El tiempo escondido
Tras las doce páginas de un almanaque se esconden los 365 días que constituyen un año.
Y por cada página de mes, van de 30 a 31 días, cada uno con sus semanas de siete días cada una.
Y el día se esconde tras las números que aparecen en la carátula del reloj y que nos recuerdan cómo transcurre el tiempo: veinticuatro horas un día, doce horas de día y doce de noche.
Y luego están los más pequeños: los minutos, sesenta de ellos por cada hora y diminutos segundos que se van en un suspiro, también son sesenta, pero en cada minuto.
¿Para qué medir?
Pero no creas que la medición del tiempo es un logro reciente del hombre, todo lo contrario, tan antiguo como su existencia. Y que primero los humanos notaron la sucesión de noches y días y cómo su ciclo vital se basaba en esos cambios de luz y oscuridad.
Luego siguió la conciencia de ciclos que se repetían en la naturaleza: a una época seca seguía la de lluvias y en los países al norte y sur de los trópicos la secuencia ininterrumpida de estaciones, siempre las mismas cuatro.
Esto marcó el ciclo de vida de la comunidad: la época de sembrar la tierra, la de recolectar el fruto, la de preparar el terreno y la de marchar tras las manadas.
Y luego el hombre al observar el cielo e intentar descifrar sus secretos tuvo un grato descubrimiento, el movimiento de los astros también marcaba un ciclo. Instrumentos para medir
Todos estas observaciones llevaron a los hombres de la antiguedad a confeccionar mecanismos para contabilizar el tiempo: calendarios, a veces basados en el año solar y otros en el lunar y relojes de sol, de agua, de arena y finalmente con mecanismos eléctricos y electrónicos.
Así que la próxima vez que te pregunten sobre la hora, pensá que desde la antiguedad los hombres siempre se han preguntado por ello.
Medición del tiempo
Unidad básica: Segundo
Símbolo: s
Unidades derivadas de la medición de tiempo solar
Minuto min = 60 segundos
Hora h = 60 minutos
Día d = 24 horas
Año trópico a = 365,242 días
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