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Daniel Pizarro Torres, médico pediatra: 'Los pacientes son seres humanos, no números'

Actualizado el 08 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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Daniel Pizarro Torres, médico pediatra: 'Los pacientes son seres humanos, no números'

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(Video) Dr. Pizarro: 'Los pacientes son seres humanos, no números' (Kenneth Barrantes)

Hijo de un maestro de Música, en Santa Cruz de Guanacaste, Daniel Pizarro quería ser físico nuclear. Tenía solo 13 años cuando estalló la bomba sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, y con ella, sus sueños echaron a volar.

La vida lo fue llevando, de beca en beca, a dejar Santa Cruz para graduarse en el Liceo de Costa Rica, a ganar una beca para estudiar Medicina en México y a concursar por otra para ser pediatra, en ese mismo país.

No se hizo físico nuclear, pero sus investigaciones en Pediatría le han dado la vuelta al mundo.

Daniel Pizarro utilizó la solución para rehidratación oral desarrollada por Robert Phillips, Norbert Hirschhorn, David Nalin y Nataniel Pierce, en los años sesenta.

La fórmula de esa solución la envió Pizarro al Laboratorio de Soluciones Parenterales de la CCSS para crear una solución de uso endovenoso, en los ochenta. Esta es la llamada solución 90, que la CCSS bautizará como solución Pizarro.

Esa misma solución, él luego la utilizó con éxito en el tratamiento de casos graves de dengue, pero por la vía endovenosa.

Este domingo 8 de noviembre cumplió 83 años con el regalo de que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) bautizó con su nombre esa sustancia: solución Pizarro.

El currículo de este exjefe de Emergencias del Hospital Nacional de Niños, es extenso.

Fue asesor en rehidratación oral para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y miembro Fundador de la Academia Nacional de Medicina de Costa Rica; también forma parte de la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica; de la New York Academy of Sciences, y de la American Orchid Society.

Sus investigaciones se publicaron en prestigiosas revistas, incluidas Lancet y New England Journal of Medicine .

Este es un resumen de la entrevista, en la casa donde vive hace más de cuatro décadas, en Sabana Sur. Transcurrió entre árboles de frutas sembrados por él y su esposa, Teresita Cerda, con quien lleva casado 53 años.

¿De dónde nació esa vocación de médico?

No tuve vocación de médico.

¡Cómo! Cuéntenos eso.

Me gradué en el Liceo de Costa Rica en 1950. En 1951, no tenía nada qué hacer. Entonces, me empleé como profesor en la Escuela Complementaria de Santa Cruz, y ahí daba Física, Química, Deportes, Historia… En ese tiempo, no había Escuela de Medicina. Mientras organizaba la futura escuela, esos fondos la universidad los usó para 10 becas para médicos. Apareció en el periódico: ‘se convoca a un concurso para 10 becas de Medicina’. Y yo decidí: voy a presentarme. Me presenté al examen con 40 candidatos y estuve entre los 10 favorecidos.

¿Y a México?

Me gradué de la Universidad Nacional Autónoma y por mi tesis sobre Párkinson me dieron mención honorífica.

¿Párkinson?, ¿por qué?

Esa es otra historia. Uno tiene que hacer una tesis para graduarse y me propusieron que estudiara a mujeres de primer embarazo que tuvieran preclampsia. Después de ver a 1.000 embarazadas, solo encontré a una con preeclampsia, un número insuficiente para la tesis. El doctor Velasco me propuso la tesis sobre Párkinson.

¿Cómo llegó a Pediatría?

Igual que a Medicina. Estuve en Santa Cruz tres meses. Sin puesto. Estaba en casa esperando ver qué hacía. En tres meses solo atendí un paciente. ¡Vea la confianza que me tenía la gente!

”Este paciente fue muy satisfactorio y reconfortante. Llegó una muchacha a mi casa para que viera a su abuelo, que estaba grave. Ya las había ‘castigado’, me dijo ella. Allá, una persona cuando va a morir, ‘castiga’ a sus familiares y así quedan perdonadas las culpas de él. ‘Ya nos castigó’, nos dijo. O sea, ya iba a morir.

”Llegué a ver al abuelo, tenía insuficiencia cardíaca. Le apliqué una inyección. Les advertí que iba a orinar mucho toda la noche, y al día siguiente, fui a ver al ‘moribundo’, sentado en la cama, desayunando. ¡Estaba compensado! Un año después, lo vi allá en Villarreal y el señor seguía como si nada. Fue una gran satisfacción, aunque hubiera sido el único paciente en tres meses.

”En vista de mi éxito negativo en Santa Cruz, me fui a puerto Limón a trabajar con la Caja. En eso, llegó una oferta del Hospital Infantil de México que ofrecía dos becas para Costa Rica para Pediatría. Yo veía adultos y niños, pero si ofrecen una beca, ¡vamos a México! Allá estuve tres años y como ve, no era por vocación, sino por oportunidad de estudiar”.

¿Y cómo se vino para el Liceo? De Santa Cruz a San José.

Una beca.

¡Otra beca!

Estudié en el Instituto de Guanacaste, en 1946-1947. En 1948 fue la revolución y había incertidumbre de si el Instituto de Guanacaste seguía abierto. Entonces, me hicieron el favor de trasladarme la beca al Liceo de Costa Rica.

¿Y tenía familia aquí?

No. Vivía en una pensión.

¿Por dónde?

Primero, con la familia Cabalceta, a la par de la casa de Manuel Mora (fundador del Partido Comunista). Y luego en la casa de Nicolás Meza.

Si volviera a empezar, ¿volvería a estudiar lo mismo?

Es lo único que sé.

¿Soñó de chico con algo?

Estando en la escuela, lo que me gustaba era la Física.

La ciencia siempre.

… Y la Física Nuclear, ¡hágame el favor! Porque en eso apareció en el 45 la bomba atómica, y me gustaba esa rama.

¿Qué aconsejaría a los jóvenes médicos?

Con los pacientes, que los vean como seres humanos, no como números. Que traten a sus compañeros como hermanos, sobre todo a las enfermeras. Hay médicos que tratan mal a la enfermera y es la mano derecha de uno.

¿A las autoridades de Salud?

¡Qué difícil! Que traten de llevar a la Caja a los niveles que tenía en los tiempos de don Guido Miranda (ex presidente ejecutivo de la CCSS en los años 80).

¿Se ha perdido mucho?

(Asiente con la cabeza).

¿Hay algún nivel de riesgo?

Hay aparentemente escasez de fondos, y esto no permite que, como en tiempos anteriores, se construyan muchos hospitales y se adquiera mucho equipo. Entre la burocracia y la falta de fondos, el mejoramiento de hospitales y su equipo está muy lento.

¿Le ha gustado su vida?

Sí. Muchas satisfacciones, muchos desencantos, pero más satisfacciones.

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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