Fernando Chaves Espinach. 10 agosto
Recuperados de charity shops londinenses, estos peluches y objetos con los que trabajó José Rosales llevan consigo historias irrecuperables. Foto: Cortesía de Gasworks.
Recuperados de charity shops londinenses, estos peluches y objetos con los que trabajó José Rosales llevan consigo historias irrecuperables. Foto: Cortesía de Gasworks.

En otra parte, algún desprevenido visitante pensaría que se encuentra en una guardería solitaria. Pero estamos en Gasworks, al suroeste de Londres, casa temporal de docenas de artistas desde 1994. Al inclinarse para apreciar los viejos muñecos y peluches dispersos sobre el piso de madera, los vemos contorsionarse de formas grotescas o graciosas, revueltos, amontonados, fusionados. Si son juguetes, son los de alguien que les imaginó una nueva vida en la que pueden ser lo que quieran.

Entre abril y junio, José Rosales (Heredia, 1993) dedicó su residencia en Gasworks a continuar su investigación sobre el cuerpo, la niñez y el poder que los disciplina y castiga sus divergencias. En el centro de su proyecto estuvo el “carné de salud del niño”, un documento que, a los ojos del artista, inaugura el proceso de normalización de cuerpos que, a veces, se resisten a calzar.

“Mi trabajo siempre va en torno al tema del cuerpo, la niñez y la sexualidad”, explica Rosales. “El cuerpo te puede llevar por dos caminos: a pensar en el pasado, en las formas de aprender, cómo convertirse en sujeto; (y a analizar) cómo ese sujeto es político desde la niñez y cómo, en este presente, me veo como problematizado a razón de mi sexualidad”.

Así, las ilustraciones noventeras tomadas de su propio carné y fotos de su infancia se amplían sobre grandes textiles que, como colchas o cortinas, construyen una casa temporal donde estos “chunches” forman familia.

Rosales aborda el documento oficial como una “ficción política”, surgida del consenso, pero no una verdad única e inobjetable. Al inicio del proyecto, Rosales quería reescribir su carné, pero optó por volverse hacia el archivo personal del álbum de fotos familiares. “Es como lo opuesto al carné de salud porque tiene el grado de especificidad que el carné no tiene, porque está lleno de generalidades. El álbum tiene una carga emocional y particularizante, da espacio a la diferencia y a la variación de la forma expuesta en el carné”.

“(Este tipo de documentos) se divulga como algo neutral, pero lo que hacen es crear una imagen muy clara de lo sano. Mi interés es pensar si lo opuesto de lo sano necesariamente es lo enfermo o más bien lo que no se deja pasar”, dice, refiriéndose a los hitos del desarrollo que se van marcando en el carné. “Pero, ¿qué pasa con cuerpos que no superan estas metas (ni siquiera la primera, que es tener un género definido)?”.

Durante su residencia en Gasworks, José Rosales siguió investigando acerca del cuerpo, la niñez y el poder. Foto: Cortesía de Gasworks.
Durante su residencia en Gasworks, José Rosales siguió investigando acerca del cuerpo, la niñez y el poder. Foto: Cortesía de Gasworks.

Para Rosales, el contraste de la experiencia individual con la rigidez percibida en el carné llevan a “ir más allá y cuestionar la propia identidad, qué significa ser mujer u hombre, si esta ficción de ser mujer u hombre realmente me identifica”. “Por un momento pensé en rechazar este binario (de género)”, dice. “Pero pensé que de forma más consciente políticamente voy a elegir ciertas categorías para sintetizar mis prácticas y deseos en palabras. Al decir ‘soy x o y’, adoptarlo como decisión consciente. Si bien decir que soy homosexual es una categoría que se creó desde el discurso clínico, ahora lo estoy adoptando y pensando como una forma de sintetizar lo que soy, algo activo que decidí ser”.

Otras vidas

En el suelo del estudio en Gasworks, entre las fotos de niñez ampliadas, las figurillas abrazadas crean nuevas relaciones que rompen los usos y destinos de los objetos encontrados. “Lo que pensaba era tener un cuarto y empezar a generar estas familias de cuerpos que pudieran habitar un espacio con relación entre todas ellas”, describe Rosales.

“Hay un impulso hacia que puedan ser tocadas, se les puede aproximar fácilmente. empecé a pensar en esta idea de cohabitar con las cosas, hacer una escultura que tuviera una doble función de ser un objeto de compañía y confort pero también de contemplación”. No son figuras quietas: es algo que se puede manipular, mover, readymades y esculturas con las que se puede vivir.

