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Obras son lideradas por Centro de Patrimonio

Comandancia de Heredia revive su pasado carcelario

Actualizado el 31 de enero de 2014 a las 12:00 am

Edificio de influencia neoclásica conserva un 50% de su integridad

Restauración se inició en setiembre pasado y costará ¢450 millones

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Empezaba la década de los 30 del siglo XX y José Joaquín Zúñiga Vílchez era un niñito de origen muy humilde, que recorría las calles de Heredia de la mano de su mamá. El chiquillo, de pies descalzos y pantalones cortos, quedaba boquiabierto ante un enorme edificio, diagonal a su casa, custodiado siempre por policías armados con rifles y vestidos con uniformes impecables.

“Yo tenía como cuatro años y en esa época uno era muy respetuoso de la Policía, les teníamos miedo. Me acuerdo de que sonaba un clarín a las 6 de la mañana, al mediodía y otro a las 6 de la tarde”, rememora hoy este herediano a sus 86 años.

Doña Marta Arias conoció la vida en el edificio de boca de  su abuelo, quien fue comandante. También trabajaron ahí su padre y  sus tíos. Albert Marín
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Doña Marta Arias conoció la vida en el edificio de boca de su abuelo, quien fue comandante. También trabajaron ahí su padre y sus tíos. Albert Marín

El niño no tenía idea de que tiempo después, su padre, su madre y él mismo pasarían encerrados entre los fríos muros de aquel edificio construido para albergar la cárcel de Heredia. “A mi papá lo apresaron solo por ir en contra del Gobierno. Estuvo en prisión como 22 días con don Lalo (Uladislao) Gámez y otras personas. A mí mamá la encerraron una tarde y la soltaron”, narró este excombatiente de la Guerra Civil de 1948.

Saber que sus padres estaban presos fue razón suficiente para que el joven se inyectara de valor y decidiera unirse a la Revolución como parte de la Legión Caribe.

Ese inmueble –que se terminó de construir en julio de 1908– es representativo de la arquitectura carcelaria de Costa Rica y ha sido testigo de importantes acontecimientos históricos. Actualmente, aloja a la Comandancia de Heredia; sin embargo, el peso de los años, los azotes del clima y la falta de mantenimiento lo sumieron en un estado de conservación deplorable.

Un proyecto de restauración financiado y desarrollado por el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura invertirá ¢450 millones para devolverle a este inmueble no solo su belleza original sino su funcionalidad, pues será rehabilitado para ser utilizado en su totalidad por la Fuerza Pública de Heredia.

La mirada de don José Joaquín se diluía entre nubes de polvo, tablas viejas, bloques de concreto, láminas de cinc, taladros, mezcladoras, cables, carretillos y escombros que auguran una transformación radical del edificio.

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“Yo también estuve preso aquí por pensión, no me da pena decirlo. Este lugar no me trae buenos recuerdos, pero creo que es muy importante que las nuevas generaciones conozcan los grandes esfuerzos que hicimos por defender la libertad”, aseveró Zúñiga.

Doña Marta Arias Guerrero, de 79 años, también siente alguna cercanía con el edificio pues su abuelo Rafael Arias Córdoba fue comandante. También trabajaron ahí su padre y dos de sus tíos.

“Ellos contaban que este lugar no era como muy bonito”, dice doña Marta, pero algunas anécdotas son más bien jocosas. “En esa época la Policía perseguía a las mujeres ‘alegres’. Dicen que a mi abuelo le pusieron el apodo de Gato Negro porque no se le escapaba ni una”, narró la mujer entre risas. Ella también participó en la Legión Caribe como cocinera y ayudante de tareas varias.

Gigante en pie. Según explicó la arquitecta Verónica Solórzano, este edificio, de influencia estilística neoclásica, conserva cerca de un 50% de su integridad.

“Esto quiere decir que, a pesar de que ha sufrido muchas alteraciones e intervenciones a lo largo de los años y además fue dañado por un incendio ocurrido en el 2004, conserva la mayoría de sus características arquitectónicas originales y es factible rescatarlo”, declaró.

Solórzano destacó que este edificio de ladrillo preserva la técnica constructiva llamada “tizón y soga”, la cual hoy está en desuso. “Consiste en colocar los ladrillos de manera alternada: unos según su lado más largo y otros según si el lado es más corto para formar así una estructura. Era una técnica muy utilizada en la época y además le da al edificio un gran soporte estructural”, explicó la experta.

Una de las estructuras más deterioradas del edificio es el sistema de cubiertas, debido, en gran parte, al incendio. “Están en muy mal estado, presentan herrumbre y hay faltantes de elementos como canoas, bajantes y láminas de hierro galvanizado. La única zona del edificio que conserva la cubierta original es el área de las celdas que se tomó como modelo para reconstruir el resto”, dijo Solórzano.

Las obras se iniciaron en setiembre pasado y según informó el jefe del Departamento de Arquitectura del Centro de Patrimonio Adrián Vindas, la inversión asciende a ¢450 millones.

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