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Tensiones en Ucrania podrían complicar colaboración espacial de Rusia y EE.UU.

Actualizado el 22 de marzo de 2014 a las 05:30 pm

Los rusos entonces también necesitan de los estadounidenses pero capaz que no tanto como Estados Unidos precisa de Rusia

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Tensiones en Ucrania podrían complicar colaboración espacial de Rusia y EE.UU.

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La Tierra vista desde la cúpula de la Estación Espacial Internacional. (Nasa/AFP)

Washington

Las tensiones en Ucrania podrían complicar la colaboración entre Rusia y Estados Unidos en el espacio pero la Nasa y su homólogo ruso están condenados a entenderse, ya que en estos últimos años las dos agencias espaciales tejieron lazos de mutua dependencia.

La Nasa, cuyos astronautas dependen exclusivamente de las naves rusas Soyuz para enviar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS), se muestra tranquila.

"No esperamos que la situación actual entre rusos y ucranianos tenga un impacto en nuestra larga cooperación con Rusia en lo espacial civil", afirma un portavoz Allard Beutel.

Sin embargo, todo dependerá de las reacciones del presidente ruso, Vladimir Putin, frente a las sanciones estadounidenses porque tiene la capacidad de detener el transporte de astronautas estadounidenses a la ISS.

En opinión de John Logsdon, miembro del consejo consultivo de la Nasa, el riesgo de que esto suceda es de 20% o 25%.

Si pasara, sería "una catástrofe" porque considera que sería muy difícil seguir haciendo que la estación funcione, agrega. 

“Las relaciones espaciales ruso-estadounidenses se parecen a las de una pareja divorciada tratando de vivir bajo el mismo techo", dicen analistas

Hasta ahora los vínculos comerciales, militares y en materia de control de armas nucleares mantienen a los dos países juntos, destaca Howard McCurdy, un experto del espacio en la American University en Washington.

La agencia espacial rusa Roscomos le cobra a la Nasa $70,7 millones por cada pasaje a la ISS, lo que incluye el entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas, cerca de Moscú. Además, Washington financia $3.000 millones de los $4.000 millones por año que cuesta el funcionamiento de la estación.

“Las relaciones espaciales ruso-estadounidenses se parecen a las de una pareja divorciada tratando de vivir bajo el mismo techo. Es difícil, pero posible", resume.

Allard Beutel, de la Nasa, recuerda que este año la agencia espacial va a seleccionar empresas estadounidenses para transportar a sus astronautas a la ISS a partir de 2017. SpaceX, Boeing y Sierra Nevada son algunas de las opciones.

"Mientras tanto, la Nasa y Roscosmos continuarán juntos para mantener el funcionamiento de la estación espacial ocupada por astronautas sin discontinuidad desde hace 13 años", añade Beutel.

"Hay una interdependencia entre Estados Unidos y Rusia" para el funcionamiento de la Estación Espacial, dice John Logsdon. "No creo que la estación pueda funcionar bien sin el centro de control estadounidense en Texas. Los rusos entonces también necesitan de los estadounidenses pero capaz que no tanto como Estados Unidos precisa de Rusia", explica.

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Una señal. Para él, esta situación debería ser una “señal de alarma" para el Congreso estadounidense que en estos últimos años redujo 25% el presupuesto de la Nasa para financiar la asociación con el sector privado con el fin de desarrollar naves de transporte para la ISS antes de los próximos tres años. La Nasa solicitó $848 millones para 2014.

"Desarrollar rápidamente una nave espacial estadounidense capaz de transportar astronautas a la ISS es crucial para poner fin a la dependencia de la Nasa con Rusia", insiste Spaceflight, la federación estadounidense que agrupa los vuelos privados espaciales.

El Pentágono examina las potenciales consecuencias de la crisis ucraniana en el aprovisionamiento de los motores de fabricación rusa RD-180 utilizados por el lanzador estadounidense Atlas V para poner en órbita satélites militares.

"No estamos enterados del impacto de las sanciones anunciadas por la administración sobre las compras limitadas del departamento de Defensa a empresas rusas", concluye un responsable del Pentágono bajo condición de anonimato.

"No es inminente una decisión importante al respecto y Estados Unidos dispone de dos años de stock para esos motores", agrega otro.

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