Doriam Díaz. 18 febrero
Jimmy Ortiz ganó el premio nacional en danza 2017 por la dirección de la obra 'H' basada en sus emociones y alucinaciones a causa del hipertitoidismo. Fotos: Jorge Navarro.
Jimmy Ortiz ganó el premio nacional en danza 2017 por la dirección de la obra 'H' basada en sus emociones y alucinaciones a causa del hipertitoidismo. Fotos: Jorge Navarro.

Un quinceañero de Pavas –un “verde” en el cole, de esos calladitos y estudiosos– entró un día a una clase de danza moderna en Desamparados, descubrió que aquello era divertido y “facilísimo” y, después de mostrar unos movimientos en casa, le contó a su familia que se había matriculado. Aquel arrebato de este jovencito le sacudió la vida y hoy, a sus 57 años, el coreógrafo y bailarín Jimmy Ortiz Chinchilla sigue recordando con ilusión la reveladora iniciación.

Hace dos semanas, este artista, quien también es actor y psicólogo, fue anunciado como ganador del Premio Nacional de Danza Mireya Barboza a la mejor dirección por su obra H, con lo cual cosecha una docena de reconocimientos en Costa Rica –10 premios nacionales y 2 de Áncora– en una carrera de 35 años.

Ortiz es un hombre inquieto: coordina la sección de Danza en la Etapa Básica de Artes Integradas de la sede del Pacífico de la Universidad de Costa Rica –sí, forma a bailarines en Puntarenas–, da clases en Promenade, participa en charlas y talleres dentro y fuera del país, baila un dueto con el maestro David Zambrano y crea sus propios espectáculos en el sector independiente. De hecho, H volvió este fin de semana al Teatro de la Danza para su segunda temporada.

Se ha movido tanto que seguirle la pista no es fácil, pero no se debe olvidar el paso que tuvo por Danza Universitaria, el trabajo con el grupo Losdenmedium, y la fundación y dirección del Conservatorio El Barco.

Está convencido de que la danza costarricense vive un buen momento y que hay que dejar que los jóvenes desarrollen sus lenguajes.

Tras estar muy enfermo a causa del hipertiroidismo en el 2016, se sienta a conversar un Jimmy de cabello blanco, de invariable franqueza y de renovada energía. En una larga pausa en los ensayos para la segunda temporada de H, que se presenta este fin de semana en el Teatro de la Danza, la charla nos lleva por su nueva alegría, sus posiciones sobre lo que pasa en el medio dancístico, lo que significó El Barco y su vida en este momento.

–¿En qué momento llega este galardón?

–Siento que estoy en un momento de madurez muy hermoso. Creativamente siempre me siento el mismo inocente, que está buscando e investigando, pero estoy más seguro en cuanto a mis búsquedas estéticas, eso sí, y ahora yo no tengo aquella cosa de tener un grupo. Yo ahora soy independiente; soy yo solo e invito a las producciones a bailarines que me gustan; entonces, quiero trabajar con mucha gente porque hay mucha gente que me gusta: que he formado y también que no he formado que me encanta; entonces, eso creativamente me estimula mucho.

"Es un premio que comparto con todo este equipo de artistas, que es maravilloso; un elenco de primera línea, no solo en la parte artística, sino en la producción, en llevar el espectáculo a cabo… En este tiempo producir un espectáculo de arte es cada vez una cosa más cuesta arriba, así que este este premio nos estimula. Yo siempre tengo muchas ideas; aparte de que después de ese periodo en el hospital (a causa del hipertiroidismo a finales del 2016), salí con unas ganas tremendas de volver al escenario".

–Las enfermedades no son lecciones; sin embargo, al afrontarlas sí se quedan enseñanzas. Después de un año tan duro, ¿qué aprendió con la enfermedad y con la coreografía?

–Lo principal que me dejó es que hay una base de amor en mi vida que no me estaba dando cuenta de que existía: no solo en mi familia, sino que son también amigos y gente con los que he construido una relación en estos 35 años de carrera.

”Esa dosis de amor fue fundamental para entender que mi vida no estaba sola, sino que estaba fortalecida por muchas bases sólidas, que significaban cariño, respeto, admiración y, sobre todo, amor; eso me ayudó mucho.

