Andrés Fernández. 5 abril
Entrada principal del Hospital San Juan de Dios, sobre calle 14, hacia 1910. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández para LN.
Entrada principal del Hospital San Juan de Dios, sobre calle 14, hacia 1910. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández para LN.

En un entrañable texto dedicado a la calle de su infancia, anota el letrado Enrique Macaya Lahmann: “El edificio del recientemente desaparecido Almacén Robert –ahora modificado y “alisado” por el gusto moderno, llamado funcional– es obra del arquitecto don Adolfo Boletti, mi primer profesor de matemáticas en el Liceo de Costa Rica; gran sabedor de esta ciencia, pero mal pedagogo.

“La construcción había sido inspirada por el edificio de los almacenes de las fábricas Saint Etienne, de la Calle del Louvre, en París. Sus quince ventanales permitían un enorme despliegue de mercaderías y era lugar obligado para la exhibición de productos nacionales en toda exposición de nuestra industria casera, conmemorando la fecha de la Independencia” (Esta, mi calle, la Calle Central).

El hospital capitalino

Adolfo Raúl Francisco Boletti Fait era nativo del cantón suizo de Lucerna, donde había nacido el 29 de julio de 1876, hijo del ingeniero Orlindo Boletti y de Carmen Fait. Había llegado a Costa Rica a finales del siglo XIX, tras desembarcar en Puntarenas, donde se dedicó a trabajar, aunque hoy ignoramos en qué ramo.

Por entonces, en 1896, llegaba también al país un joven arquitecto italiano destinado a dejar una profunda y significativa huella construida en nuestra capital: Francesco Tenca Pedrazzinni. Ese mismo año, Tenca estableció una sociedad comercial con los hermanos suizo-italianos Lorenzo y Francesco Durini Vasalli, escultores y arquitectos como él.

Adolfo Boletti Fait y un grupo de estudiantes del Liceo de Costa Rica, en 1908. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández.
Adolfo Boletti Fait y un grupo de estudiantes del Liceo de Costa Rica, en 1908. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández.

No obstante, en 1900, la prolífica sociedad llegó a su fin y Tenca se estableció por su cuenta; para asociarse con Boletti, hacia 1904. Al fallecer Tenca, en junio de 1908, su socio quedó a cargo de las obras para el Hospital San Juan de Dios, terminadas ese mismo año; razón por la cual, como en casi toda sociedad creativa, hoy es difícil deslindar la autoría de su diseño.

En cualquier caso, aquella era una obra de lenguaje arquitectónico neo-románico lombardo, muy del gusto de Tenca, que ya lo había aplicado en el Liceo de Costa Rica y en el chalet Troyo, en Cartago. Ahora, se trataba de una enorme “L” que, iniciando su lado corto en la Calle de La Sabana, se extendía casi doscientas varas sobre la calle 14.

Sustituyendo a las construcciones de adobes y bahareque existentes, la nueva edificación de reminiscencias medievales albergó entonces, y en óptimas condiciones, a los salones Umaña y Pacheco, la capilla y otras dependencias; además de la que luego fue llamada “puerta de médicos”, entonces entrada principal del nosocomio, frente a la recién creada Plaza Carrillo (1905).

Un mes después de la desaparición de Tenca, consta que Boletti alquilaba la misma oficina del también arquitecto Jaime Carranza Aguilar, en avenida 2 frente al Sagrario de la Catedral Metropolitana. Hoy, hemos de suponer que fue esa cercanía profesional, lo que los llevó a asociarse unos años después.

Arquitectura comercial

Así, por ejemplo, para junio de 1912, el diario La Información anunciaba: “Carranza y Boletti: constructores de casas, desde las más humildes hasta lujosos chalets, promocionadas en materiales de cemento armado, hierro, tela metálica o madera”; al tiempo que ponían a disposición del público, su propio depósito de materiales.

No obstante, para 1919, Boletti ofrecía sus servicios profesionales como arquitecto al margen de su sociedad con Carranza, mientras que edificaba en la esquina noroeste de avenida 1 y la calle Central, el edificio neoclásico del Almacén Robert (1919), de 1.400 metros cuadrados.

