David Díaz Arias. 12 mayo
Manuel Mora, Benjamín Núñez y José Figueres en una recreación del Pacto de Ochomogo que se realizó en 1979 como parte de una producción audiovisual realizada por el Departamento de Cine del Ministerio de Cultura.
Manuel Mora, Benjamín Núñez y José Figueres en una recreación del Pacto de Ochomogo que se realizó en 1979 como parte de una producción audiovisual realizada por el Departamento de Cine del Ministerio de Cultura.

El 17 de abril de 1948, en Ochomogo, ocurrió un encuentro entre José Figueres (líder de los alzados), Benjamín Núñez (cura figuerista) y Manuel Mora (líder del comunista Partido Vanguardia Popular, PVP). El escritor Carlos Luis Fallas presenció todo desde unos arbustos.

Ese pacto fue crucial para que Mora y los comunistas aceptaran el final de la guerra civil de 1948. Hay que recordar que los vanguardistas habían peleado valerosamente contra los figueristas en varios puntos del país y que, una vez que Figueres tomó Cartago, colocaron cientos de trabajadores en Tres Ríos dispuestos a defender San José.

Según los vanguardistas, al día siguiente del encuentro, la deposición de las armas fue negociada por Mora y Núñez a partir de un conjunto de garantías que fueron explicadas en una carta firmada por Núñez y dirigida a Mora.

En ese documento se detallaba que el nuevo gobierno debía dar la cartera de Seguridad Pública a Miguel Brenes Gutiérrez y que la Secretaría de Trabajo debía recaer en Brenes o en un amigo de los comunistas.

Mientras tanto, “los otros puestos del Gabinete que sea preciso destituir, serán ocupados por personas de mentalidad progresista de manera que, el nuevo gobierno sea una garantía para la clase trabajadora y para el pueblo”.

Finalmente, según los comunistas, Núñez adjuntó a esa carta un pliego de garantías para la clase trabajadora.

El Pacto de Ochomogo publicado por Otilio Ulate en 1955. Foto: Cortesía de David Díaz.
El Pacto de Ochomogo publicado por Otilio Ulate en 1955. Foto: Cortesía de David Díaz.
Dos versiones

En 1958, Mora aseguró que esos documentos fueron incorporados al Pacto de la Embajada de México del 19 de abril de 1948.

Según él, los motivos que tuvo para negociar con Figueres eran simples: los vanguardistas querían evitar la invasión de Costa Rica por parte de la Guardia Nacional de Somoza y de los marines estadounidenses.

Ya que las promesas de la carta dada por Núñez a Mora no se cumplieron, desde 1948 los comunistas acusaron a Figueres de haberlos engañado para ganar la guerra.

En 1955, Otilio Ulate dijo en el Diario de Costa Rica que Núñez y Figueres habían tenido “buenas relaciones personales” con Mora, las cuales se basaban en “similitudes ideológicas”.

Ulate reprodujo la carta y el pliego de peticiones mencionados, diciendo que tuvo acceso a esos documentos gracias a que, durante su paso por Panamá hacia el exilio en 1948, Mora fue requisado por las autoridades que hicieron copias de lo que llevaba.

Según Ulate, esos documentos probaban un pacto secreto entre Figueres y Mora que no pudo ser consumado porque hubo una presión muy fuerte de parte de la “voluntad popular”.

En 1967, en una entrevista con Óscar Aguilar Bulgarelli, Núñez confirmó que él, Mora y Figueres se habían reunido en Ochomogo, pero negó que hubiesen acordado un pacto.

Según Núñez, la conversación entre Mora y Figueres en Ochomogo fue un intento de ambas partes por convencerse mutuamente. Empero, se produjo la amenaza de que los comunistas querían defender San José, igual que los republicanos habían defendido Madrid durante la guerra civil española.

En ese contexto, de acuerdo con Núñez, él decidió negociar con Mora lo que el líder comunista insistentemente pedía.

Esto le dijo Núñez a Aguilar: “De lo que ellos solo hablaban… era de que se mantuvieran las garantías sociales, las instituciones sociales, la posibilidad de acción de su grupo, en el orden político que surgiera a raíz del arreglo.

”En cuanto a los dos primeros puntos ya lo habíamos conversado en el Alto de Ochomogo, y como Manuel Mora insistiera en esa parte yo escribí un documento especial dirigido a Vanguardia Popular, en que yo les aseguraba el mantenimiento de esas garantías, aseguraba también la posibilidad de que se impulsaría más y más la reforma social… Esa misma mañana entregué el documento a Manuel Mora”.

De esa manera el testimonio de Núñez de 1967 confirma uno de los puntos medulares defendidos por Mora: la existencia de una carta y de un pliego de peticiones que convencieron a los vanguardistas de rendirse.

