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La exposición ‘Megafauna’ ofrece un viaje a la época geológica del Pleistoceno

Cinco gigantes de la era del hielo visitan el Museo Nacional

Actualizado el 14 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Exhibición muestra fósiles de animales que pesaban más de una tonelada

Estos mamíferos y herbívoros se movían en un hábitat seco y más frío que el actual

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Cinco gigantes de la era del hielo visitan el Museo Nacional

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Kristel Cordero visitó la exposición “Megafauna” en el Museo Nacional, la cual reun fósiles de 5 animales gigantes que habitaron en territorio costarricense durante la “Era del Hielo” | GRACIELA SOLÍS.

Durante la llamada era del hielo que empezó hace 2,58 millones de años, Costa Rica tenía bosques reducidos y extensas sabanas y pastizales por las que corrían animales de más de una tonelada de peso.

Perezosos de cinco metros de altura, armadillos gigantes y mastodontes, son algunos de los mamíferos que convivían en el territorio que hoy es Costa Rica en esa época conocida geológicamente como Pleistoceno.

De aquellos gigantescos animales se preservan algunos restos gracias al proceso de fosilización, y el Museo Nacional resguarda varios en su colección.

La exposición Megafauna reúne los fósiles originales de cinco animales gigantes que vivieron en Costa Rica durante la era del hielo. Además, presenta ilustraciones de tamaño real para mostrar las características y las dimensiones de aquellas especies.

A lo grande. El eremoterio (perezoso gigante), el milodonte (otro tipo de perezoso), el gliptodonte (armadillo enorme), el mastodonte y el toxodonte (similar a un rinoceronte) son esos “cinco grandes”.

Todos estos animales eran mamíferos y herbívoros y se movían en un hábitat árido y frío.

“Se le llama la era del hielo porque había glaciaciones y se estima que la temperatura era unos seis grados menor que la actual. No era que el territorio estaba congelado, pero sí había hielo en las cimas de las montañas más altas, como la cordillera de Talamanca”, explicó la geóloga Ana Lucía Valerio.

Estas especies vivían en manadas y se movían a sus anchas en amplias sabanas. Se alimentaban de pasto y de hojas.

Gracias al análisis de restos óseos (fémures, talones, etc.) y dentales (mandíbulas, molares), los paleontólogos identificaron con exactitud cada una de estas especies. “Se llama megafauna a todos aquellos animales de más de una tonelada de peso. Su gran tamaño se explica por las necesidades de adaptación”, detalló Valerio, curadora de la muestra.

Lo que pasó es que Costa Rica, como parte del istmo de Panamá, fue un punto de encuentro entre las especies que migraron de Norteamérica a Suramérica, y viceversa. “Durante 65 millones de años, América del Norte y América del Sur estuvieron separadas, por lo que cada región tenía su fauna distintiva. Hace 2,7 millones de años se produjeron ciertos eventos geológicos que dieron como resultado la formación del istmo de Panamá. Este funcionó como un puente terrestre para las especies que se movilizaban desde el norte hacia al sur y desde el sur al norte”, agregó la geóloga.

Ese episodio biológico, conocido como Gran Intercambio Biótico Americano, significó variaciones en las características físicas de las especies para asegurar su supervivencia.

Los fósiles  resto  de organismos que vivieron en épocas antiguas que se preservan en la corteza terrestre. | GRACIELA SÓLÍS.
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Los fósiles resto de organismos que vivieron en épocas antiguas que se preservan en la corteza terrestre. | GRACIELA SÓLÍS.

“Por ejemplo, los herbívoros originarios de América del Sur desarrollaron un gran tamaño y unas estructuras de defensa (similares a colmillos) para protegerse de predadores provenientes de América del Norte, como los tigres dientes de sable”.

De los cinco animales que se exhiben, solo el mastodonte proviene de América del Norte; los otros cuatro son del sur.

También se presenta una reconstrucción del esqueleto de un mastodonte juvenil a partir de varios huesos fosilizados de las colecciones del Museo Nacional y la Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica.

“La megafauna no estaba sola. Los animales grandes compartían el hábitat con otras especies más pequeñas. Por esa razón, también se exhiben fósiles de monos, ratones, coyotes, caballos, peces y plantas”, detalló Valerio.

A finales del Pleistoceno se produjo una extinción masiva que llevó a la desaparición de estos gigantes. Las posibles causas de ese fenómeno se atribuyen al cambio climático, a enfermedades y a la llegada de grupos humanos cazadores.

La exposición estará abierta al público de martes a sábado, de 8:30 a. m. a 4:30 p. m., y los domingos de 9 a. m. a 4:30 p. m.

Los cinco gigantes

Toxodonte. Los toxodontes alcanzaban el tamaño de un rinoceronte moderno y probablemente tenían hábitos similares, aunque no estaban emparentados.

Podían pesar unas cuatro toneladas, alcanzaban los cuatro metros de largo y dos metros de altura a los hombros. Se conservan fósiles de dientes molares y un hueso de la pata trasera. Fueron hallados en 1934 en un área de San Ramón de Alajuela.

Eremoterio. Cuando se apoyaban en sus patas traseras, estos perezosos gigantes podían medir hasta cinco metros de altura. La ilustración de la exposición solo tiene tres metros, pues debido a sus dimensiones, no cabía en la sala. Estos animales estaban cubiertos de un espeso pelaje, tenían patas traseras cortas y robustas con pies grandes. Sus extremidades superiores eran más desarrolladas y tenían tres dedos en cada mano. En dos de esos dedos tenían garras. Se alimentaban de hojas de árboles.

Mastodonte. Estos animales se asemejan a los elefantes actuales, pero su cuerpo era más robusto y alargado, patas cortas y defensas en forma de espiral. Las defensas, erróneamente llamadas “colmillos”, son dientes incisivos. Su nombre proviene de la forma de sus molares con cúspides cónicas, que le permitían alimentarse de hojas y ramas. Medían 2,7 metros de altura hasta el hombro y pesaban cerca de cinco toneladas.

Gliptodonte. Los gliptodontes tenían un caparazón que servía de “armadura” para protegerse de los depredadores. Estaba compuesto de cientos de placas de contorno hexagonal, con un diseño central en forma de roseta. Se alimentaban de pastos y arbustos, pesaban cerca de una tonelada y medían unos 2,7 metros de largo y 1,3 metros en la parte más alta del caparazón. El Pachyarmatherium, emparentado con el gliptodonte, se parece al armadillo actual

Milodonte. Esta es una especie de perezoso un poco más pequeño que el eremoterio. Medía unos tres metros en posición erguida y pesaba alrededor de una tonelada. Tenía una particularidad en su piel: era muy resistente, con pequeñas placas óseas que le servían de protección contra los depredadores.

Se alimentaba de pastos y posiblemente de hojas y brotes. De este ejemplar se conservan dos placas óseas y un hueso de la pata delantera derecha.

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