Más de 500 personas visitaron la aeronave y hablaron con la tripulación

 16 marzo, 2012
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Es capaz de soportar fuertes vientos y lluvias con tal de llegar al centro del huracán. Su objetivo es conocerlo por dentro para así alertar a los países de la región en el momento que este toque tierra.

Esa es la razón de ser del WC-130 J , conocido como Hércules, uno de los diez aviones cazahuracanes con que cuenta la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de EE. UU. (NOAA) para el pronóstico de tormentas .

Ayer, en Base 2 del aeropuerto Juan Santamaría, en Alajuela, más de 500 escolares conocieron la ciencia encerrada en su cabina y conversaron con el escuadrón de reconocimiento N.° 53, ala 403, de la Fuerza Aérea de EE. UU.

Costa Rica fue una de las escalas de la misión educativa que realizan la NOAA y la Fuerza Aérea para hacer conciencia sobre la importancia de prepararse para reducir las pérdidas humanas y materiales. “Un tornado nos puede tomar desprevenidos, pero con un huracán tenemos más tiempo para tomar acciones. Nuestro trabajo es proveer la ciencia que sustenta esa prevención”, comentó Bill Read, director del Centro Nacional de Huracanes de NOAA.

El avión ya estuvo en México y hoy se dirige a la isla San Martín y Puerto Rico, en el Caribe.

Advertir desde lo alto. La temporada de huracanes se extiende desde junio hasta noviembre. En el 2011, este cazahuracanes efectuó 88 vuelos en ciclones tropicales, 13 de investigación sobre el Atlántico y cuatro misiones en el Pacífico.

Con una tripulación de cinco personas, el avión despega desde Misisipí, en EE. UU., y lo más lejos que llega es a las islas Vírgenes, en el Atlántico, así como a Hawái y Alaska en el Pacífico. Un vuelo de reconocimiento puede durar diez horas.

El WC-130 J se diferencia de los aviones WP-3D, popularmente conocidos como Miss Piggy y Gonzo, en que solo se utiliza para realizar pronósticos inmediatos.

“Los WP-3D los usamos para investigación e, incluso, para desarrollar nueva tecnología. El GPS Dropsonde fue inventado a bordo de Miss Piggy”, explicó Read.

Ambos tipos de avión coordinan con el Centro Nacional de Huracanes en Miami, Florida.

Al preguntarle sobre el instrumento con que realizan los pronósticos, Jon Talbot –jefe del Escuadrón de Reconocimiento N.° 53– tomó en sus manos un cilindro biodegradable de unos 40 cm que está atado a un paracaídas.

Este cilindro se llama GPS Dropsonde y dentro tiene varios sensores, un dispositivo de geolocalización (GPS), un microprocesador, una antena y una batería.

“Los sensores miden presión, temperatura, humedad, velocidad y dirección del viento. El GPS envía la posición al satélite hasta que cae al océano”, aseveró Talbot.

En una misión se lanzan entre 10 y 20 cilindros, que caen a una velocidad de 11,5 metros por segundo.

“Transmite datos dos veces por segundo y, como cae de forma vertical, nos dice cómo es la estructura del huracán. Pero lo más importante es que nos da la presión de la superficie, lo cual se relaciona con la intensidad del huracán. Cuando la presión es baja, los vientos son más rápidos”, comentó Talbot.

Al lado de Kyle Larson, meteorólogo de la Fuerza Aérea de EE. UU., hay una computadora.

“Esta computadora recopila la información que toman los diferentes instrumentos, y ese paquete de datos se envía al Centro de Nacional de Huracanes en Miami para consolidar el que será el pronóstico oficial de la tormenta”, manifestó Larson.

Ciencia en el futuro. “No sabía que existía este tipo de aviones que se metían en las tormentas”, expresó Juliana Marín, de Amadita School.

Su compañera, Daniela Soto, agregó: “El avión parece un gran laboratorio y es muy chiva”.

“A mí me pareció muy interesante cómo hacen para conseguir la medida del huracán”, dijo María Paula González, estudiante de sexto grado del Saint Joseph School, y su compañera, Sofía Bolaños, añadió: “Me impresionó que todo lo tienen muy calculado”.

“Me llamó la atención cómo ellos exponen su vida por el bien de los demás, y me parece que son muy valientes”, declaró Andrés González cuando recién salió del avión.

Aunque satisfecho con la labor realizada hasta ahora, Read considera que todavía falta mucho por hacer en cuanto a la ciencia que estudia los huracanes.

“En este momento, la ciencia está tratando de conocer qué está sucediendo en el interior del huracán, que lo hace ser fuerte o no. Si llegáramos a saberlo, seríamos capaces de predecirlos”, puntualizó.

Al respecto, Read manifestó que esto presenta un reto tecnológico por resolver: contar con mejores computadoras no solo para procesar la información, sino para crear modelos más sofisticados que permitan a los científicos predecir cuándo sucederá un huracán.