Leyendas
El cadejos
Fabio Baudrit. Posdata, suplemento del Excelsior, 5 de juni de 1976.
Tomado de: Leyendas costarricenses. Compilador Elías Zeledón.
En esta edición se celebran las leyendas de Costa Rica.
Los animales han sido en todo tiempo propicios para supersticiones.
En los tiempos antiguos muchos de ellos merecieron medrosa adoración, hasta en pueblos adelantados como el egipcio, y si nos remontamos a la serpiente del paraíso, el que perdimos por ella, o en la Edad Media, tan dada a encontrar los diablos en cualquier figura más o menos patuda o repugnante; y aun en nuestros tiempos, en su propia casa, en usted mismo encontrará quizás demostración de eso: un graznido de lechuza le da escalofríos al más pintado, pocos se atreven a matar un gato, el cuyeo sigue perdiendo caminantes, las cornejas o tortolitas presagian la muerte, lo mismo que los grillos y las mariposas negras. Los gallos anuncian temblores si cantan a deshora; los perros, si aúllan, ven los demonios; se dice también de un pájaro que guía al león...
Al Cadejos lo han conocido pocos con sus propios ojos; son más los que han tenido el raro privilegio de oírlo a lo lejos, no sé si aullando o rugiendo; pero es infinito el número de los que han sentido, cuando pasa, el ligero cosquilleo de sus uñas sobre la acera, y apenas se consideran gentes que no no crean en él, aunque algunos, que se la dan de científicos, explican su existencia por la de una raza especial de osos amigos de noctivagar por los montes y por ciudades en busca de hormigueros.
No es animal bravío o sanguinario, ni siquiera llega a bullanguero. Jamás atacó a hombre alguno ni hizo mal a nadie. Concreta sus maleficios a un tenaz seguimiento a boca cerrada que emprende cualquier malentretenido hasta dejarlo en su casa; si el miedo se lo permite, vuelve este la mirada y hallará la del Cadejos radiante y encendida como un doble Aldebarán; si achica el paso, anda menos; si hecha a huir, corre el animal, impasible, guardando la distancia, fijos en el extraviado los ojos luminosos. En este sentido constituye una frase hecha; es un mudo reproche.
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