Premian a dos héroes que expusieron su vida por otros

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Juan Rafael Cortés y Armando Flores recibirán el lunes 13 de mayo el Premio Nacional al Mérito Civil, por demostrar con valentía que en ellos habitan los valores de solidaridad, ciudadanía y amor a la vida.

En el 2011, Flores rescató a una mujer que se lanzó del puente del río Tiribí, mientras que en el 2012, Cortés salvó de las llamas a una niña de tan solo cuatro años.

Como le era usual, Juan Rafael Cortés se había levantado ese día antes de las tres de la mañana, para iniciar su ruta de recolección de basura en Alajuela. La última urbanización a la que tenía que entrar el camión se convertiría en el escenario de su hazaña.

Casualmente, los recolectores ese día decidieron empezar a recoger la basura en el fondo de la urbanización Monterrocoso. De no haber sido así, la casa de donde Cortés vio salir humo negro, habría sido la última que a la que habrían ido.

Frente a la casa en llamas había una señora con su hija, ambas en llanto. Juan Rafael solo acató a escuchar que había otra niña dentro del incendio, cuando entró a rescatar a la menor. “A mí lo que se me vino a la mente fue mi hija. De la angustia, comencé a ver por dónde ingresaba”, dijo a La Nación .

Al entrar en la humilde casa y empezar la búsqueda, el humo y el peligro eran tales, que pensó en darse por vencido. Cuando estaba por salir, volvió la mirada y en la esquina de la habitación vio un bulto pequeño. Era la niña de cuatro años: la misma edad de su hija Pamela. Además de rescatarla, logró sacar varias pertenencias de la familia que estaban en otra habitación, incluyendo un cilindro de gas que estaba a pocos metros de las llamas.

Por su parte, Armando Flores, de casualidad, regresaba de hacer una cotización de transporte en Escazú, cuando por el puente sobre el río Tiribí, camino a San José, vio desde su camión cómo una joven se lanzaba al vacío.

Flores estacionó el vehículo y se bajó a ver qué había sucedido. La mujer solo se golpeó y, aún viva, era arrastrada por el río.

“Cuando me di cuenta, la corriente se la llevaba. Entonces me brinqué la pista y ahí fue donde me dio el valor de tirarme a un lado del puente”, contó Flores.

La muchacha, de veintitantos años, se fracturó la cadera y la mano. Una piedra la detenía de ser llevada por la corriente. Armando descendió por el zacatal y, al llegar a auxiliar a la joven, pidió ayuda a quienes observaban desde arriba. Poco más de una hora después, rescatistas de la Cruz Roja arribaron al sitio y la joven fue atendida.

Las víctimas de ambos sucesos están vivas hoy.

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