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Entrevista

“No es que las naves espaciales sean lentas, todo está muy lejos”

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Le gustaban los aviones desde niño; no pudo ser piloto ‘por la vista’ y se dedicó a problemas de energía en el MIT. Pero luego se pasó al espacio y empezó a colaborar con la NASA (aún sigue allí). Es un gran experto mundial en propulsión avanzada.

Manuel Martínez Ingeniero aeronáutico

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Manuel Martínez Sánchez terminó la carrera de ingeniero aeronáutico (número uno de su promoción) en Madrid, en 1967. Al año siguiente estaba en Estados Unidos, en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), con una beca de la institución precursora de la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Quería ver mundo, recuerda. Allí hizo el doctorado, luego fue profesor... pensó volver a España, pero fue posponiendo el regreso; formó su grupo de trabajo, montó el Laboratorio de Propulsión Espacial del MIT y allí sigue, aunque siempre manteniendo estrecha colaboración con su Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de Madrid.

Hoy, a los 71 años, fue investido doctor honoris causa por su Universidad Politécnica de Madrid.

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¿Los vehículos espaciales no son muy lentos, dadas las distancias? Las dos naves Voyager tardaron 35 años en llegar a la frontera del Sistema Solar.

El problema no es la nave, que va muy rápido, es que las distancias son enormes. Las Voyager van a 10 o 12 kilómetros por segundo y eso no es ir lento. Pero si uno piensa en ir a la estrella más cercana es imposible: la luz de esa estrella tarda cuatro años en llegar a la Tierra. Estamos completamente aislados y viajar a otra parte es muy difícil.

Las ambiciones van más allá de lo que permite la tecnología.

Exacto. Por ahora debemos conformarnos con intentar detectar, si nos llegan, mensajes de otros sitios, o buscar planetas en torno a otras estrellas, pero habitarlos no, eso es para el futuro.

Salimos al espacio con el mismo método de hace medio siglo, con cohetes convencionales.

Sí. En esto no ha habido mucho cambio y ahora estamos al límite de lo que se puede hacer con la energía química de los cohetes. Pero hay que diferenciar entre la propulsión en el lanzamiento y la de viaje en el espacio. El 90% de la masa en el lanzamiento de un cohete es combustible, que usa unas ciertas moléculas, por ejemplo hidrógeno y oxígeno, que liberan una cantidad grande de energía cuando se queman. Y más allá de esa energía no puedes ir.

¿No hay alternativa?

Se ha pensado en otras maneras de lanzar al espacio, como propulsión atómica, que EE. UU. y Rusia intentaron en la década de 1970 y 1980. Pero es una barbaridad. Eran reactores de una potencia enorme, como una central nuclear concentrada en un cacharro de tres o cuatro metros cúbicos y lanzando al aire un chorro de gas acelerado lleno de contaminantes radiactivos. En EE. UU. lo ensayaban en Iowa (no creo que quedase ni una vaca viva por allí). Desde el punto de vista de ingeniería es una opción, pero no lo va a hacer nadie, es una burrada.

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Cuando se envían naves con pequeños generadores de radioisótopos a Marte (Curiosity) o a Saturno (sonda Cassini) las medidas de seguridad se multiplican.

Sí, por si falla algo en el lanzamiento. Usar energía nuclear para el despegue queda descartado. Otra cosa es después, una vez en órbita. Puedes lanzar la nave con el reactor desactivado y luego activarlo a cierta distancia, cuando no tiene posibilidad de volver y caer en la Tierra. Sería una opción para Marte.

¿Y la propulsión una vez que la nave ya esta en órbita?

Allí sí tenemos alternativas buenas. Puede ser nuclear o solar de distintos tipos. Se trata de tomar energía eléctrica para acelerar cosas con ella y hay varias opciones: motores iónicos, magnéticos, de tipo Hall, son motores de plasma.

¿Cómo funcionan?

El plasma es un gas ionizado, es decir, que los átomos se han roto en iones cargados positivamente y electrones cargados negativamente. Con una disposición de electrodos y de imanes se pueden tomar los iones y acelerarlos, los dejas escapar, y ese escape de los iones empuja la nave espacial. Puedes alcanzar velocidades muy altas, más de 40 kilómetros por segundo, mientras que con un motor químico logras unos cinco kilómetros por segundo. La primera nave de la NASA con motor iónico fue la Deep Space 1. También la Smart, de la ESA, ha ido a la Luna con un motor iónico. En satélites comerciales se usa la propulsión iónica para mantenerlos en posición correcta en órbita.

¿Para un viaje a Marte tripulado, qué propulsión se utilizaría?

Se está debatiendo porque como no es muy urgente –no hay dinero para hacerlo–, pues hay tiempo. Hay quien propone que se haga como el programa Apolo de la Luna, con propulsión química. Eso sabemos hacerlo. Lo que pasa es que para ir a Marte, para llevar a tres o cuatro personas, necesitas tanto combustible para ir, descender y regresar que te sale un monstruo de miles de toneladas.

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