Sin embargo, la versión de Núñez cambió en la década de 1980 en una carta que está incorporada al libro de Figueres, El espíritu del 48. Ahí dijo que “la dirigencia comunista estaba dispuesta a seguir luchando, aunque los demás se rindieran”.

“Don Manuel me dijo entonces, que había un medio para tranquilizar al Buró Político. Me pidió que le firmara una carta, que él iba a redactar, en la que aparentemente el Ejército de Liberación Nacional y, desde luego, don Pepe, cuyo representante yo era, les ofreciera ciertas concesiones políticas”.

Núñez dijo que él se negó a firmar esa carta porque no iba a tener ningún valor para Figueres ni para sus seguidores. En esta versión, Mora afirmó que él necesitaba ese documento para convencer al buró político de Vanguardia Popular de deponer las armas.

Núñez habría firmado diciéndole a Mora que esa carta era un documento apócrifo y no tenía “ni podrá tener nunca, valor obligante”. Según Núñez, Mora engañó a su partido para ponerle fin a la guerra civil.

La nueva explicación de Núñez sobre el Pacto de Ochomogo no coincide con lo que el mismo sacerdote había asegurado en la década de 1960. Mora se percató de eso y lo denunció en un artículo que publicó en el semanario Libertad en diciembre de 1986.

El Pacto de Ochomogo, según Vanguardia Popular. En: Portada de Comisión Política de Vanguardia Popular, Los Sucesos de Costa Rica (Venezuela: 1948).
El Pacto de Ochomogo, según Vanguardia Popular. En: Portada de Comisión Política de Vanguardia Popular, Los Sucesos de Costa Rica (Venezuela: 1948).
División

¿Por qué era tan importante para Mora que se esclareciera aquel asunto?

En junio de 1950, en su informe al sétimo congreso del PVP, Arnoldo Ferreto mostró dudas sobre el arreglo pactado entre Mora y Figueres en Ochomogo.

Recalcó las “falsas ilusiones” que crearon entre los vanguardistas los compromisos que asumió Figueres en los documentos mencionados.

Según Ferreto, desde el principio, varios comunistas dudaban de que ese acuerdo fuese a cumplirse. En sus memorias, publicadas en 1984, resaltó los conflictos que hubo en el seno del PVP a causa de la negociación de Mora con Núñez y Figueres:

“Durante la violenta discusión que tuvo lugar aquella noche en el anexo del Hotel Costa Rica, Mora expresó que debíamos confiar en las promesas de Figueres, y que la garantía de ese cumplimiento era el Cuerpo Diplomático. Más tarde pudimos comprobar, en la práctica, que tuvieron razón los camaradas que alegaron que esa garantía no tenía valor alguno”.

Ferreto sospechaba de las acciones de Mora con respecto al Pacto de Ochomogo. En 1986, fortificó sus dudas endosando públicamente el testimonio de Núñez y acusando a Mora de haber traicionado a sus amigos.

Mora defendió su versión como un hecho real, pero Ferreto ya no le creyó.

El contexto de fondo de esa discusión fue la crisis y división del PVP entre 1982 y 1984, un proceso en el que se enfrentaron Ferreto y Mora, acompañados por sus respectivos grupos partidarios, en una lucha por determinar quiénes eran los verdaderos representantes del comunismo costarricense.

Mora y Ferreto utilizaron los sucesos de 1948 como un arma política para desacreditarse uno al otro. Sin embargo, al enfrentarse a Mora, Ferreto hizo más fácil para Figueres y Núñez presentar su versión como la correcta y como la verdadera.

Como una vez lo apuntó Eduardo Mora, la narrativa de Núñez fue un intento para crear “mayores motivos de roces en la izquierda”.

La defensa histórica de la versión de Mora fue emprendida por José Merino en un libro publicado en 1996. Lo que convenció a Merino de lo dicho por Mora fue un documental producido en 1979 por el Departamento de Cine del Ministerio de Cultura, en el que Figueres, Mora y Núñez reprodujeron en Ochomogo la conversación que tuvieron aquella noche de abril de 1948.

Empero, su visión sirvió poco para que la relectura del pasado ayudara en la reparación de un partido cuya memoria estaba mutilada.

¿Quién decía la verdad: Núñez o Mora? Hay una fuente que respalda a Mora muy fuertemente: el diario del embajador estadounidense Nathaniel P. Davis.

En ese documento, Davis confirma las conversaciones entre Mora y Núñez; también menciona la documentación que acompañaba ese acuerdo.

Todavía Somoza no había invadido Costa Rica y no hay evidencia que acuerpe lo dicho por Mora sobre la amenaza de una invasión de marines estadounidenses.

Entonces, ¿por qué se negoció el fin del conflicto? ¿Qué hizo temer a Mora y también a Teodoro Picado para poner fin a una guerra que no tenían perdida todavía? Esas preguntas se resolverán en un próximo artículo.

*El autor es catedrático de Historia de la Universidad de Costa Rica.