”Artísticamente, haber entrado en esos estados emocionales tan tremendos que producen las hormonas de la tiroides, me permitió una creatividad renovada. Me siento muy lleno de energía, muy lleno de ganas de trabajar. De hecho, el año pasado monté tres obras H, Historia repitiéndose (con la Compañía Nacional de Danza) y The Fig Tree Waltzes (para una compañía de circo de Estados Unidos). Yo mismo me sorprendí porque tenía muchas ganas. Todo eso es positivo (...).

H viene a significar todo eso. Una H muy Jimmy; es una H que tiene mucho recorrido, mucho mundo que ha vivido”.

–A diferencia de la h muda, su H dice mucho…

–Sí dice mucho aunque es muda: habla español, italiano, francés e inglés porque es una H muy atrevida (ríe). Esa H es lo que siempre me ha gustado trabajar. Mi formación como psicólogo de la Universidad de Costa Rica siempre me ha permitido entrar por los caminos de los estados psicológicos, de las imágenes que recrean los recuerdos, de las alucinaciones, etcétera. La pieza está llena de alucinaciones.

”Ahora esta H es muy política en el contexto en el que estamos y eso me satisface mucho. Siempre he tenido una posición con respecto a la vida, con respecto a la cosas y con respecto a la convivencia en sociedad, y esta obra dice mucho sobre esto”.

–¿Qué plantea en el ámbito político?

–Reclama y exige espacios para la diferencia, espacios para convivencia, espacios para la libertad y espacio para amar.

¿Fue H un exorcismo de todo lo que vivió?

–Claro. Todo es una destrucción. Todos son retazos, pedazos sórdidos y oscuros de algo que se destruyó, que era como me sentía. H es un volver a construirme a partir de la destrucción que provoca el evaluarse, el autopreguntarse, el sentirse indefenso, inválido e impotente, el sentir a la muerte cerca… Mientras estaba tan enfermo, amaba profundamente y quería seguir amando, pero me sentía en un caos, en un torbellino de dolor, de tristeza, pero también de divertimento y de locura.

H es eso: una destrucción que construye. Al final, yo aparezco, como diciendo: ‘Este capítulo se acabó; está superado’”.

–¿Qué siente al verla una y otra vez, porque es muy autobiográfica?

–Me río mucho. Me divierto mucho. Si hay algo que me ha gustado en la vida es reírme de las cosas, en el sentido crítico, en el sentido cínico. La pieza tiene mucho humor: esos dolores, esas cosas que están metidas allí, los presento siempre con humor. Hay mucho humor: humor por lo divino, humor por la muerte, humor por la relación de amor, humor por los estereotipos sexuales, humor en las pasiones…

Jimmy Ortiz recuerda, entre risas, cuando iba a clases en el Taller Nacional de Teatro, ubicado en ese entonces en el Teatro Melico Salazar, a los 17 años:
Jimmy Ortiz recuerda, entre risas, cuando iba a clases en el Taller Nacional de Teatro, ubicado en ese entonces en el Teatro Melico Salazar, a los 17 años: "Me cambiaba la camisa del cole en La Perla y me ponía una camisa guatemalteca para estar acorde". Foto: Jorge Navarro.

–En los últimos años se ha polemizado acerca de la falta de riqueza o de profundidad de algunas de las propuestas en danza; incluso, se ha dicho que se nota cierto estancamiento. Evidentemente, este premio reconoce una obra que tiene un conocimiento muy grande de la situación. ¿Qué piensa al respecto? ¿Harán falta más propuestas como esta? ¿Cómo ve el ámbito de la danza en Costa Rica en el que se incorpora H?

–Yo soy del otro bando. Yo, que tengo la suerte de salir a dar muchos talleres fuera del país, encuentro lo contrario: la danza en nuestro país es muy fuerte a nivel internacional, es muy bien vista y están pasando muchas cosas. Claro, los paradigmas y los puntos de vista de los creadores han cambiado.

”Hay mucha gente joven haciendo creación, antes no pasaba esto, y tal vez hay alguna parte de esa gente joven navegando en aguas más superficiales. Claro, esa sí sería una diferencia con H porque es el trabajo de un artista que no pretende hacer una demostración, sino que se mete en un barco emocional de hablar de estados anímicos muy personales.

”En Costa Rica, hay que admirar y apoyar la danza; creo que hay propuestas muy diferentes y hay mucha gente que está buscando e investigando.

"H es como un aire; una pieza que tiene una gran profundidad, pero es que por algo soy tan viejo, por algo tengo 35 años de estar en el medio de la danza y eso me permite desechar cosas que no quiero, que podrían ser bonitas solamente, por otras que son más arriesgadas, pero que me reflejan más".

–Pasaron 10 años entre el Premio Áncora por Sueños contados y este nuevo reconocimiento. Y en medio hubo muchos procesos de experimentación…

–Estos 10 años me dediqué mucho al Barco; fue una pasión y algo de lo que me siento muy orgulloso porque es un referente centroamericano. Yo le dediqué mucho a la enseñanza (...).

"Ahora, aunque sigo en la parte pedagógica en la Universidad de Costa Rica, me siento más libre y con menos peso porque tener un conservatorio como el que teníamos, de 8 a. m. a 5 p. m., era una cosa fuerte. Ahora, puedo dedicarme más a mis montajes, a las creaciones desde mi perspectiva como artista".

–Hagamos un paréntesis para hablar de El Barco. Le tocó fundar un conservatorio de danza, irse y verlo morir. ¿Cómo valora esa etapa?

–Sí, cuando yo me fui, murió. Y murió como institución artística, pero vea que ahora el medio está lleno de “barcos” (estudiantes del conservatorio) que andan bailando en Costa Rica e internacionalmente, generó un punto de giro con respecto a la danza, ha fortalecido a otras instituciones que se replantearon… Los efectos de El Barco han sido muy positivos.

"Es una lástima que El Barco haya cerrado, pero El Barco cumplió con tres generaciones y unos 75 bailarines muy buenos, quienes, en su mayoría, están activos y han nutrido la escena nacional con sus propuestas (coreografías y festivales). Es decir, fortaleció mucho. En ese sentido, me siento muy contento de un modelo de tal prestigio y que fue fundamental para la danza de este país".

–Se afirmaba que el problema del Barco, para bien y para mal, es que se parecía demasiado a usted y que, por ello, cuando usted se fue, murió. ¿Por qué El Barco no pudo seguir sin Jimmy Ortiz?

–Realmente tenía unas particularidades muy grandes. Además, y sin tratar de ponerme en un lugar que no me corresponde, cuando hay una personalidad y hay alguien que pueda hacerlo, pues está bien que lo haga. Es decir, Pina Bausch fue Pina Bausch porque era Pina Bausch…; está bien que sucedan las cosas así.

"Hay que darle tiempo a las cosas y apoyarlas, para que luego haya las transiciones necesarias, pero siempre tiene que haber alguien delante: ese cabezón, esa persona que golpea y rompe paredes, que tiene una idea y obsesivamente la persigue. Igualmente, uno muchas veces se equivoca y hay que volver atrás, pero eso está bien; no le debemos que tener miedo a esto.

"Si una persona se ha dedicado seriamente toda su vida a este arte, no solo en la práctica, sino que ha investigado y teorizado al respecto, como yo lo he hecho, pues está bien que desarrolle una propuesta..., si uno tiene una idea de formación, si tiene unos principios metodológicos y pedagógicos particulares. Había que esperar un poco, quizá tres generaciones fue muy pronto para que se acabara, pero acordate que, cuando yo me voy, a mí nadie me pidió ninguna transición.

"(...) Fue un esfuerzo que salió de la nada, no es que había un presupuesto hiperespecial para El Barco. Era un esfuerzo que yo lograba conseguir a través de las embajadas, de los consulados y de otras ayudas que conseguía con un gran apoyo de los diferentes ministros de Cultura y de los diferentes directores del Teatro Melico Salazar; fue un gran esfuerzo de encontrar recursos que no existían".

–Aunque sí hubo mucho dinero para el arranque y el dinero…

–Sí, felizmente pudimos construir ese edificio (el del Taller Nacional de Danza, en barrio Escalante). Fue un gran logro pasar de un chunche viejo a hacer este edificio que ahorita están disfrutando todos los bailarines.

–Se dijeron muchas cosas cuando cerró El Barco. Sin embargo, ¿por qué cerró realmente?

–Finalmente, yo estaba cansado. Había dejado de crear, había dejado mi carrera académica, realmente fue un sacrificio demasiado grande y yo ya no estaba para seguir en esas condiciones… Quizá con un presupuesto mayor...

"El Barco tuvo su momento y va a servir para que se creen otras instituciones".

Los bailarines Grei Quezac (der) y Felipe Salazar en un ensayo de 'H' en setiembre del 2017. Salazar ganó el premio a mejor intérprete por este trabajo. Foto: Melissa Fernández.
Los bailarines Grei Quezac (der) y Felipe Salazar en un ensayo de 'H' en setiembre del 2017. Salazar ganó el premio a mejor intérprete por este trabajo. Foto: Melissa Fernández.

–¿Por qué no le pasó la estafeta a alguien?

–En teoría, eso tendría que haber continuado. Una cosa es ver los toros desde la barrera y otra es estar allí en el ruedo: no era así no más. Pero, bueno, ojalá que en algún momento se retomara El Barco. Yo estoy anuente en ceder el material teórico y hacer un análisis, permitir, acompañar, generar… Lo que sí sé, y quiero que quede claro, es que este país tiene muy buen nivel en todos los aspectos en el campo de la danza.

–Está convencido de que Costa Rica tiene un buen nivel, no hay duda. ¿Qué decir acerca del comentario de que en danza “pasa mucho, pero no pasa nada”?

–Esa descalificación es desconocimiento de los nuevos lenguajes; en la plástica o en el teatro, cuando se implementa un nuevo lenguaje, siempre hay una imposibilidad de decodificarlos para leerlos. Entonces, eso es una madurez que tiene que tener el espectador, el observador de la obra.

"No me atrevo a descalificar tan rápidamente a las obras, que si fueron superficiales o no, como hablábamos hace unos días en una charla en el Ministerio de Cultura acerca de la dramaturgia en la danza. Yo decía: no es un problema de dramaturgia, es un problema del lector; tenemos que estar a la altura de las piezas que se están presentando. Hay una relectura de las cosas, hay maneras diferentes de entender.

"Sí creo que hay muy buen nivel y eso se demuestra cada vez que uno sale y se enfrenta a gente de otros países. Sí hay que apoyar a la gente nueva. Y si los rocos que estamos ahorita tenemos problemas de lectura, tenemos que hacer algo".

–Dice que es un problema de madurez del espectador. Entonces, ¿de qué forma estamos ayudando a que madure el espectador?

–Hay muchos mecanismos. Todo este despliegue que se ha hecho, después de muchos años, de ir a las calles con espectáculos gratuitos es una manera de crear cultura coreográfica; todo los que se hizo con Cincunnavegantes, con No Silicona, lo que hacen diferentes grupos, la Compañía Nacional de Danza…

"Acordate que en los años 70, cuando veíamos lo que hacía Elena Gutiérrez, todo mundo decía: ‘pero qué es esa cosa’ porque no estábamos acostumbrados al movimiento sabroso... Ese era un paso hacia una sensibilidad, un crecimiento. Eso está pasando ahora: hay gente muy joven, muy buena, haciendo danza y haciendo propuestas estéticas.

"No podemos comparar un cuadro de Fabio Herrera con uno de Rafa Fernández; no podríamos decir que uno es malo o que el otro es mejor, pero sí podemos decir que son absolutamente diferentes. Y eso es lo que nos está pasando en la danza".

–¿Dónde queda el ejercicio de autocrítica del medio de la danza?

–Claro, es fundamental. Sin embargo, sí sé que hay cierta perspectiva en un sector que quieren disminuir la capacidad de las personas jóvenes con respecto a su quehacer y eso no está bien. Habrá alguno que no sea profundo, pero la gran mayoría hace estudios y búsquedas que les ha llevado un montón de tiempo para cada obra.

–¿Al oír este tipo de críticas siente un flashback al inicio del grupo Losdenmedium?

–Totalmente, acordate cuando Losdenmedium surgieron, al principio, la gente decía: '¿pero qué es eso: ese muchacho no tiene ningún sentido político, no le preocupa la realidad nacional, está volando en una nube'… Cuando fuimos al Festival de Cádiz, recuerdo que toda la nota era como muy socialista y nosotros llevamos Lágrimas naturales; y aquello fue como que nosotros estábamos en el limbo tomando bolitas de no sé qué, cuando yo pensaba que (la pieza) era totalmente política, planteaba una existencia diferente. Eran otros discursos, otra manera de expresar las ideas totalmente diferente.

"(...) Todo va evolucionando; eso es lo que está pasando: estamos creciendo, ya estamos grandotes. Tenemos que aceptar que estamos grandotes. Y si eso está pasando pues enhorabuena: hagamos foros, hablemos más, enhorabuena que la gente escriba de lo que está pasando, enhorabuena que exista crítica, autorreflexión y autocrítica, enhorabuena que la gente se arriesgue a hacer propuestas…".

–Volviendo a hablar de usted: ¿Cómo ha cambiado ese Jimmy que empezó a bailar a los 15 años al de ahora?

–Antes era muy naif, tal vez, pero siempre muy inquieto.

–¿Qué sintió aquel adolescente de Pavas en su primera clase de danza (con Patricia Carreras) en Desamparados?

–Uy, no tenés idea. Me resultó tan fácil y divertido, hasta me acuerdo de la diagonal que estábamos haciendo al final de la clase. Fue, sobre todo, divertido, y yo me dije: ‘¡Qué bonito! Yo no sabía que existía esto’. Para mí fue como descubrir una bola de fútbol, lo que pasa es que no me gustaba el fútbol; fue encontrar algo me encantó hacer con mi cuerpo, el espacio y la velocidad. Me acuerdo que salí ilusionado y pensé: ‘Yo quiero hacer esto, me gusta mucho’. Allí le dije a mi mamá: ‘Vieras qué bonito eso de la danza moderna. Es muy fácil’, y puse música y le mostré a mi hermano y a ella.

"En mi familia siempre se dieron cuenta de que yo iba por allí. Yo era de esos chiquitos aburridos que iba a Los Juncales o a esos famosos salones, a acompañar a mi mamá, a mi hermana y a mis sobrinos, y terminaba bailando con todas las señoras, que sabía bailar todo. ¡Qué aburrido! Pues ese era yo (ríe). Muy calladito en la escuela, muy verde, sobresaliente estudiante. Yo era como un volcancito que estaba allí a la espera; por dicha me incliné hacia las artes, si no no sé qué hubiese pasado.

Jimmy Ortiz sigue lleno de sueños, entre ellos dirigir algún espectáculo de teatro. Foto: Jorge Navarro.
Jimmy Ortiz sigue lleno de sueños, entre ellos dirigir algún espectáculo de teatro. Foto: Jorge Navarro.

–Usted afirmó: “Costa Rica cambió, la danza cambió y las políticas con respecto a la danza también deben cambiar”. ¿Esto qué significa?

–Que se debe democratizar la producción artística en la danza en Costa Rica. Es decir, debe abarcar a todo el sector de la danza y eso es un 20% en compañías nacionales y un 80% (que trabajan) independientes; eso hay que tomarlo en cuenta ya, sin que vaya en detrimento de nadie. Trabajar una serie de ideas para hacer políticas sobre eso es lo que corresponde ahora.

–¿Por qué es tan importante el humor en su trabajo?

–Realmente, soy una persona que tiene mucho humor en la vida. Desde que me reconozco como persona, siempre he manejado mi vida riéndome de ella; creyéndomela, pero no tanto; cuando uno trabaja en medio, siempre sale una sonrisa sardónica para lograr ir sobreviviendo. Es como un bálsamo.

–¿Quién es Jimmy Ortiz a los 57 años?

–Es una persona que sigue en búsqueda, que sigue apasionado por el arte, en especial por el arte de la danza, que le interesan muchos tópicos académicos y está intentando, por muchas vías, dejar cosas escritas y que quiere enseñar y, sobre todo, compartir.

"¿Por qué enseñar? Desde mi experiencia como joven, cuando necesité muchas cosas a lo largo de la vida. A mí me gustaría darle a la gente joven esas herramientas para que, a partir de allí, encuentren otras, pero no pierdan el tiempo en cosas que uno tardó tanto tiempo en darse cuenta. Me encanta enseñar".