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Sustancia se llama NPGL

Un químico cerebral sería determinante en control de apetito y composición de grasa corporal

Actualizado el 19 de agosto de 2017 a las 05:44 pm

Sobrealimentación sería una de las posibles explicaciones

Estudio se realizó en ratas y deben hacerse pruebas en humanos para medir mejor los alcances

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Un químico cerebral sería determinante en control de apetito y composición de grasa corporal

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Los científicos afirman que aún deben estudiar más este químico cerebral y ver cómo impacta al metabolismo. (Kazuyoshi Ukena)

Una proteína que actúa como neurotransmisor en el cerebro podría ser clave en el control del apetito y la composición de la grasa corporal, y esto podría complicar o facilitar la lucha de una persona por llegar a un peso saludable.

Este químico se llama NPGL y, según los investigadores, sería en parte el culpable de que sintamos más deseos de comer mucha comida grasosa (como tacos, hamburguesas o paquetes de tortillas tostadas) a que sintamos deseos de darnos un atracón con frutas o verduras.

Estas son las conclusiones de un estudio de la Universidad de Hiroshima, en Japón, y de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, publicado en la revista científica eLIFE.

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"Durante la gran mayoría de nuestra historia evolutiva, el cerebro hizo un muy buen trabajo en regular la composición de la grasa corporal, y la grasa se acumulaba para la supervivencia en caso de escasez de alimentos. Desgraciadamente, en nuestros tiempos hay abundancia extrema de comida, y el sobrealimentarse es común; con esto, es más fácil llegar a la obesidad", manifestó a la prensa Kazuyoshi Ukena, coordinador de la investigación.

"Lo malo es que nuestro cerebro sigue con el modo de supervivencia que teníamos cuando debíamos cazar para comer. Vimos la proteína NPGL como un químico cerebral que regula el hambre y la acumulación de grasa en los mamíferos. Esto tiene un gran impacto en el tratamiento de la obesidad", añadió.

El estudio

¿Cómo llegaron a estas conclusiones Ukena y sus colaboradores? El japonés observó el NPGL primero en pollos, y luego decidió observarlo en roedores y humanos. Sus últimas pesquisas fueron en ratas.

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Los científicos primero observaron que esta sustancia estaba en el hipotálamo, zona cerebral que controla el apetito y el metabolismo, por lo que dicho químico podría tener ingerencia en la regulación de la energía del cuerpo.

Con esto en mente, los investigadores llevaron a cabo un experimento y sometieron a las ratas a dos diferentes tipos de dieta durante seis semanas. Una dieta era alta en calorías, azúcares y grasas. La otra solamente contenía lo necesario para sobrevivir. Luego se les inyectó –a ambos grupos– un virus que causó un aumento de producción de las células relacionales con NPGL en el hipotálamo.

En las ratas a las que se les dio la dieta alta en calorías, aumentaron tanto la masa corporal como la composición de tejido adiposo. En este grupo, el consumo de calorías subió aún más, pues las ratas incluso buscaban la comida de sus compañeras. No importaba que estas ratas ya tuvieran más calorías de las que requerían, estas buscaban más.

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En cambio, en el grupo en el que las ratas tenían una dieta más normal, no se vieron ni cambios de comportamiento en su relación con la comida ni cambios en la masa corporal, pero sí tenían mayor tejido adiposo.

Luego, en la segunda parte del estudio, a las ratas con dieta alta en calorías se les dio un anticuerpo que inhibía la síntesis de NPGL. Luego de eso, bajó el tejido grasoso, con lo que se demuestra el rol del NPGL en regular la composición de grasa en el cuerpo.

¿Qué sigue? Los científicos dicen que deben estudiar esto en seres humanos, pero para eso falta aún diseñar un estudio clínico que permita analizar el rol del NPGL sin mayores efectos secundarios para la salud, lo que podría tomar como mínimo un par de años para su desarollo.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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