situ.

Siza celebra el espacio y la luz con una sobresaliente composición espacial, la que genera un diálogo entre arte y naturaleza. El acceso ofrece un umbral exquisito que entremezcla las luces y sombras generadas por las rampas.

Posteriormente se llega a un atrio ampliamente iluminado, cuyo perímetro organiza las circulaciones internas. Estas no interrumpen el flujo de los usuarios dentro de las salas y otorgan una idónea transición entre espacios.

Desde puntos ubicados en el edificio, se perciben hermosos paisajes del río Guaíba. Se ven a través de ventanas: controlados e intencionados detalles arquitectónicos que dirigen la vista sin caer en la tentación de abrir exhaustivamente la fachada.

Esa disposición de líneas visuales evita que el museo se vuelva un mirador, como sí ocurre en obras museísticas de Oscar Niemeyer.

Ciclistas de Camargo. Por la rigurosidad empleada y altísima calidad arquitectónica de la Fundación Iberê Camargo, la obra fue una de las 35 finalistas de la recién celebrada VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, realizada conjuntamente en Madrid y Medellín.

En ciertas ocasiones, la producción arquitectónica mundial cuenta con obras que resultan manifiestos magistrales realizados por autores rigurosos.

Ese “desgaste” en el diseño de una obra exquisita y sólida en materia arquitectónica, hace que los resultados se diferencien del resto de construcciones. Esto solo se logra con un genuino interés por parte de clientes y arquitectos, quienes se suman para generar obras meditadas, y con méritos para ser parte de la historia.

La Fundación Iberê Camargo resulta una obra que resume una pluralidad de temas arquitectónicos que se entremezclan de manera integral. Todos resultan sugerencias para otros proyectos.

Al igual que los ciclistas de Camargo, esta obra maestra transita y busca horizontes que se alejan entre tanta incertidumbre que confunde. El resultado es un manifiesto riguroso, sólido y perenne en la historia de nuestra civilización contemporánea.