2 octubre, 2011
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Washington EFE Un estudio que afirma que tener la vejiga llena afecta la capacidad de tomar decisiones, otro sobre el contagio del bostezo en las tortugas de patas rojas y un tercero que trata de entender por qué la gente suspira ganaron los premios Ig Nobel.

Los galardones, promovidos por la revista Anales de Investigación Improbable como alternativa divertida de los Nobel que se anunciarán esta semana, se entregaron el pasado jueves en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Un equipo de investigadores de varias universidades se llevó el Ig Nobel de Medicina gracias a un estudio según el cual tener muchas ganas de orinar afecta la capacidad para tomar decisiones.

Mientras, Ana Wilkinson, de la Universidad de Lincoln (en el Reino Unido), y Natalie Sebanz, de la Universidad de Radboud Nijmegen (en Holanda), fueron recompensadas con el Ig de Fisiología por la investigación titulada No hay pruebas de contagio del bostezo en las tortugas de patas rojas.

Por su parte, Karl Halvor Teigen, de la Universidad de Oslo, ganó en la categoría de Psicología por un estudio para “tratar de entender por qué la gente suspira”.

El galardón en Literatura correspondió a John Perry, de la Universidad de Stanford, por ser el autor de la “teoría de la dilación estructurada”.

Esa teoría sostiene que, para ser un “gran triunfador”, hay que trabajar siempre en algo importante y usarlo como forma de evitar hacer otra cosa aún más importante.

Daryll Gwynne y David Rentz recogieron el Ig de Biología por descubrir que ciertos tipos de escarabajos tratan de aparearse con ciertos tipos de botellas de cerveza australiana, mientras que el premio de Física se lo llevó un estudio para tratar de determinar por qué los lanzadores de disco se marean y los de martillo no.

El Ig Nobel de Matemáticas recayó en un nutrido grupo de videntes cuyas predicciones sobre el fin del mundo no se han cumplido, por enseñar al mundo que hay que ser cuidadoso al hacer suposiciones y cálculos matemáticos.

Por último, el Ig Nobel de la Paz lo ganó Arturas Zuokas, alcalde de la ciudad de Vilna, en Lituania, por demostrar que el problema de los vehículos mal parqueados tiene solución: aplastarlos con un tanque blindado.