Por: Andrés Fernández.   7 septiembre
Edificio de la Ferretería Espiella, avenida 3 y calle Central, hacia 1920. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.

En el número 148, de la revista ilustrada Pandemonium, del 15 de diciembre de 1915, se publicó una propuesta de monumento al almirante Cristóbal Colón. Más adelante, la publicación costarricense aclaraba que el proyecto era obra de los ingenieros-arquitectos Daniel C. Domínguez y Ernesto Castro.

“El monumento se supone construido en La Sabana, en el eje del hoy ‘Paseo Colón’ y a una distancia (…) de unos cuatrocientos metros de la desembocadura de aquel. Entre el monumento y la calle, irá un lago artificial con islas, peñascos, grutas, puentes rústicos y plantas exóticas.

”[Tendrá] un gran basamento o pedestal coronado con la estatua del navegante, de pie, en posición gallarda, con la diestra en ademán de señalar la tierra descubierta, objeto de sus esfuerzos” (El proyecto de Monumento a Cristóbal Colón).

De El Salvador a México

Ernesto Castro Fernández pertenecía a una familia costarricense de cafetaleros y estudió en la Escuela Especial de Arquitectura, en París. De regreso al país, en 1912, se incorporó a la Facultad Técnica de la República.

Por su parte, Daniel Domínguez Párraga era hijo de colombianos y había nacido en San Salvador, el 16 de octubre de 1886. Luego de realizar sus estudios locales de Ciencias y Letras, se marchó a México, donde se graduó en el Colegio Militar de Chapultepec como ingeniero civil, en 1909. Mientras realizaba sus estudios superiores en esa institución, fue nombrado edecán del presidente Porfirio Díaz.

Paralelamente, hizo estudios especializados de arquitectura, disciplina cuya enseñanza estaba fuertemente influenciada por los profesores provenientes de la Academia de Bellas Artes de París. Mientras tanto, en 1905, motivada por problemas económicos, su familia había emigrado a Costa Rica.

Terminados sus estudios, hacia 1910, se dirigió a San Salvador, donde llegó a ser el arquitecto más prolífico entre 1915 y 1940, alcanzando incluso a ser nombrado Director General de Obras Públicas. En el ámbito privado, entre tanto, Domínguez Párraga logró hacerse de un gran prestigio entre las acaudaladas familias de la alta sociedad salvadoreña.

Allí, entre otros edificios comerciales, sería responsable del Café Lutecia, el almacén París Volcán, el Club Internacional, el Banco Agrícola y el Banco Salvadoreño, el Hotel Astoria y la villa Fermina, así como de los edificios Concha de Regalado, Escobar y Gadala María.

Fue también diseñador y constructor de las casas de la exclusiva colonia Dueñas, además de muchas otras en las colonias Escalón, Flor Blanca y en la Alameda Franklin D. Roosevelt; entre otras, diseñó las residencias del doctor Raúl Argüello y de Luisa Daglio; además de una buena cantidad de obras, tanto públicas como privadas, en la ciudad de Santa Ana.

Edificio del Pasaje Central, calle 1 y avenidas central y 2, hacia 1920. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.
De San Salvador a San José

Fue en Santa Ana, también, donde contrajo matrimonio. Sin embargo, la ruptura de dicha unión, en 1943, ocasionó su traslado definitivo a San José, ese mismo año. En la capital costarricense, además de residir su familia, el salvadoreño se había incorporado a la Facultad Técnica de la República, en 1912 también, por lo que ya había ejercido su oficio aquí.

En 1915, junto a otras notables personalidades de la cultura local, fue parte de la comisión organizadora del Día de la Raza (12 de octubre), fiesta en ocasión de la cual presentó, junto a su colega Castro Fernández, la propuesta del monumento a Colón. Ese mismo año –diseño suyo y encargo de la familia Dent– se inauguró el Pasaje Central.

