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Epicentro de la ciencia

Hasta pronto

Actualizado el 11 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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El 15 de febrero del 2008, sentada en el lobby del hotel Hilton de la ciudad de Boston, Massachusetts, escribí la primera entrega de esta columna.

Me encontraba allí cubriendo para La Nación la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, una de las más importantes reuniones científicas del orbe.

Don Alejandro Urbina, director del diario en aquel momento, me propuso que creara una columna para poderles transmitir a nuestros lectores lo que acontecía en aquel lugar.

Así nació el Epicentro de la ciencia . Llegó al mundo con una esperanza de vida al nacer de tan solo cuatro días –la duración de la conferencia–.

Sin embargo, después de finalizado el encuentro científico, le pregunté a don Alejandro si la podía seguir con una periodicidad semanal. Dijo que sí.

Así, semana a semana, he podido escribir sobre los avances científicos que por algún motivo captan mi atención y decido compartir con ustedes.

Temas de genética, nanotecnología, medicina, tecnología, psicología y hasta arqueología, han tenido cabida en estas líneas, siempre con la meta de contribuir con algo para mejorar su vida o hacerla más interesante.

Tras seis años de vida y más de 250 entregas, hoy le pongo punto final a esta columna en el periódico La Nación .

Lo hago con nostalgia porque ella me ha permitido seguir unida a mi pasión, el periodismo científico, a lo largo de los años, incluso cuando las tareas en este periódico me han llevado por otros caminos.

No obstante, lo hago también con alegría porque la vida me ha dado la oportunidad de regresar a mi pasión.

Tras 15 años de trabajar en La Nación , dejo el periódico para asumir un nuevo reto periodístico fuera de nuestras fronteras y en el campo de la ciencia.

No puedo ponerle punto final a la columna sin agradecerle a usted su lectura a lo largo de los años.

Tampoco puedo hacerlo sin agradecer a este periódico por todas las oportunidades que me ha dado; este ha sido mi hogar y será difícil dejarlo.

Seguimos en contacto. Mi cuenta en Twitter es @debbieponchner; espero poderles seguir nutriendo con información científica desde allí.

Gracias y hasta pronto.

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