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Se exhibe en el calvario y santo sepulcro

Una familia es la dueña del ‘crucificado’ cartaginés

Actualizado el 12 de abril de 2017 a las 12:00 am

Los Céspedes mantienen la imagen en convento desde hace más de un siglo

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Una familia es la dueña del ‘crucificado’ cartaginés

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Imagen fue adquirida por el cartaginés Antonio Céspedes y prestada al convento de los Capuchinos Menores, en Cartago. | FERNANDO GUTIÉRREZ.

La imagen del crucificado que los cartagineses ven en el calvario y el santo sepulcro tiene más de 100 años de historia.

A principios del siglo pasado, Antonio Céspedes, un acaudalado cartaginés, mandó a traer a España una réplica de Jesús crucificado.

La había visto en una revista y lo dejó tan impresionado que quería tenerla en la capilla familiar de su casa, ubicada al costado sur de donde hoy están los tribunales de justicia, en Cartago.

Céspedes hizo el pedido vía carta, sin tomar en cuenta las dimensiones de la escultura del Cristo.

Cuando el crucifijo llegó en barco, el hombre se vio sorprendido por sus dimensiones. La imagen tenía una altura de 1,70 metros y pesaba aproximadamente 77 kilos.

Con ese tamaño, la escultura apenas entraba en la pequeña capilla de Céspedes.

Entonces, se le ocurrió ofrecerla en préstamo al Convento de los Capuchinos Menores, pero con la condición, dicha a fray Federico de Barcelona, que siempre un miembro de su familia sería el custodio de la imagen.

Tradición

El franciscano aceptó aquel compromiso y la escultura de madera fue trasladada al convento.

Aquel préstamo se hizo “eterno” y hoy acumula más de un siglo de vigencia.

La promesa también fue duradera, pues el compromiso de que un familiar sea el custodio de la imagen de Jesús se mantiene y ha pasado de generación en generación en esta familia.

Rogelio Coto Brenes, de 87 años, nieto de José Joaquín Coto y de Bernabé Céspedes, es quien cumple hoy con esa función. Luisita Céspedes, la última de sus tías abuelas fue quien le delegó tal responsabilidad desde 1948.

Hoy, la imagen del cristo adorna el altar del Convento de los Capuchinos Menores, en la Vieja Metrópoli y es utilizada en las procesiones de Semana Santa.

La figura ayuda tanto para la representación de la crucifixión del Redentor en el calvario, como en el entierro en el santo sepulcro.

“A mi edad, ya debo buscar otro custodio de la imagen dentro de nuestra familia”, aseguró Rogelio Coto.

Sin embargo, el octogenario parece no tener prisa: “Ya tomaré esa decisión oportunamente”, concluyó.

La llegada de esta representación de Cristo al convento de los capuchinos obligó a la creación de un grupo de portantes. Estas personas, desde hace muchas décadas, son las encargadas de cargarlo en hombros, auxiliados por fajas especiales para proteger sus cinturas.

Se debe tener mucha fortaleza física para llevar la imagen. La mayoría de estos hombres, con esa acción, pagan “promesas” al Nazareno.

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