31 mayo, 2011

Como generalidad, ahorrar es muy difícil. Los economistas de la Escuela Austríaca sostienen que los seres humanos presentamos una preferencia temporal positiva; es decir: en igualdad de condiciones, preferimos disponer de un bien hoy antes que mañana. Hay gente que da al presente mucha más importancia que al futuro, que considera muy alejado en el tiempo.

Al fin y al cabo, nunca se sabe, dirían algunos... pero el cortoplacismo es una realidad constable que afecta a los Estados, bolsillos y proyectos de toda índole. En otras palabras, no aplica la frase de Martín Luther King de que, si se sabe que el mundo se acaba mañana, de todas maneras habría que plantar un árbol.

Vida vegetativa. Luego de los babyboomers y la Generación X, se habla ahora de un grupo de jóvenes (el rango de edad puede variar por país), que ni estudian, ni trabajan, ni quieren hacerlo, es decir: los ni-nis . Viven el día a día con distensión y manifiestan una alta conformidad con sus vidas, no se piense que lo anterior implica que son felices o algo semejante, simplemente su apatía y falta de densidad existencial los torna vegetativos al punto que el ocio extremo y el satisfacer sus necesidades fisiológicas colma su pequeño horizonte.

No pretendo demonizar un sector demográfico con estas letras, ni mucho menos generalizar, porque siempre ha habido y habrá muchos(as) jóvenes valiosos(as), pero este fenómeno bastante común en países –digamos– grandes ya se hace notorio en Costa Rica. Los ni-nis no podrían subsistir sin el apoyo de su núcleo familiar, por ello no sorprende que permanecen en los hogares de origen hasta ya entrados los treinta años inclusive, después de todo, despegar del nido implica responsabilidades y esas se pagan con trabajo y esfuerzo, y como me dijo una vez un estudiante universitario: “qué pereza, profe”, cuando le dije que tenía que leer un libro; artículo bastante raro y desconocido para muchos, y aunque técnicamente no era un ni-ni , se le parecía mucho, y es justo decir que él esperaba que su universidad le vendiera el título a un precio justo.

Los ni-nis no leen, consumen mucha televisión, en principio son expertos jugadores de video y buscan constantemente sensaciones nuevas. Como nada les cuesta, se aburren constantemente y nada, absolutamente nada, les brinda un sentimiento de profunda satisfacción. De vez en vez sienten algo parecido a un vacío existencial, pero no se complican, pasan a lo que sigue, sea lo que eso signifique.

Según un estudio reciente de la Universidad Autónoma de México, siete millones de jóvenes en ese país se encuentran en la condición que indico en este artículo. El 54% de los y las españoles entre los 18 y los 34 años de edad dijo no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado (Metroscopía, 2011).

Ese mismo estudio reveló que solo el 40% de los universitarios tiene una actividad acorde con sus estudios. Las cifras son –por decir poco– apabullantes y reflejan que los jóvenes no tienen prisa ninguna por dejar de serlo. Pareciera que se desea postergar la adultez cuanto se pueda. Los efectos sociales y económicos de tal decisión son muy significativos.

La adquisición de bienes y servicios es un proceso progresivo aprendido. Nuestros padres o tutores cubren nuestras necesidades hasta el punto en que ya es posible que lo hagamos nosotros mismos. Para eso es necesario insertarse en el aparato social mediante una escolarización mínima y, además, el aprendizaje de un oficio o profesión que permita obtener un salario o ingresos lícitos. Evidentemente, si no hay interés en capacitarse o en trabajar, ello no se traduce imperativamente en una predeterminación a la pobreza; hay muchas variables. Sin embargo en grado de probabilidad, un ni-ni tiene menos chance de ascenso económico y social que un coétaneo que ha seguido la senda del esfuerzo académico y laboral.

Criminalidad. Lamentablemente, existe una tendencia de reclutamiento del crimen organizado hacia esta generación un tanto desprevenida, que se ve tentada por los ingresos fáciles y un relativo mínimo esfuerzo, pero que descubrirá tardíamente que se paga con sangre. En México existen los llamados “Halcones” dentro de los centros educativos, auspiciando que los estudiantes se conviertan en vendedores de drogas de sus propios compañeros, todo ello controlado por los carteles respectivos.

La generación Ni-Ni es rápida y curiosa. Urge motivarlos a un ideal o a una aspiración. De lo contrario, se corre el peligro de que sean atraídos por quienes los usarían y desecharían como a un monigote. Así, casi sin querer, el joven que fue un ni-ni puede terminar convertido en un zeta.