23 septiembre, 1997

Nació 1902

Murió 1979

Profesión: farmacéutico

Nacionalidad: costarricense

Para contribuir al desarrollo de la afición equina en Costa Rica, así como al mejoramiento de la cría de caballos de paso y al mayor lucimiento de uno de los espectáculos más apreciados por el público -el tope-, don Juan Rafael Cabezas llevó a cabo una ingente labor en el campo agropecuario. Gran admirador del caballo peruano, en empresas que constituyeron verdaderas odiseas realizó varias importaciones de sementales y yeguas de esa raza, para introducir en las existentes en nuestro país las características de resistencia y elegancia de dichos equinos. En su finca de Alajuela efectuó con frecuencia exposiciones, ferias y subastas a las que asistían los más destacados caballistas del país, donde, con sabiduría y entusiasmo, ponía de manifiesto su gran amor a la equitación.

Juan Rafael Cabezas Duffner
Juan Rafael Cabezas Duffner

El señor Cabezas era personalidad sobresaliente de los topes -ese tradicional desfile de caballos que se efectúa en muchas ciudades de nuestro país, en el que se mezclan grandes y chicos, ricos y pobres, hombres y mujeres para experimentar el placer de apreciar la belleza de las bestias y la elegancia de los jinetes-, cuando en compañía de varios miembros de su familia -especialmente sus nietos- formaba un conjunto ejemplar admirable, en el que destacaba el aprecio, respeto y esmero en el cuidado de los animales.

Nació en Lyon, Francia, en el hogar formado por un costarricense, el doctor Manuel Cabezas Barquero, y una dama francesa. A la edad de 4 años vino con su familia a Costa Rica. Huérfano de madre desde 1910, en su niñez fue inducido por su abuelo a disfrutar de la equitación y a saber apreciar las bestias. La primera y segunda enseñanza las realizó en Alajuela. Obtuvo el bachillerato en el Colegio de San Luis Gonzaga de Cartago. Posteriormente siguió los cursos de la Facultad de Farmacia hasta graduarse. Durante 15 años ejerció la profesión de farmacéutico, actividad que abandonó para dedicarse a tareas agropecuarias en su finca, donde, además de la cría de caballos, cultivó café y tuvo una lechería.

Su entusiasmo con los equinos era tal que en varias ocasiones viajó a Perú para escoger personalmente los ejemplares que traería a Costa Rica. Realizó la primera gran importación en 1964, ocasión en la que un avión depositó en nuestro país varios ejemplares, algunos de los cuales vendió, conservando otros para el mejoramiento de su hato.

La aceptación que tuvo entre los caballistas costarricenses esta inyección de sangre equina peruana, movió a don Juan Rafael a realizar otro importación en el año siguiente. En 1969 extendió la empresa y trajo por mar 81 animales, en un difícil viaje, ya que no contó con ayuda por parte del personal del barco y, junto con un mozo de su finca hubo de atender a las necesidades de tan alto número de animales durante toda la travesía.

En 1975 hizo la última importación, en barco hasta Panamá y de allí a Costa Rica por tierra. El comercio de los animales le llevó a viajar frecuentemente a México y el resto de los países centroamericanos.

Este entusiasta caballista falleció en San José. En 1972 había escrito un libro, El caballo y su Jinete, recopilación de su experiencia de muchos años en relación con el debido cuidado y adiestramiento de los equinos.