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El primero se publicó en el diario NEW YORK WORLD en 1913

El crucigrama cumplió 100 años

Actualizado el 22 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Su inventor, Arthur Wynne, nunca patentó la idea y no previó su gran éxito

El juego de palabras promueve interés en la actualidad y la cultura

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El crucigrama cumplió 100 años

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Nueva York EFE Galimatías indescifrable para unos, fascinante reto mental para otros o entretenimiento intrascendente para algunos, el crucigrama cumplió 100 años como un juego de palabras universal que requiere de dominio del lenguaje, agudeza mental y conocimiento de la actualidad.

Un domingo 21 de diciembre de 1913, el diario New York World publicó el primer crucigrama, llamado entonces rompecabezas de palabras cruzadas, obra del periodista Arthur Wynne.

Con forma de diamante, tenía 31 definiciones, una palabra ya escrita: Fun (diversión) y esta instrucción: “llene los pequeños cuadrados con palabras que se adecuen a las siguientes definiciones”.

El juego fue un éxito inmediato y comenzó a aparecer de forma habitual en la sección de pasatiempos de la edición dominical del diario.

Otras publicaciones copiaron la idea y en pocos años, los crucigramas hicieron furor, generando con el tiempo todo tipo de variantes y modalidades.

En 1924, Richard Simon y Lincoln Schuster editaron el primer cuaderno exclusivo con crucigramas, después de que la tía del primero, muy aficionada al juego, preguntase si no existía uno que pudiera regalar a una amiga.

Viendo que había un nicho de mercado, Simon y su amigo se lanzaron a la aventura editorial, y su éxito fue tan grande que la pequeña compañía que crearon acabó convirtiéndose en el gigante de la edición de libros Simon & Schuster.

Posiblemente los crucigramas más famosos del mundo sean los de The New York Times (NYT) y el responsable de la sección, Will Shortz, es una figura reverenciada entre los millones de fieles aficionados de Estados Unidos, donde incluso se organizan torneos.

El NYT organiza sus crucigramas durante la semana con dificultad creciente: los lunes son más fáciles, y a partir de ahí la cosa se complica progresivamente hasta los muy complicados del viernes y el sábado, mientras que el del domingo es bastante mayor pero de complejidad media.

Según los expertos, una de las claves para lograr un buen crucigrama es, aparte de que las palabras encajen entre sí, elaborar buenas definiciones, que tengan el nivel adecuado de dificultad y añadan un poco de humor o algún giro que mueva a las neuronas.

¿Y qué deben tener quienes los resuelven? Además de un buen conocimiento del lenguaje, un interés en la actualidad y buenos referentes culturales.

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Daniel Feyer, quien hace unos 20 crucigramas al día, es el actual campeón del Torneo Americano de Crucigramas en EE. UU. Su afición lo llevó a tener más de 100.000 crucigramas en su computadora.  | CORTESÍA DE JOSH HANER/NYT
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Daniel Feyer, quien hace unos 20 crucigramas al día, es el actual campeón del Torneo Americano de Crucigramas en EE. UU. Su afición lo llevó a tener más de 100.000 crucigramas en su computadora. | CORTESÍA DE JOSH HANER/NYT

El campeón del torneo más importante de Estados Unidos es Daniel Feyer, vencedor de las últimas cuatro ediciones y una auténtica figura entre los aficionados.

Feyer realizó hace un par de semanas una demostración en la propia sede del NYT, en la que resolvió uno de los crucigramas más complejos en 5 minutos y 29 segundos.

En días normales, este campeón se entrena resolviendo 10 crucigramas sencillos en 10 minutos.

Para ser un campeón hace falta, según Feyer, tener una mente capaz de reconocer las palabras antes de leer la definición, solo con ver unas pocas letras, algo que, según él, hace que músicos, expertos en computación o matemáticos ganen con frecuencia los torneos.

El crucigrama ha recorrido mucho camino en sus primeros 100 años, pero su inventor no logró beneficiarse de su idea.

Según explicó su hija Catherine Wynne, el inventor consultó a su jefe si, viendo el éxito inicial, merecía la pena patentarlo. El editor respondió que se trataba de “una moda pasajera” y recomendó a Wynne que no se gastara el dinero en la patente, según recuerda su hija, por lo que “nunca vio un centavo”.

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