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‘No hay secreto, estoy aquí por gracia de Dios’

Actualizado el 05 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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‘No hay secreto, estoy aquí por gracia de Dios’

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Llegar a Bajo Caliente de Montes de Oro de Puntarenas no es fácil. Una vez en Miramar, hay que emprender un viaje de entre 25 y 30 kilómetros, por una calle de lastre y montaña a los lados.

Al llegar, sin embargo, la temperatura alta y la humedad quedan atrás, ante la calidez de un pueblo, con mucho verdor natural, y amabilidad de sus vecinos.

Allí vive Aníbal Carranza desde hace más de 70 años y, según él, saldrá de ahí “solo para ir al cielo”. Allí celebró su llegada a los 100 años.

Una longevidad, con tanta calidad de vida, llama la atención.

Aunque él desconoce las razones, su estilo de vida tiene mucho parecido a lo que se ve en las zonas azules (de alta longevidad): una vida en contacto con la naturaleza, mantenerse en actividad física constante, redes familiares fuertes (entre las que destacan 76 años de matrimonio) y la vivencia de una espiritualidad fuerte.

Dejando a un lado su almuerzo, Carranza conversó, el domingo pasado, con La Nación . A continuación, un extracto:

Don Aníbal, ¿hay secreto, no solo para llegar a los 100 años, sino para hacerlo con la vitalidad con la que usted lo ha hecho?

No hay secreto; estoy aquí por gracia de Dios. Yo nunca creí que fuera a llegar a esta edad; tampoco creí que todavía pudiera montar a caballo y chapear, pero todavía puedo (risas).

”Todo está en el poder de Dios; por más que pienso, yo no hice nada para llegar a esta edad. Si Dios lo quiere a uno aquí, ahí uno nada puede hacer, ni aunque quiera irse (risas)”.

¿El cariño de tanta gente lo ha mantenido bien sano?

Llevo 76 años de casado con Ermilda; nada más sume. ¿Cuántas cosas no ha pasado uno con ella?

”Claro, mamita, el matrimonio es como una lotería; a usted le puede salir un buen premio o puede perderlo todo. A mí es que me tocó un buen premio (ríe).

”Pero es que el problema no es solo la otra persona; también uno. A ver, cuando uno llega a casarse uno no sabe cómo es uno de casado porque nunca se ha casado. ¿Entonces? ¡ es capaz que el mal premio es uno! Por eso, es que uno tiene que trabajar también para hacerse un buen premio. ¿Usted sabe tantos años haciéndole el feo a alguien?

¿Y el resto de su familia?

Tengo una familia grande; eso es bonito. (Tiene 13 hijos biológicos y uno de crianza, 81 nietos, 128 bisnietos y 29 tataranietos).

Hay quienes dicen que el mantenerse siempre activo ayuda mucho a vivir bien, ¿usted cree eso?

No sé; lo que sí es que yo he hecho de todo. Ya no tanto, pero antes sí. Yo sembré cebolla, chapeaba, le ponía yugo a los bueyes, montaba a caballo y si había una fiesta, bailaba hasta que terminaba.

Usted nació en San Ramón y se vino aquí a Miramar recién casado. ¿Por qué el cambio?

Nos vinimos como en 1940, por ahí. Mi papá me dijo a mi y a mi hermano que por aquí había unos terrenos y yo me vine a conocer.

¿Y qué fue lo que le gustó?

Todo. Me gustó tanto que no me he querido ir.

¿Le gustaría cumplir 110 años?

Ahora estoy solo en la casa y es más aburrido que cuando yo trabajaba y hacía cosas ¿Qué hace uno cuando ya no sale de la casa? Sin embargo, ahí el que sabe es Dios. Lo que no quiero es convertirme en una carga.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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