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Casa Museo: corazón citadino

Actualizado el 12 de julio de 2015 a las 12:00 am

Una casa centenaria, una pareja de restauradores belgas, un legado artístico. Esa es la receta para uno de los secretos mejor guardados de San José

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Casa Museo: corazón citadino

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A Jean-Marc Steylemans y Mireya Gurdián Agüero los une más que la casualidad de haber nacido, ambos, el 7 de diciembre –aunque con varias décadas de diferencia entre una fecha y la otra–. Ella tiene 98 y el apenas pasa los 50. Al arquitecto belga y la pintora costarricense les es común la sensibilidad hacia el arte y, en particular, el amor a una casa.

La Casa Museo.

La historia de una de las casas más antiguas y emblemáticas del centro de San José pasa por ambos, y por sus familias. Entre todos, han tejido un relato de arquitectura, de arte, de urbanismo, que se ha mantenido vigente, en el pecho de barrio Amón, contra toda probabilidad, a lo largo de más de un centenar de años.

Hoy convertida en un santuario salido de épocas olvidadas, Casa Museo palpita como un corazón citadino. Entre la Alianza Francesa y el Instituto Nacional de Seguros, la actual residencia de Jean-Marc y su esposa, Nathalie Robin, pasa casi desapercibida ante la mirada de los transeúntes.

Cuando el siglo XX recién despuntaba, la familia Gurdián Agüero construyó una casa a la usanza de las viviendas urbanas que brotaban en el barrio durante la época. Fue en 1964 que doña Mireya, hija de los dueños originales, gestó la idea de modificar la fachada y, más tarde, al resto de la casa.

Casa Museo se encuentra 100 metros oeste del INS, en el centro de San José. Foto: Diana Méndez.
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Casa Museo se encuentra 100 metros oeste del INS, en el centro de San José. Foto: Diana Méndez.

Su intención era, en cualquier caso, ir más allá del mero espacio residencial sino, desde su sensibilidad como artista, construir una obra viva en la ciudad.

Pronto, la sencilla casa se convirtió en un lienzo de concreto en el que se abrazaban una multitud de estilos artísticos y arquitectónicos de distintas épocas y orígenes. En 700 metros cuadrados, Gurdián Agüero construyó cinco pisos, ocho habitaciones, ocho baños y varias salas; cada espacio es un testamento al detalle y al trabajo artesanal.

Pese a la magnificencia de su hogar, doña Mireya no pudo sostener la casa y, en el 2000, se vio obligada a dejarla. Durante 11 años, la vivienda fue sometida al abandono y al deterioro. El inmueble padeció con crudeza esos años y solo la calidad de los materiales utilizados por Gurdián Agüero a lo largo de un siglo de existencia de la casa la salvó de desplomarse.

Ese fue el desolador escenario que encontraron Jean-Marc y Nathalie la primera vez que vieron la casa que eventualmente se convertiría en su hogar y en su proyecto: “¿Y si la restauramos?”.

La casa no es patrimonio histórico porque los dueños no lo quieren: dicen que las leyes los limitarían. | FOTO: DIANA MÉNDEZ
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La casa no es patrimonio histórico porque los dueños no lo quieren: dicen que las leyes los limitarían. | FOTO: DIANA MÉNDEZ

“La vimos como cualquier persona que pasa enfrente”, recuerda Jean-Marc. “La casa tenía potencial, pero estaba fea y llena de ratas, con las ventanas tapadas con gypson. Era una lástima”.

Seis años antes, la familia belga había migrado a Matapalo, Puntarenas, con la intención de escapar de las presiones de vivir en una capital europea como Bruselas. En la selva criolla emprendieron un proyecto de reforestación que les permitió vivir cómodamente. Sin embargo, la necesidad de brindar una buena educación a sus hijas los obligó a trasladarse a San José. Así fue como encontraron la Casa Museo.

Durante 4 años, la pareja trabajó de pleno en devolver a la casa su esplendor de antaño, su vieja gloria. Como una máquina en el tiempo, hoy Casa Museo se abre como una galería de arte a recorridos de visitantes.

“Ahora nos gustaría vender la casa o alquilarla. Queremos encontrar otro proyecto“, agrega Jean-Marc.

Dice que hay muchas casas ahí afuera, esperando, como esta, ser devueltas a su antigua gloria, a ser obras de arte urbano, palpitantes corazones citadinos.

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