Mauricio Espinoza Quesada. 12 octubre
El estadounidense Keith Ekiss, la salvadoreña Sonia Ticas y el costarricense Mauricio Espinoza tradujeron los textos de las 400 páginas de El tránsito de fuego. Este trabajo fue publicado por la editorial Tavern Books de Portland. Foto: Cortesía Mauricio Espinoza.
El estadounidense Keith Ekiss, la salvadoreña Sonia Ticas y el costarricense Mauricio Espinoza tradujeron los textos de las 400 páginas de El tránsito de fuego. Este trabajo fue publicado por la editorial Tavern Books de Portland. Foto: Cortesía Mauricio Espinoza.

Esta historia (la historia de la traducción de El tránsito de fuego de Eunice Odio) comienza a finales de los años 50, cuando las primeras traducciones de su poesía comienzan a aparecer en inglés. Fue José Vázquez Amaral –traductor mexicano de los Cantos de Ezra Pound y amigo de Odio–, quien en 1958 editó un número de la revista literaria New World Writing dedicado a la nueva creación literaria latinoamericana. En esta publicación apareció la traducción de un fragmento de El tránsito (rendido literalmente como Transit of Fire) hecha por Dudley Fitts, reconocido traductor de la época.

La inclusión de la obra de Odio en New World Writing es significativa ya que incluso en 1958, la poesía latinoamericana no gozaba del reconocimiento que lograría en los Estados Unidos más adelante. Y ahí estaba nuestra Eunice, entre los poetas más destacados de la época.

Es importante también destacar que El tránsito apenas se había publicado el año anterior, en El Salvador. Es decir, esta primera traducción aparece tan solo un año después, lo cual evidencia una rápida y convincente circulación de la ópera magna odiana entre los círculos literarios y académicos de la época tanto en Latinoamérica como en Estados Unidos.

Poeta en Nueva York

El siguiente encuentro entre Eunice y la traducción ocurrió un año después, cuando la poeta se marchó de Ciudad de México a Nueva York, donde viviría hasta 1962. Poco después de la llegada de Odio a esa ciudad, Vázquez le presentó a su amigo y colega William Carlos Williams, gran poeta estadounidense cuya madre era puertorriqueña. Los tres se reunieron en la casa de Williams en Nueva Jersey y, tras la visita, Eunice escribió el poema Al poeta William Carlos Williams. El mismo Williams tradujo ese poema de Odio con el título To W.C.W. a finales de 1959.

Tanto el original como la traducción de este poema permanecieron guardados entre los papeles de Williams por décadas. Fueron finalmente descubiertos por Jonathan Cohen (destacado traductor de Ernesto Cardenal y Roque Dalton), quien publicó la versión en inglés en The New Yorker en 2010 y luego la incluyó junto con otras traducciones de Williams en la compilación By Word of Mouth: Poems from the Spanish 1916-1959 (2011).

La de Odio fue la última traducción de un ya para entonces muy enfermo Williams que aparece en este libro. Aunque en su carta Eunice expresa deseos de volver a visitar a Williams en el futuro, esto no sucedería. Odio regresó a México en 1962. Williams murió en 1963.

Traduttora, traditora

De vuelta a México, Odio trabajó como periodista cultural y traductora del inglés –un oficio con el cual se ganó la vida en muchas ocasiones–. En sus cartas al poeta venezolano Juan Liscano y a su segundo esposo, el pintor mexicano Rodolfo Zanabria, Odio se refiere con frecuencia a sus proyectos de traducción: a veces quejándose de lo insulso de los textos que le envían, otras veces expresando emoción ante libros que considera más a su altura intelectual.

Por ejemplo, en una carta a Liscano de 1965, Odio refunfuña del horrible libro sobre animales amazónicos de un tal Sherman, al cual “si le recortamos el millón de adjetivos por pulgada cuadrada, no queda del texto ni la tercera parte”. En una carta a Zanabria (posiblemente de octubre de 1964), ella relata cómo Elena Garro le ayudó a conseguir trabajo en Novaro, editorial más conocida entonces por su publicación de cómics y textos light que por obras “serias”. Ante la realidad de tener que traducir cosas como “Aprenda a teñirse el cabello por sí misma” y trabajar 14 horas o más al día para cumplir con los encargos, Odio exclama que “se me agrió el carácter, la vida y la inocencia”.