Los chunches, además, no cargan con las pesadas connotaciones que puedan tener otros materiales escultóricos (como el mármol o el bronce). Recuperados de charity shops londinenses, estos peluches y objetos llevan consigo historias irrecuperables. “No sé dónde vienen estas cosas, pero yo les estoy dando una vida útil, otra vida. Lo que quiero hacer con estas transformaciones es no dejar nada huérfano, que todo sea algo compuesto, una amalgama de cuerpos y afectos que queden juntas para siempre”.

Rosales vivifica estos chunches con la ligereza del juego y la densidad de la memoria que logra conectarlos en el presente. “Me posiciono en contra de pensar que el arte ‘mata’ los objetos (y los materiales) o que los vuelve estáticos. Creo que es lo contrario, que dinamiza sus usos, sus funciones, su historia... Puede tener repercusiones más allá de la de documentar algo y empezar a ponerlo en diálogo con otras cosas”, explica. Las superficies de peluche y colores chillones invitan a manipular los objetos, a tirar sus cuerdas, a darles vuelta para entender sus cuerpos. Es un juego inquietante, sombrío y alegre a la vez, donde las figuras parecen recordar ansiosamente agresiones pasadas al tiempo que celebran una coexistencia transformadora.

Las figurillas crean nuevas relaciones que rompen los usos y destinos de los objetos encontrados. Foto: Cortesía de Gasworks
Las figurillas crean nuevas relaciones que rompen los usos y destinos de los objetos encontrados. Foto: Cortesía de Gasworks

Las vibraciones entre estos “cuerpos” desbordados se amplifica en la casa, donde otros cuatro talleres temporales comparten piso con el de Rosales (con artistas de España, Nigeria, Reino Unido y México). “Es muy interesante ver el trabajo de mis compañeras, es muy enriquecedor y reconfortante ver personas que están trabajando temas necesarios y urgentes, es una llamada de atención para persistir”.

Por ahora, su exposición en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, Aquelarre (hasta el 31 de agosto) prolonga el engañoso jugueteo de lo infantil; basado en El lobo y los siete cabritos, de los hermanos Grimm, explora la ambigüedad de los “buenos” y los “malos” en otros relatos que nos narramos desde pequeños. “En el cuento pasan muchas cosas malas, pero algunas de las peores cosas son acciones que hacen los ‘buenos’, no los ‘malos’, así que pensé en la violencia como catalizador de cambios importantes”, explica.

“Esto es un problema moral, sobre todo (en el país) donde la idea de paz es más una forma de control político que una identidad nacional, una forma de control de la gente ‘malcriada’ que busca resolver sus condiciones adversas”. Que lo digan los eventos recientes, donde el reparto de villanos y héroes se arremolina y se desdibuja en el escenario de la política costarricense. Volver a la infancia para entender el presente y el futuro no es un acto de adivinación ni fantasía, sino, quizá, de justicia.

Sobre Gasworks

Gasworks es un prominente espacio de arte contemporáneo fundado en 1994 en Vauxhall, Londres. Gracias a distintos fondos públicos y privados, ofrece nueve estudios para artistas locales y, cada tres meses, ofrece a cuatro artistas internacionales estudios para que desarrollen su trabajo.

Alessio Antoniolli, director desde el 2005, explica que “es una oportunidad de usar Londres como un lugar para pensar, para ver cómo nuevas ideas pueden formar parte de su práctica y apoyarlos en su trayectoria”. “Normalmente trabajamos con un artista por un año o más para desarrollar su primera exhibición individual en el Reino Unido”, dice.

“Es una oportunidad para hacer su trabajo visible, pero, antes de eso, para que tengan un espacio para desarrollarlo, para discutirlo. Somos una comunidad de artistas. Es un sitio donde el arte no se discute solo académicamente, sino donde se puede conversar de manera informal. Nos gusta pensar que somos parte de esta ecología del arte en Londres. Se trata de estar en un contexto donde estas oportunidades están disponibles y los artistas pueden elegir hacia dónde desean ir”, explica.

Recientemente, gracias a The Shelagh Wakeley Bequest administrado por The Elephant Trust, Gasworks ha brindado más residencias para artistas centroamericanos y de la región latinoamericana.

En Costa Rica
La exposición 'Aquelarre' de Jose Rosales cuestiona el rol de los buenos y los malos en los cuentos infantiles. Cortesía de MADC
La exposición 'Aquelarre' de Jose Rosales cuestiona el rol de los buenos y los malos en los cuentos infantiles. Cortesía de MADC

Otro proyecto de José Rosales, Aquelarre, se exhibe hasta el 31 de agosto en la Sala 1.1 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (Centro Nacional de Cultura, antigua Fanal, avenida 3, calle 5). Tel. 2257-9370 / info@madc.cr