El vuelo de los búhos neológicos

Ciertos ‘trucos’ Los idiomas tienen formas curiosas de crear palabras, como 'tuitear', 'páilot', 'prof' y 'rumi'

¿Ha visto los rótulos que la irrupción de la fiebre AH1N1 desató en los baños públicos? En uno de estos rótulos se lee: “Aplique alcohol gel para sanitizar’. Igualmente, si usted debe entregar algunos documentos en una oficina pública, la secretaria (o el secretario) tal vez no se los reciba, sino que se los ‘recepcione’.

En Costa Rica, muchachos de veinte años hablan de “pegar hueco” para referirse a ‘hacer el ridículo’ y, en una floristería, la dependiente le dice a un motociclista que le hará un “envoltorio maguiver” para que se pueda llevar un ramo de flores con comodidad.

El idioma está en constante cambio. Se crean palabras nuevas y otras se transforman. El proceso de incorporación de términos nuevos a la lengua se llama ‘neología’. Recientemente, también se ha utilizado el término ‘neonimia’ para referirse a la generación de palabras técnicas (léxico técnico), típicas de los repertorios especializados.

Cómo se crean las palabras. En su libro El lenguaje, George Yule describe los procesos más comunes de formación de palabras. Por ejemplo, la acuñación es la creación a partir de marcas. En nuestra variedad de español han aparecido así términos que se pronuncian ‘clínex’, ‘támpax’, ‘mac’, ‘páilot’, ‘cótex’, ‘támpax’, ‘crayola’, ‘yip’, ‘prestobarba’, ‘gillet’ y ‘scotch’. Todos se basan en nombres comerciales.

En el ámbito de los arquitectos, un ‘sharpie’ es un tipo de marcador del mismo nombre registrado. En los deportes, un reloj especializado se conoce como ‘polar’.

El préstamo es otro fenómeno común en la neología. Es sencillo: tomamos prestada una palabra de otra lengua y la usamos en la nuestra. Por ejemplo, ‘rumi’ (compañero de cuarto) proveniente del inglés ‘roommate’, y ‘breic’ (‘break’) alude a una pausa.

Una forma creativa de hacer palabras la ofrecen las mezclas. Un ejemplo es ‘smog’, que nace de la unión de ‘smoke’ (‘humo’) y ‘fog’ (‘niebla’). En un menú de bocas de cualquier barcito costarricense encontramos las mezclas del ‘chifrijo’ (‘chicharrón’ y ‘frijol’) y del ‘choripán’ (‘chorizo’ y ‘pan’).

Los fenómenos también pueden aparecer combinados. ‘Blog’ surge de la unión de las palabras ‘web’ y ‘log’ (‘diario’ en inglés). Ocurre primero la formación de una palabra por composición, y luego se eliminan algunos elementos: en el inicio de una palabra (aféresis) o en el final de otra (apócope).

La apócope se usa con frecuencia en Costa Rica. De ahí vienen las palabras ‘u’ para universidad, ‘profe’ (más recientemente ‘prof’) para ‘profesor’, y ‘ma’ y ‘pa’ para ‘mamá’ y ‘papá’. En nuestro país también creamos hipocorísticos: nombres familiares o afectivos con los que nos referimos a otras personas.

Costa Rica se caracterizaba por formaciones tradicionales, normalmente bisilábicas, como ‘Mencha’, ‘Quico’, ‘Lucho’ o ‘Coqui’. Sin embargo, hora existe una tendencia –especialmente entre los jóvenes– a utilizar la apócope monosilábica, como vemos en ‘Mo’ para ‘Mónica’ y ‘Lu’ para ‘Lucía’.

Al respecto, un fenómeno interesante es el de la inversión, en la que el orden de una palabra se cambia para generar otra. Por ejemplo, ‘mopri’ para ‘primo’, y luego ‘mop’ por apócope. “Mopri, ¿qué me tacuen?” se entiende como “Primo, ¿qué me cuenta?”.

Es curioso que tales procesos de formación permitan secuencias “prohibidas” naturalmente en la lengua. En español no existen palabras que terminan en ‘p’ o en ‘f’, pero se crean mediante la inversión: ‘mop’ y ‘prof’, por ejemplo.

Productividad léxica. Una lengua es productiva cuando genera cambios y promueve la incorporación de nuevos elementos en cualquiera de sus niveles. La aparición de las redes sociales ha traído consigo también un repertorio léxico particular. Podemos estar ‘feisbuqueando’, ‘gugleando’ o ‘tuiteando’.

Por métodos más tradicionales de creación de palabras –como la derivación–, ahora tenemos ‘blogueros’ en Costa Rica que se ‘loguean’ cada vez que ingresan en algún sitio “la web”.

La incorporación léxica trae consigo también un debate sobre la manera en la que deben incorporarse estos elementos a la corriente léxica del idioma. Por ejemplo, la Real Academia Española (RAE) analiza la grafía con la que deben escribirse palabras tan comunes como ‘whisky’ y ‘jazz’.

El DRAE ha incorporado la palabra ‘whisky’ en su repertorio y la vincula a ‘guisqui’, la grafía que prefiere. Lo mismo ocurría con la alternancia entre ‘jazz’ y ‘yas’, pero esta corrió con mejor suerte y la entrada ‘jazz’ sigue en el diccionario.

Sin embargo, otras palabras sí adoptan los rasgos del español, como ‘bistec’ o ‘suéter’ en Costa Rica.

Vigilantes de novedades. En el mundo hay proyectos que se conocen como “observatorios de neologismos”, favorecidos por la aparición y el perfeccionamiento de métodos de búsqueda y contraste computarizado.

Su método es sencillo: le decimos a un programa de computadora cuál es el vocabulario básico de una lengua, para lo cual podemos incluir la información de diccionarios reconocidos. Luego le pedimos que rastree cuáles son las palabras que no están incluidas en el repertorio básico, pero que sí aparecen en medios electrónicos (periódicos, blogs y cualquier otro tipo de fuente que exista en Internet).

Así, cada día, se puede tener un informe de palabras nuevas o desconocidas. De esta manera puede tomarse el pulso a la aparición de nuevos términos en el idioma. Este proceso se facilita cuando los sitios de contraste elegidos tratan de representar, de manera escrita, la forma de hablar de las personas.

El Centro Virtual Cervantes tiene un “banco de neologismos” que muestra los resultados del proyecto BOBNEO, del Observatorio de Neología de la española Universitat Pompeu Fabra. Este banco incluye neologismos léxicos registrados desde 1988 en distintos medios de comunicación, escritos y orales, en catalán y en castellano. El banco también muestra los resultados del proyecto Antenas Neológicas.

En él participan algunas universidades hispanoamericanas (de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, Perú y Uruguay) y las del proyecto NEOROC (de universidades españolas situadas en Alicante, Cádiz, Málaga, Murcia, País Vasco, Salamanca y Valencia).

La RAE también promovió un observatorio de neologismos conocido como Búho pues trabajaba de noche en la revisión de los diarios españoles. La incorporación de novedades léxicas favorece la renovación de los sistemas de la lengua y crea, junto con su refrescante innovación, otros fenómenos interesantes, como la obsolescencia y la pérdida léxica.

LA AUTORA ES LINGÜISTA Y ESCRITORA. HA PUBLICADO LOS LIBROS ‘EL DISECADOR DE ABUELITAS. CUENTOS COSTARRICENSES DE LA DÉCADA DE 1940’, ‘LOS NIÑOS MUERTOS’ Y ‘PARQUE DE DIVERSIONES’.