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Escritor español Juan José Benítez

‘El Infierno no existe; es un invento del siglo IV’

Actualizado el 27 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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‘El Infierno no existe; es un invento del siglo IV’

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RAFAEL MURILLO

Se llama Juan José Benítez y es un periodista y escritor español a quien se le conoce y cuestiona duramente por la saga Caballo de Troya , nueve textos que narran la vida de Jesús de Nazaret según el relato de un viajero del tiempo procedente del siglo XX.

Benítez asegura que, a causa de esta obra, ha sido perseguido por todas las iglesias y por científicos de múltiples disciplinas. Sobre las primeras, asegura que es por atentar contra las creencias y estructuras de poder propias de las organizaciones religiosas, y sobre la ciencia, porque –según él– “son incapaces de darle a la palabra humana el valor de la evidencia”.

El escritor estará hoy en Multiplaza Curridabat a partir de las 3 p. m. , y luego a las 7 p. m. en la Feria Internacional del Libro. Allí presentará su nueva obra, acto al que invita por igual a críticos y a curiosos.

¿Qué lo trae por Costa Rica?

La primera vez que vine a Costa Rica fue en 1985 y he vuelto unas cinco o seis veces. Siempre han sido viajes de investigación, básicamente del fenómeno ovni (objetos voladores no identificados), sobre lo que también he escrito. Esta es la primera vez que vengo a presentar un libro. Se titula Estoy bien y se publicó en marzo pasado.

”Es una investigación periodística de 46 años, que me llevó a recorrer el mundo. Contiene 170 casos que yo he estudiado de personas que han visto o han interactuado con familiares o amigos muertos”.

¿Cómo encontró esos casos?

Es muy curioso, porque yo no sabía quiénes habían tenido esas experiencias, pero siempre había alguien que me lo contaba. La gente me decía: ‘Fíjese que yo conozco a fulanita, que ve a su abuela muerta’. Entonces, yo me iba donde fulanita y la entrevistaba una vez y tomaba nota. Tras un tiempo, volvía a entrevistarla para ver si era capaz de sostener la historia; con las incongruencias, uno detecta mentiras o inventos. Empecé a reunir material periodístico, historias de diversas latitudes, y me di cuenta de que era –o, más bien, es– un fenómeno real.

¿Hay historias de Costa Rica en el libro?

No lo recuerdo ahora mismo. En total, estudié unos 1.000 casos. Al final, la editorial me pidió que resumiera a 100, pero logré incluir 170 en este libro. Podría ser que alguno de los casos sea de Costa Rica.

¿Varían las versiones según la cultura o la escolaridad de cada entrevistado?

Son iguales. Para mí, llama la atención que ningún entrevistado habla de religión al contar su caso. Todos coinciden en que sus muertos les dicen que están bien. Es lo primero que les dicen: ‘No te asustes, estoy muy bien’. Según lo que se cuenta, ellos son más jóvenes, son más altos y son físicos; es decir, tienen un cuerpo y son absolutamente felices. Entre esos muertos, hay ateos, gente religiosa, científicos, curas, ingenieros, agricultores y monjas. Y entre quienes me compartieron sus historias, hay frailes y ateos que siguen siendo absolutamente ateos.

¿Cuál es su propósito al hacer y compartir este libro?

Al final del texto, hay unos comentarios inevitables deducidos de lo que me cuentan. Para mí, la esencia del texto y de las historias que me contaron es que, después de la muerte, hay vida y que es vida física; que nosotros no tenemos la tecnología para llegar ahí todavía porque están en dimensiones que no podemos entender.

”En resumen, la muerte no tiene nada que ver con lo que te cuentan las religiones. No es como te lo han pintado. El Infierno no existe; es un invento del siglo IV. Tampoco el limbo, ni el purgatorio. Esos son inventos humanos.

”Lo que existe es un estado o un lugar que no sabemos cómo es. Se habla de una dimensión diferente que, matemáticamente, los científicos saben que las hay”.

¿Cuáles han sido las principales reacciones y críticas a su trabajo?

A raíz de la publicación del libro, me han llegado muchos mensajes de personas contándome nuevos casos. Sobre las críticas, yo ya no me defiendo. Cuando era joven, me molestaba mucho porque las críticas a mis textos venían de los sectores más conservadores de la Iglesia o de la ciencia. Entonces trataba de pelear y demostrarles que esto de lo que escribía era real, un fenómeno cierto, pero no me escuchaban. Todavía no me escuchan, porque lo que digo va contra su negocio.

”Es decir, a lo largo de la historia, las religiones han asustado al pueblo con el Infierno y se han apropiado de tu voluntad y... no es así. Y, entonces, cuando viene alguien con un libro que dice: ‘Oiga, no es así’, pues claro que no les hace gracia (...). Por ejemplo, me impactó mucho el obispo de Monterrey, México, que subió al púlpito y me llamó Satanás y un par de obispos más en España que consideraron que Caballo de Troya era hereje.

”En esa época, me preocupaba y me decía: ‘¿Cómo puedo yo ser Satanás si defiendo la divinidad de Jesús de Nazaret?’, pero ya me acostumbré a las críticas”.

¿Y las críticas desde la ciencia?

En la ciencia, hay tantos analfabetos como en el resto del mundo. Allí hay mucha gente valiosa, pero en general, la ciencia lo que busca es currículo y publicar, cuando debería tratarse de descubrir.

”En el fenómeno de los ovnis, por ejemplo, la ciencia no investiga. Y es que este fenómeno es muy escurridizo y no se puede llevar al laboratorio porque no se deja, pero eso no significa que sea falso.

”La palabra de las personas es más importante que la ciencia. Si un campesino o un ingeniero me dicen que ha visto esto, y yo sé que esa persona no está loca, pues yo le creo. Para mí, es más importante su testimonio y su palabra que el método científico.

”Me parece que a la ciencia le falta ser un poco más humilde. Yo a mi abuela no le pude explicar un teléfono móvil porque no lo entendía, pero existen. Entonces, cuando la ciencia dice: ‘No pueden venir los ovnis porque la estrella más cercana está muy lejos’, me dan ganas de decirles: ‘Oigan, quizá hay otras formas de viajar de las que no tenemos ni idea’”.

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