Se trataba de una edificación de arquitectura ecléctica y aires barrocos, con la entrada principal sobre la calle 1, entre avenidas central y 2, que comunicaba con las Arcadas de la plaza Juan Mora Fernández. Flanqueado por dos elegantes tiendas con puertas y ventanas hacia la calle, el pasaje en sí era una calzada que se extendía hacia el este, con portones en ambos extremos y techo de vidrio; mientras que los locales comerciales y oficinas se multiplicaban a ambos lados.

En 1917, en la esquina noroeste de avenida 3 y calle Central, se inauguró el edificio de arquitectura neoclásica de la Ferretería Espriella y Compañía. Diseñado como edificación comercial fue construido en mampostería de ladrillo; su rasgo más significativo era la cúpula de concreto armado, que culminaba el pórtico semicircular que lo abría hacia la esquina.

A partir de 1925, Domínguez Párraga se asoció profesionalmente con el arquitecto José Francisco Salazar. Fue así como realizó Salazar sus primeros trabajos en el ámbito centroamericano; además de intervenir en varios concursos arquitectónicos, en San Salvador diseñó el edificio del Country Club, el del Mercado Emporium, así como varias viviendas, entre ellas las de los señores Miguel Dueñas y Ángel Güirola.

Una imagen tomada alrededor de 1940 del edificio del Banco Nacional de Costa Rica, avenida 1 y calle 4. Fotografía de autor no identificado. Andrés Fernández para LN.
Arquitectura renovadora

En 1936, Domínguez Párraga, de acuerdo con las corrientes de la época, diseñó en un contenido art-decó, la sede del Banco Nacional de Costa Rica. Ubicada en la esquina noreste de avenida 1 y calle 4, fue calificada en su momento como una “obra maestra de seguridad tanto como de elegancia” y fue la edificación más significativa del arquitecto en el país.

En 1939, en avenida 5 entre calles 3 y 5, se inauguró el edificio del almacén Ambos Mundos de Uribe y Pagés, de arquitectura decó como el anterior, pero de líneas más aerodinámicas. En este inmueble se combinó un flexible programa comercial y administrativo en primera y segunda planta, con el de habitación en la tercera.

En la década de 1940, diseñó y construyó el arquitecto varias residencias, en sitios tales como el paseo Colón y barrio Escalante, para todas las cuales utilizó el lenguaje neocolonial hispanoamericano, que entonces estaba de moda. En 1947, Domínguez realizó la ampliación del Banco Nacional, que aumentó dos pisos.

Tres años después de terminada dicha ampliación, habiendo pasado aquel inmueble al Banco Central, hizo el arquitecto un edificio casi idéntico para el Banco Nacional, que se ubicó al este del original, donde antes estuviera la Comandancia de Plaza.

En 1954, cuando el Banco Central pretendió construir su sede definitiva, en un terreno ubicado en calle Central y avenidas 5 y 7, abrió un concurso de diseño. En él, Domínguez Párraga obtuvo el primer lugar, mientras que su colega Teodorico Quirós se adjudicó el segundo; aunque el proyecto no se realizó.

En 1956, cuando se fundó la Asociación Costarricense de Arquitectos (ACA), Domínguez Párraga –miembro de la “vieja guardia” profesional– fue nombrado miembro honorario de esa sociedad, que sería la antecesora del Colegio de Arquitectos de Costa Rica.

Perteneciente a la última generación americana de ingenieros-arquitectos académicos, su práctica profesional se caracterizó por una actitud ecléctica, en la que los lenguajes arquitectónicos fueron utilizados de acuerdo a la ocasión y al gusto del cliente, mas siempre con un conocimiento erudito y una total soltura plástica.

El arquitecto Daniel Domínguez Párraga falleció en San José, el 6 de diciembre de 1959: hoy le sobrevive parte de su vasta y sólida obra.

Edificio del almacén Ambos Mundos, avenida 3 y calles 3 y 5, hacia 1940. Fotografía de autor no identificado. Andrés Fernández para LN.