Esa casa comercial se había establecido aquí en 1870, con el señor C. Certain; sin embargo, para 1893, pasó a manos del francés Luis Robert y sus hermanos Alberto y Emilio. Desde entonces, la tienda se especializó en artículos importados destinados, sobre todo, al vestir varonil y, muy pronto, a la confección de ropa hecha en el país, campo en el que abrió brecha.

Cuando Boletti Fait diseñó su nuevo edificio, el Almacén Robert era una de las principales tiendas por departamentos de la capital, así como una de las que más innovó en términos de tecnología contable y, en general, de la aplicable en servicio al público.

En su ensayo Algunos apuntes sobre la historia de la arquitectura costarricense, el mismo Macaya Lahmann detalla: “A finales del siglo [XIX] y principios [del XX], eran pocos los profesionales en arquitectura que ejercían en Costa Rica. Por ello mismo, existen cortos períodos en su historia que los designa un sólo nombre, más que un conjunto de obra”.

Entre dichos artífices, nombra el autor a Tenca y a Carranza entre los más relevantes; aquellos que marcaron períodos con su obra. Por esa razón, cabe especular que Boletti y su trabajo, al haber sido socio de dos grandes arquitectos josefinos, cayeron con facilidad en el olvido ciudadano. Sirvan pues estas líneas para despertar la curiosidad sobre su persona y su trabajo, aún por estudiar a profundidad.

Entrada principal del Hospital San Juan de Dios, sobre calle 14, hacia 1910. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández.
Entrada principal del Hospital San Juan de Dios, sobre calle 14, hacia 1910. Fotografía de autor no determinado. Cortesía de Andrés Fernández.
Docente y ciudadano

Adolfo Boletti fue, desde su llegada, un buen ciudadano en su tierra de acogida. Así, ya en noviembre de 1908, la revista El Fígaro anotaba sobre él: “Es uno de los extranjeros que más se han adaptado afectivamente a nuestro medio. No es de los que vienen movidos por el lucro para después olvidarnos; aquí fundó su hogar y aquí ha gastado muchas de sus energías en bien de la patria.

“En el profesorado ha sido un infatigable vulgarizador, y en ese empeño logró que en el Liceo se fundara la Sección Técnica, la única que en aquel plantel responde a fines prácticos. Como arquitecto es un experto y un artista. (…) Aparte de sus méritos intrínsecos, Boletti es un caballero a carta cabal, y nosotros, mortificando su modestia, trazamos estos rasgos de tan estimable persona”.

En efecto, Boletti Fait fue profesor de matemáticas y dibujo lineal por 15 años consecutivos en el Liceo de Costa Rica; en virtud de lo cual participó en la reforma de su programa educativo, en 1905; al tiempo que se desempeñó por un período, como profesor de Álgebra en el Colegio Superior de Señoritas.

Sin embargo, su gran contribución a la educación nacional fue la creación, en el Liceo de Costa Rica, de su Sección Técnica o de educación vocacional. Esa sección preparaba a los jóvenes en la ejecución de trabajos prácticos en los ramos de la ingeniería y la arquitectura –dibujantes y maestros de obras, entre otros oficios– de donde se desprende su importancia en nuestro medio.

Tal y como lo menciona la nota de El Fígaro, Adolfo Boletti Fait estableció aquí su hogar, al casarse con María Clavera, con quien procreó a Jaime Boletti Clavera. En abril de 1910, integró la Junta Nacional de Socorros, institución que se hizo cargo de los sobrevivientes del nefasto terremoto de mayo de ese año.

Para 1917, era miembro del Ateneo de Costa Rica en el campo de las ciencias exactas y experimentales; mientras que, en diciembre de 1921, aún figuraba como profesor de dichas ramas en el Liceo de Costa Rica. Cónsul de la Confederación Suiza para entonces, falleció en Santa Ana, el 5 de agosto de 1922.