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Alerta de expertos en salud

Los peligros que esconde ser un adicto al trabajo

Actualizado el 21 de abril de 2014 a las 12:00 am

Más de 10 horas de labores por día y llevar trabajo a casa afectan el cuerpo y la mente

Algunas secuelas son males gástricos, cardiacos, y difíciles relaciones afectivas

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Los peligros que esconde ser un adicto al trabajo

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Durante diez años, Berto Pena, de 42 años, fue adicto al trabajo. El día se le iba en reuniones, escribir correos, llamar por teléfono y coordinar tareas con un gran número de personas en todo el mundo.

“Mi rutina era triste”, recuerda. “Consistía en llegar, empezar e intentar hacer el mayor número de cosas. No trabajaba de forma inteligente. Era un hámster que, a diario, se subía a una rueda y corría”.

Para Pena, la cronología fue idéntica a la de cualquier adicción: partió como algo ocasional y, poco a poco, el trabajo a deshoras fue la tónica general, y la espiral de estrés afectó su salud y entorno familiar.

Al borde de perderlo todo, un día compró un libro de productividad personal en el aeropuerto de Seattle y empezó a cambiar hábitos.

“El origen de esta adicción es doble”, afirma. “Por un lado, el desconocimiento, ya que no sabemos trabajar bien. Y, por otro, la excesiva priorización del trabajo frente a nuestra vida personal”.

Los especialistas recomiendan no pasar tanto tiempo frente a la computadora; incluso, en horas laborales, es recomendable levantarse del asiento y estirarse al menos una vez cada hora. | NYT.
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Los especialistas recomiendan no pasar tanto tiempo frente a la computadora; incluso, en horas laborales, es recomendable levantarse del asiento y estirarse al menos una vez cada hora. | NYT.

Hoy, Pena es invitado por las empresas para contar su pasado como workaholic, neologismo para definir a quienes tienen una relación compulsiva con su ocupación.

Un hábito cada vez más común: personas que laboran más de 10 horas diarias y, a menudo, se llevan tareas a casa los fines de semana.

El workaholic descuida salud, tiempo de ocio y relaciones afectivas. Su única preocupación es el trabajo, pues, a partir de él, se define su identidad y autoestima.

Un fenómeno que creció a la par de la masificación de la tecnología: la mayoría están pegados al correo electrónico o al celular y disponibles 24/7; son incapaces de desconectarse.

Por años, esta conducta fue visto como positiva. Sin embargo, las últimas investigaciones derrumban dicha tesis.

“El exceso laboral afecta la creatividad, capacidad de decisión y sensibilidad ética. La severidad de los problemas de salud en gente joven es importante”, sostiene la investigadora de la Universidad de Pennsylvania, Alexandra Michel.

Hace unos meses, Michel hizo un estudio de cuatro grupos de ejecutivos que ingresaron a dos bancos de inversión estadounidense.

Lo que en un inicio sería un seguimiento a los cambios de su comportamiento, reveló impactantes conclusiones sobre estrés laboral.

“Su rendimiento individual empezó a verse afectado al cuarto año debido a colapsos físicos”, dice. “Solo las habilidades técnicas permanecieron intactas”.

Superar esta dependencia requiere primero de tomar conciencia del estilo de vida. Y, luego, establecer un equilibrio entre familia, empleo y planificación de vida.

“Si por años las empresas se preocupaban por el ausentismo, hoy el fenómeno que se estudia es el presentismo”, dice Elisa Ansoleaga, investigadora del Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo de la Universidad Diego Portales.

“Son personas que están físicamente en su lugar de trabajo, pero se hallan funcionalmente ausentes por una razón de salud. Es un problema país; las empresas no pueden premiar a gente que va a trabajar enferma”, concluye.

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