La traducción siempre ha sido vista como una forma de traición, ya que nunca se le puede ser totalmente “fiel” al texto original. De ahí quizá la semejanza entre las palabras para traductor y traidor (traduttore, traditore) en italiano. Para Odio, las largas jornadas de tortura traduciendo manuales de belleza o historietas de Tarzán apestaban a traición.

Sin embargo, a veces, la traducción la regocijaba, como cuando relata que por “suerte loca” le han asignado un libro famoso y que ella logrará que “la traducción en español, también sea famosa”. No sabemos a cuál libro se refiere, pero sí sabemos Eunice tradujo obras como Problemas actuales de la hipnosis, de M. H. Erickson y G.H. Estabrooks (Fondo de Cultura Económica, 1967).

En general, poco se conoce de la faceta de Odio como traductora, lo cual implica una invitación abierta para subsanar esta laguna de estudio.

Tránsitos interrumpidos y retomados
William Carlos Williams (1883–1963) fue un admirado e innovador poeta modernista estadounidense. La compilación By Word of Mouth: Poems from the Spanish 1916-1959 incluye la traducción de un texto de Eunice Odio. Foto: Cortesía Mauricio Espinoza.
William Carlos Williams (1883–1963) fue un admirado e innovador poeta modernista estadounidense. La compilación By Word of Mouth: Poems from the Spanish 1916-1959 incluye la traducción de un texto de Eunice Odio. Foto: Cortesía Mauricio Espinoza.

Del periplo de Eunice en Nueva York surgieron otras colaboraciones. La relación entre Odio y Vázquez deparó un segundo esfuerzo de traducir El tránsito. En la carta que Eunice le envió a Williams acompañando su poema, ella le cuenta con emoción que “El Sr. Vázquez Amaral ha hecho ya la traducción del fragmento de EL TRÁNSITO DE FUEGO que a Ud. le interesó. Me parece que la semana entrante la tendrá Ud. en su poder”. Quizá no sería la semana siguiente, pero Williams sí recibió dichas traducciones, las cuales están entre los papeles del poeta en la Universidad de Yale a espera de ser estudiadas y publicadas.

En las décadas posteriores a la muerte de Odio, otros poemas de su autoría han sido traducidos al inglés y aparecido en antologías como Open to the Sun: A Bilingual Anthology of Latin-American Women Poets (1979), The Renewal of the Vision: Voices of Latin American Women Poets, 1940-1980 (1987), y Twentieth-Century Latin American Poetry: A Bilingual Anthology (1996) –en la cual se incluye una traducción de Martha Collins de Prólogo del tiempo que no está en sí, primer poema de El tránsito–.

Sin embargo, la culminación de la gesta de creación poética que representa El tránsito no se completaría hasta este año, cuando la editorial Tavern Books de Portland publicó la cuarta y última parte de The Fire’s Journey, traducción íntegra de las más de 400 páginas de la épica odiana. Los traductores –el estadounidense Keith Ekiss, la salvadoreña Sonia Ticas y este servidor– trabajamos buena parte de este joven siglo en el proyecto, además de traducir decenas de otros poemas de Eunice que han aparecido en 16 revistas literarias de Estados Unidos e Inglaterra y en la antología bilingüe Territory of Dawn: The Selected Poems of Eunice Odio (2016).

A pesar de las diferencias de estilo y visión poética, lo que seguirá conectando las traducciones de El tránsito (la de Fitts, la de Vázquez, la de Collins, las de Ekiss-Ticas-Espinoza, y ojalá otras que vengan a futuro) es lo que Eunice describe en su poema como el carácter pluránimo de su dios-creador-poeta Ion. Este neologismo odiano, que significa “todas las ánimas o almas”, es necesario para poder describir a un Ion que contiene simultáneamente a todos los seres humanos, razón por la cual no puede ser reconocido. En la poesía de Odio, sin embargo, lo pluránimo se extiende de lo ontológico a lo lingüístico. Como dios-poeta, Ion crea las cosas al nombrarlas. Y es así como pluránimo es también la palabra que las abarca a todas, adaptándose de piel en piel y de lengua en lengua. Es decir: el verbo odiano ya ha venido traduciéndose a sí mismo desde el principio, cuando “todo era inminente”.

Además del inglés, poemas de Odio han sido traducidos al francés, italiano, portugués y rumano. Y este mes, la poeta costarricense Monthia Sancho ha presentado la antología Territorio de voces y fuegos, que incluye la traducción de tres poemas de Eunice a 29 idiomas, incluyendo el cabécar y otras nueve lenguas indígenas americanas. Cien años después, Eunice sigue viva de voces –en todas las voces posibles–.