30 septiembre, 2012

Como dije recientemente, es práctica normal de la Academia, en los últimos tiempos, adaptar los términos importados a estructuras léxicas más típicamente castellanas.

Hay que reconocer que resulta extraña en español una palabra que termine en lm (como film ), al igual que en b o p (como club y clip ). De modo que, ni corta ni perezosa, la Docta Corporación convirtió –mediante una e paragógica– film en filme , clip en clipe , club en clube, etc.

La política académica de reestructurar las voces adoptadas (procedentes sobre todo de la lengua inglesa) mediante la adicción de una e final ( e paragógica), como en filme, clube, clipe ..., se justifica plenamente desde el punto de vista linguístico; sin embargo, el uso popular se resistió muchas veces a estas modificaciones.

En la actual edición (22ª) del DRAE se halla solo clip y no clipe , aunque acepta todavía film/filme y club/clube . Es el eterno “estira y afloja” de la normativa académica frente al uso popular y aun culto.

Con la adopción académica de cassette ocurrió algo parecido. El vocablo es de origen francés, aunque se popularizó a través del inglés, y se usa para denominar la cajita de material plástico que contiene una cinta magnética para el registro y reproducción del sonido, o, en informática, para el almacenamiento y lectura de la información suministrada a través del computador.

El hispanohablante pronunció siempre (muy acertadamente) / casét /, aunque varió caprichosamente el género (originalmente femenino) para decir / el casét /, masculino.

La Academia, finalmente, resolvió registrar el término como casete , siempre dentro de su idea de no dejar al final de una palabra consonantes tan inusuales como la t .

Le atribuyó, además, un extraño género ambiguo: el casete o la casete , a gusto del consumidor.

Lo triste del caso es que la gente sigue diciendo / casét /, y los periódicos escriben con frecuencia cassette . ¿Servirá para algo ese (o esa) casete de probeta?

Etiquetado como: