Áncora

Garita, traspasando el umbral

El pintor Disifredo Garita vuelve a nosotros en su fascinante obra

Después de 24 años de no exponerse en el país pinturas de Disifredo Garita, el Museo de Arte Costarricense le rinde homenaje. Fue una tarea muy ardua, ya que parecía ser un artista casi olvidado.

Garita, que algunos sitúan como un primitivo, un fauvista o un surrealista, fue en realidad el artista costarricense más sui generis de esa época y no puede ser encajado en ninguna vanguardia; insertarlo en una convención es plantear la antítesis de lo que él era.

En la muestra que se está exponiendo en el Museo de Arte Costarricense aspiramos revelar lo que este creador aporta a la estética del arte costarricense de la segunda mitad del siglo XX, como testimonio de un período de redefinición en el arte nacional.

El recorrido de la exposición empieza cronológicamente con sus años de formación. Después siguen numerosas fases temáticas, entre las cuales se manifiestan los procesos de elaboración pictórica, el punto de inflexión conceptual y técnico -que fue su estadía en México-, el mundo natural en el que está inmerso y del que surgen entre otros, una mirada a lo femenino que es distinta, tierna y sensual, como sensual es el ambiente que lo rodea.

El potencial creativo de Garita va más allá de lo convencional, su arte refleja una caprichosa libertad. La capacidad de comunicación transgresora de este artista no calzó en las corrientes de la plástica costarricense de la época y tal vez por esa razón no se le ha sabido valorar. A su vez se podríamos decir que su obra se contrapone a la pintura en la que predomina lo violento y lo grotesco, tan en boga en esa época.

Su pintura está muy ligada a la mirada, a la observación de su mundo cercano como testigo de los hechos, pero también al universo mágico, tal vez próximo a los movimientos literarios como lo Real Maravilloso del que hablaba Alejo Carpentier.

Nos gustaría que los visitantes comprendieran la riqueza del mundo fantástico de Disifredo Garita, el proceso de búsqueda constante que fue su Leitmotif, y a su vez apreciaran una obra en la cual el empleo de las matemáticas en la composición, la pericia técnica y la intuición estética se dan la mano.

Comentaba Olga Espinach que una vez –alrededor de 1967– llegó a su estudio un muchacho con un rollo de esperanzas debajo del brazo y lo describe como un jovencito delgado, quien le mostró sus óleos hechos sobre gangoche preparado por él, de un colorido vibrante y espléndido. Dice también que sintió que algo especial surgía en él, y que lo envió a la Dirección de Artes y Letras. En ese espacio nació Garita para el público.

Sus primeras obras se caracterizan por la utilización de una gruesa capa de pigmento, color intenso, línea de contorno muy marcada y elementos bastante geométricos que se fueron convirtiendo en formas más orgánicas. La temática que gira alrededor de la mujer rodeada de flora y fauna y el elemento agua es sin duda esencial en este período. Sin embargo, una de las características principales de su pintura es su relación con lo autóctono, que se muestra en las tareas cotidianas, en el colorido, en detalles de los vestidos, los animales y frutos cuyos diseños se asemejan a guardas de vasijas precolombinas. Garita dice que la tradición de un pueblo debe reflejarse en la obra.

La dirección de Artes y Letras le otorga una beca para estudiar en México. Este viaje definitivamente va a ser un punto de inflexión en su carrera como pintor un -point de rupture-, no sólo con respecto a su temática, sino en el oficio pictórico que adquiere, sobre todo si tomamos en cuenta que era autodidacta.

El joven Garita que llega a Ciudad México realizaba una pintura más ligada al expresionismo, pero en poco tiempo, de 1968 a 1971, al graduarse como restaurador y conservador en el Centro Nacional de Conservación de Obras Artísticas del Instituto de Bellas Artes, su obra va a dar un giro conceptual, estilístico y técnico. Su temática cambia, emplea las matemáticas en la composición y su pericia técnica va a ser relevante. Debemos acotar que va a ser el primer costarricense que hace estudios formales en restauración. En México consolida también su expresión poética al publicar dos poemarios, Desde el principio, que fue el primero, y Mi sol es tu sol, que es el segundo. Otros textos que escribe en Costa Rica, luciérnagas artificiales y camarada, se encontraban en preparación. Leer y escribir fueron dos de sus más grandes pasiones.

Pareciera que en 1977 Disifredo Garita traspasa el umbral, ya sea ventana o puerta, su obra se desdobla y es vista desde o hacia una ventana o un arco: es lo externo y a su vez lo interno, una suerte de plano invisible que el espectador comparte con el autor. Son obras construidas matemáticamente, y cada elemento está muy bien calculado. En ellas, las formas geométricas se dan la mano con otras muy orgánicas, en una pintura autobiográfica en la que el artista utiliza una serie de elementos simbólicos de su mundo interior y exterior, y como una alegoría de su mundo soñador.

En la obra de Disifredo Garita la realidad del mundo visible es diferente y puede cruzar los límites de lo real creando otro mundo con una perspectiva diversa. El universo onírico de Garita de ninguna forma es un trastorno de su conciencia que confunde realidad y fantasía, sino que es un mundo quimérico, imaginario fruto de sus sueños, es una apuesta por la fantasía, pero muy ligado a lo espiritual.

Creemos que su pintura tiene muchas capas de información en donde cada uno de los elementos de la obra es simbólico y está asociado a la alquimia porque el artista englobaba al hombre y la naturaleza como una unidad. A su vez, la naturaleza actúa con una fuerza exagerada sobre los seres humanos que pueblan su obra. Sin embargo, felinos, martillas, pájaros, flores o frutos coexisten en sus pinturas de manera simbiótica y son para el espectador elementos familiares tal vez escondidos en su subconsciente. La figura del felino es omnipresente en su obra: tendríamos que plantearnos si Disifredo actúa bajo el disfraz de un animal.

Dentro del mundo natural en el que está inmersa su obra, el agua se convierte en un elemento catártico que aparece repetidamente en sus pinturas.

La personalidad de Disifredo Garita tiene varias vertientes. Una de ellas es la del ser social, buen amigo y persona amorosa con los suyos. Otra es la de un gran solitario que se apartaba de la sociedad, buen lector y amante de la música.

En 1993, después de varios años de no exponer y de vivir aislado en La Esperanza de Batán y posteriormente en San José -en lo que él llamaba “un período de meditación”- y en el que además se dedicó a estudios de alquimia, Disifredo Garita traspasa definitivamente el umbral de los 53 años. Hoy, rendimos homenaje a su memoria.

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