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Vivienda en donde creció el médico Enrique Baltodano Briceño

Histórica casa liberiana recobró su juventud

Actualizado el 12 de octubre de 2016 a las 05:36 pm

Centro de Patrimonio invirtió ¢80 millones en reparaciones

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Histórica casa liberiana recobró su juventud

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La casa representa una importante parte de la cultura liberiana. (Ministerio de Cultura. )

Tras ser declarada Patrimonio Histórico-Arquitectónico, la casa Enrique Baltodano Briceño se remozó y ahora está lista para seguir siendo un ícono de la cultura liberiana.

El inmueble donde nació y creció el doctor Enrique Baltodano Briceño, se ubica al costado suroeste del parque central Mario Cañas en Liberia, y además de ser uno de los lugares más representativos de ese cantón, es la única casa de hacienda que aún existe en esa ciudad, construida con la técnica de bahareque.

"Representa el inicio y la consolidación de la actividad ganadera de la región del Valle del Tempisque, así como el estilo de arquitectura tradicional de los hacendados ganaderos de la provincia de Guanacaste, que surgió en el país a mediados del siglo XIX", indicó el Centro de Patrimonio en un comunicado.

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Dicha vivienda fue construida entre 1851 y 1900 y se ubica dentro de una propiedad de 300 metros cuadrados de los cuales 90 m2 representan el área de la casa.

El arquitecto Óscar Salas, quien estuvo a cargo de los trabajos de restauración añadió que la obra de remozamiento representó una inversión estatal de ¢80 millones, con fondos del Centro de Patrimonio.

Según Salas, la familia Baltodano, que aún posee la casa, planea darle un uso comercial al inmueble.

"Por nuestra parte nos aseguramos que este aporte fortalezca el centro histórico de la ciudad de Liberia", añadió.

Retos. De acuerdo con el arquitecto el principal reto durante la restauración fue trabajar en una edificación de la cual desconocían su proceso constructivo original y las obras posteriores.

"Hasta no estar en el sitio y quitar repellos de paredes, bloques que estaban totalmente dañados, levantar pisos, pudimos planificar el proceso total. Por ejemplo, nos dimos cuenta de que las paredes se amarraban con bejucos, por lo que tuvimos que conseguir bejucos que estuvieran totalmente secos, para sustituir los dañados. Nuestro propósito era que quedara exactamente igual, por lo que se respetó tanto la técnica como el sistema constructivo", detalló Salas.

Entre otros daños que también se corrigieron se encontraban tejas desprendidas, techo colapsado, vigas de amarre quebradas y pisos de madera falseados.

Con el fin de procurar que se mantuviera su diseño y composición original, se buscó un tajo del cual se ha extraído la tierra durante años y se aplicaron pruebas para determinar la proporción de arena, limo y arcilla.

Además, para los pisos se realizó un resane, reparación y sustitución de las piezas. Se hizo un colado de concreto lavado en la transición de los pisos de madera y mosaico, así como para un desnivel existente entre uno de los salones y el corredor interior. Asimismo se le dio acabado final a los pisos de madera.

Otras labores incluyeron la colocación de una canoa en la fachada, cajas de registro, sustitución del sistema eléctrico y remoción de material suelto. También se replicó la baranda de madera en el corredor exterior.

Las puertas y las ventanas se resanaron y pintaron, con colores que se seleccionaron de acuerdo con los vestigios que se encontraron. Todas las columnas también fueron tratadas.

El proceso de restauración se llevó a cabo entre abril y julio de este año, informó el Centro de Patrimonio.

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Patricia Recio

arecio@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección digital de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Escribe sobre temas de sociedad y servicios.

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