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Francia se debate entre conservación de monumentos versus instalación de molinos eólicos

Actualizado el 16 de noviembre de 2013 a las 12:13 pm

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Flers, Francia

Los proyectos de Francia de aumentar su parque de molinos eólicos han puesto en pie de guerra a los defensores del paisaje y los  monumentos históricos, en un país que sigue siendo el primer destino turístico mundial.

El país tiene 43.000 monumentos y sitios clasificados como patrimonio nacional, de los cuales 38 están incluidos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y 4.000 molinos eólicos repartidos en su territorio.Francia es un gran productor de energía nuclear, pero quiere aumentar la producción de energía durable, para lo cual aspira a triplicar de aquí al 2020 la cantidad de molinos eólicos. Ese escenario preocupa a los defensores del patrimonio."Estamos rodeados", declaró Erik Wallecan, propietario de castillo de Flers (norte), señalando los molinos de 110 metros de altura implantados en un claro del parque diseñado por Jean-Marie Morel (1728-1810) que domina las colinas de Artois.Wallecan, belga apasionado por el siglo XVIII francés, acaba de lograr una rotunda victoria contra la Compagnie du Vent, filial del grupo GDF-Suez, el gran grupo de energía francés.La justicia reconoció "un perjuicio estético de degradación del entorno como resultado de una desnaturalización total de un paisaje bucólico y campestre".GDF-Suez sostiene que fue "más allá de la reglamentación, que prevé una distancia de 500 metros de las viviendas".

El castillo de Saint Michel es un de los monumentos más visitados en Francia se vría amenazado ante la instalación de molinos de viento
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El castillo de Saint Michel es un de los monumentos más visitados en Francia se vría amenazado ante la instalación de molinos de viento (AP)

No obstante, la inadaptación de esa reglamentación es demostrada por el hecho de que "50% de los casos están en los tribunales", declaró presidente de la Sociedad para la Protección de los Paisajes y de la Estética de Francia, Alexandre Gady.Situaciones similares a la del castillo de Flers se producen en las distintas regiones de Francia.En el departamento de Charente-Maritime, cerca de la costa atlántica, la capilla de Santa Radegonde de Courant, cuya base data del siglo XIII, va a ser rodeada de molinos eólicos.En el sur del país, varios pueblos crearon una asociación denominada Preservación del Turismo y de los Sitios del País de los Pirineos Cátaros.La Federación de Energías del Viento se esfuerza por minimizar la amplitud del impacto para los paisajes y publicó en su portal una argumentación según la cual "en todos los tiempos, los modos de producción y de transporte de energía han modelado nuestros paisajes"."El molino eólico es un objeto que trivializa, que aplasta todo", argumenta Alexandre Gady."Se habla de biodiversidad, pero existe también la diversidad de los paisajes", alega Michel Collot, autor del libro El pensamiento-paisaje."Estamos ante un conflicto entre una lógica ecologista, que ve la salvaguarda del medio ambiente en términos de pura economía energética, y una lógica de paisaje, cargada de identidad, de valor afectivo y cultural igualmente importante".Francia ratificó en 2006 la Convención Europea de Paisajes, pero la protección de sus paisajes es competencia del ministerio de Ecología, cuya prioridad es el desarrollo de la energía eólica.Sin duda es por eso que la UNESCO, que consideró amenazado el Monte Saint-Michel y su abadía milenaria, patrimonio de la humanidad y uno de los monumentos más visitados de Francia, exigió una zona de exclusión de 20 km alrededor del mismo.Pero la preservación de los paisajes y el patrimonio es también una necesidad económica en un país que sigue siendo el primer destino turístico mundial, con 76,8 millones de turistas extranjeros por año e ingresos de 37.000 millones de euros para el sector."El Estado francés no tiene en cuenta el impacto de los molinos eólicos para los empleos en el sector del turismo", estima Patrick Weiten, presidente del Consejo General del departamento de Mosela (este).Weiten demandó a Alemania ante la Comisión Europea por considerar que, al instalar molinos eólicos a menos de 200 metros de la frontera, ese país hace correr el riesgo de perder parte de sus 80.000 visitantes anuales al castillo de Malbrouck, monumento histórico situado a un kilómetro de distancia."La protección de los empleos es capital hoy", afirma también Richard Vainopoulos, presidente de la red de agencias de viajes TourCom, que se incorporó al colectivo PULSE (Por un Litoral sin Molinos Eólicos).Vainopoulos cita estudios de impacto según los cuales el número de visitantes extranjeros podría disminuir 30% a 50% en los paisajes estropeados por los molinos eólicos.

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