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¿El amor es un sentimiento o un comportamiento?

Cambio en genes logró que ratones se enamoraran

Actualizado el 19 de junio de 2013 a las 08:53 pm

El amor efectivamente sí le cambia el cerebro – al menos, si usted es un ratón de campo, alerta un nuevo estudio.

El estudio, hecho por la Universidad Estatal de Florida, se publicó en la revista Nature Neuroscience.

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El estudio evalúo patrones de comportamiento y apareamiento en ratones. (Handout via Emory University)

Nature News

Los ratones de campo (Microtus ochrogaster) desde hace mucho han sido de interés para los neurocientíficos y endocrinólogos que estudian el comportamiento social de los animales, en parte porque esta especie forma parejas monógamas, esencialmente apareándose de por vida. La unión en pareja de los ratones, que compartan los roles paternos y que construyan los nidos igualitariamente los convierte en un buen modelo para comprender la biología de la monogamia y el apareamiento en los humanos.

Estudios anteriores han demostrado que los neurotransmisores oxitocina y vasopresina juegan un papel importante en lo que respecta a inducir y regular la formación de la unión en pareja. Se sabe que los ratones de campo monógamos tienen niveles más altos de receptores para estos neurotransmisores que los ratones que todavía no se han apareado; y cuando a los ratones de montaña (M. montanus) de otra forma promiscuos se les administra oxitocina y vasopresina, adoptan el comportamiento monógamo de sus primos del campo.

Debido a que el comportamiento parecía jugar una parte activa en el cambio de la neurobiología de los animales, los científicos sospechaban que habían involucrados factores epigenéticos. Se trata de modificaciones químicas a los cromosomas que afectan la forma en que los genes se transcriben o suprimen, en oposición a cambios en las propias secuencias genéticas.

Pócima del amor

Para buscar pistas de agentes epigenéticos en acción en el comportamiento monógamo, el neurocientífico Mohamed Kabbaj y su equipo de la Universidad Estatal de Florida, en Tallahassee, tomaron ratones de campo que habían sido alojados juntos durante 6 horas pero que aún no se habían apareado. Los investigadores inyectaron medicamentos en el cerebro de los ratones cerca de una región llamada núcleo accumbens, estrechamente asociada con el refuerzo de recompensa y placer. Los medicamentos bloquearon la actividad de una enzima que normalmente mantiene al ADN fuertemente cohesionado y que, por tanto, previene así la expresión de genes.

El equipo descubrió que los genes para los receptores de la vasopresina y la oxitocina habían sido transcriptos, y como resultado el núcleo accumbens de los animales contenía altos niveles de estos receptores. A los animales que se les había permitido aparearse también tenían altos niveles de receptores de vasopresina y oxitocina, confirmando la relación entre la formación de parejas y la actividad de los genes.

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"El apareamiento activa esta área del cerebro que conduce a la preferencia de una pareja – podemos inducir este mismo cambio en el cerebro con este medicamento", explica Kabbaj.

Curiosamente, la inyección por sí sola no puede inducir la preferencia de una pareja. "El medicamento por sí solo no hará todos estos cambios moleculares – se necesita el contexto: es el medicamento más las seis horas de convivencia", dice Kabbaj."Este es un estudio que yo mismo quería hacer hace años", señala Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, situado en Bethesda, Maryland. "Si el apareamiento produce la liberación del neuropéptido, ¿cómo se intensifica durante el resto de la vida del animal? Para mí, este estudio es la primera demostración experimental de que el cambio epigenético sería necesario para el cambio a largo plazo del comportamiento", considera.

"Este trabajo realmente muestra que hay un mecanismo epigenético detrás de la formación de parejas – nosotros mismos lo hemos buscado y no lo hemos encontrado", dice Alaine Keebaugh, de la Universidad Emory, en Atlanta, Georgia, quien también estudia la neurociencia de los ratones de campo.

Kabbaj dice esperar que el trabajo finalmente pueda conducir a un mayor entendimiento de cómo lo factores epigenéticos afectan el comportamiento social en los humanos – no sólo en la monogamia y la formación de parejas, sino también en enfermedades como el autismo y la esqu.izofrenia, que afectan las interacciones sociales.

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